Kesean subió al auto del agente Lennon y lo primero que notó fue un par de biberones, dos sillas para bebé en la parte trasera y unos cuantos juguetes regados.
—Disculpa el desorden — habló el agente Lennon lanzando hacia atrás un paquete de toallitas húmedas de bebé —, hoy tuve un problema con mi auto y tuve que tomar el de mi esposa.
—Está bien, no se preocupe — tranquilizó él sujetando el bolso sobre sus piernas.
—Tengo un par de gemelos y te puedo decir que este auto desordenado es una representación gráfica de cómo es nuestra vida ahora — explicó encendiendo el motor.
Sonaba como si se estuviese quejando, pero tenía una sonrisa en su rostro y un tono animado que solo mostraba lo feliz que era.
Necesitaba contagiarse un poco de ese ánimo, porque él estaba sintiendo como si entrase a arenas movedizas, sentía como que estaba punto de ahogarse por lo que sus emociones eran capaz de consumirlo y quería retardarlo lo más posible.
—¿Cuántos años tienen? — preguntó intentando hacer que se mantuviera hablando de otra cosa que no fuese su hermana.
—Tienen dos años — contestó mientras arrancaba el auto —, son realmente un caso que dudo resolver algún día, pero que seré feliz averiguando cómo hacerlo el resto de mis días — continuó emocionado —. ¡Tienen unas ocurrencias! Ah, sinceramente es un arte verlos día a día, y juntos hacen un equipo impresionante para los desastres y los inventos, y eso que apenas están aprendiendo a hablar, ¿cómo podré lidiar con ellos cuando crezcan?
—Supongo que lo resolverán con el tiempo — dijo y miró a través de la ventana —, un día se pelearan y odiarán entre ellos, al otro serán los mejores cómplices, otro quizás ni se hablen, pero lo darían todo el uno por el otro.
Quiso golpearse a sí mismo en cuanto se dio cuenta de lo que había hecho, se había proyectado.
—Espero que sí. Espero que se amen profundamente con ese gran amor fraternal, confío en que serán grandes compañeros el resto de sus vidas. Quiero que se apoyen como lo hacen ahora sin importar qué.
Kesean sintió sus ojos cristalizarse y su garganta arder por un nudo que comenzaba a crecer.
Un hermano es un regalo para no estar solo.
Podrían discutir y molestarse mutuamente, pero un hermano es un refugio.
Refugio de los malos momentos, refugio de la soledad, refugio de los momentos incómodos, refugio de las confusiones y de las complicaciones.
Tener un hermano es tener un cómplice.
Cómplice para ir a la cocina a las dos de la mañana a comer algo y cómplice para convencer a sus padres para salir con sus amigos, cómplice para enfrentar las circunstancias de la vida.
Y su hermana no solo era su cómplice y su refugio, era su ejemplo, su apoyo.
Cuando fue niño y al final del año sus notas no fueron las esperadas por sus padres y le regañaron y se sintió tan mal que lloró, su hermana le abrazó y consoló diciéndole que no tenía que sufrir por las notas, que era inteligente y hábil, que estudiar era solo un requisito, pero que no lo definía, y que podía pensar que era el final, pero no lo era. Solo tenía que encontrar aquello en lo que era bueno o aquello que le gustara mucho y perseguirlo, y para muchas carreras necesitaría estudiar un poco más al siguiente año, pero que lo lograría y que no debía llorar por ello.
Sus palabras sí lo consolaron.
Tener a alguien a quien acudir, alguien que siempre estaría de su lado era invaluable.
Su hermana siempre estaba de su lado sin importar qué.
Su hermana era invaluable.
Ella no le habría dejado solo apropósito.
—¿Cómo se llaman? — preguntó Kesean intentando dejar los pensamientos a un lado, logrando que su voz sonase neutra y no demostrase los sentimientos que lo carcomían.
—¿Los gemelos?
—Sí.
—Donelle y Azarías.
Eran un niño y una niña.
Por un instante se sintió celoso de ellos.
Estaban iniciando sus vidas, no tenían preocupaciones y sobre todo… estaban juntos.
—Kers, en este punto, tanto por lo que has vivido, como aquello que se te debe haber enseñado en clase — explicó él con un tono un poco más serio —, que la vida no puede ser definida en un color, no es blanco, ni n***o, ni mucho menos rosa, es complicada y tiene sus enredos.
—¿Por qué me dice eso?
Él sonrió de medio lado y continuó con su mirada fija en el camino mientras explicaba:
—Porque a pesar de tu rostro inexpresivo, puedo notar tu duda y tu crisis.
Kesean se mantuvo en silencio escuchando las palabras del agente Lennon, se mantuvo atento porque estaba tan susceptible que estaba a la expectativa, esperando algo que le ayudase a entender.
—¿Por qué lo haría? ¿Por qué fingir su muerte? ¿Por qué unirse a una organización retorcida? Ella no es mala — preguntó el agente Lennon tocando todas las incógnitas de Kesean —. Y puede que no lo sea, Kers, pero la vida es mucho más complicada que solo definir las cosas en buenas y malas. Nunca terminas de conocer a alguien y aunque puedas comprender su forma de sentir, lo cierto es que nunca podrás determinar el impacto que tendrá en su vida algo que le acontezca.
—¿Entonces qué? — intentó entender —¿Mi hermana fue afectada por la sociedad y decidió que quería vengarse?
Él negó con la cabeza como si estuviese lleno de paciencia.
—No hay manera de que podamos saberlo —declaró —, tenemos que investigarlo, y más que investigarlo, tenemos que encontrarla.
Sintió como si por su garganta corriese vinagre, un sabor amargo le llenó la boca.
—Suponiendo que esté viva.
—No hay que suponerlo, Kers. Ya lo sabemos, es un hecho, debes procesarlo y aceptarlo— declaró el agente Lennon, luego le miró con determinación —. Tu hermana está viva y vamos a encontrarla.
Su corazón latió con fuerza dentro de su pecho, sintió que su piel se erizó y un escalofrío le recorrió la espalda.
—No debería hacer declaraciones como esas, usted es un agente profesional que debería saber que antes de determinar algo necesita pruebas.
El agente Lennon asintió.
—Las pruebas que tengo ya son suficientes, solo necesitamos encontrar algo irrefutable, pero incluso tú lo sabes.
—¿Saberlo?
—Sí, Kers — volvió a darle una mirada —. Eras muy unido a ella, ¿no es así?
—Algo.
—Entonces solo piénsalo — pidió el agente Lennon —, busca en tu interior, es tu hermana, hay en ti una parte de ella.
Kesean se quedó en silencio y muy quieto escuchándole.
—¿Tu hermana está viva?
Y su ser le respondió.
Lo sabía.
Sin embargo, se negó a aceptarlo.
Kers miró el camino y entonces señaló.
—Aquí — dijo indicando —, vivo aquí, puede detenerse.