4. Capítulo

1018 Palabras
La mujer se puso roja de la molestia, no podía creer que estuviera haciendo eso. Realmente si estaba embarazada. Ella misma no estaba feliz con la noticia de que estaba esperando un hijo pero tampoco había cruzado por su cabeza quitarle la vida a un ser que ni siquiera tenía la culpa de nada o de sus acciones. Sin embargo, después de pensarlo un poco en su habitación, creía que podría sacar algo bueno de todo eso, tenía que tomar la decisión de seguir adelante con el proceso de su embarazo y traer a ese bebé al mundo, de alguna manera era como si a través de ese pequeño podría lograr que Giulio regresara a su vida. Ella realmente estaba enamorada de ese hombre, a pesar de todo lo que ocurrió admitía que de pronto la relación se había convertido en un lugar en donde las disputas eran el pan de cada día, pero ella estaba dispuesta a mejorar y a ser una mejor persona con tal de recuperar al amor de su vida. Pero nada era tan fácil cuando la otra persona no quería absolutamente nada. —¿Es que no entiendes lo que estoy diciendo en este momento? Quiero que salgas inmediatamente de mi oficina, que me dejes solo, está siendo un día ajetreado y ahora con toda esta mierda que vienes a decirme, lo empeoras —expresó con mucho veneno y Ana lo asesinó con la mirada, mientras se ponía en pies, no sin antes echarle una mirada fulminante. —Te vas a arrepentir. —Vale, y supongo que estás diciendo eso en amenaza, porque irás ahora mismo con la prensa y le vas a contar un montón de cosas que no son ciertas sobre mí, solo por porque no quiero ser parte de todo ese plan interesado de tu parte. Admítelo, solo quieres mi dinero —le soltó sin una pizca de filtro y ella abrió los ojos de par en par haciéndose la sorprendida y también la víctima, porque en el fondo de su ser era eso lo que quería lograr, obtener una posición en donde obtendría beneficios si se daba la oportunidad de darle un heredero a el italiano, que fuera tan franco le enfadó. La verdad siempre dolía, sin importar qué. —Eres un idiota. Te odio con todo mi ser y por esa actitud tan patética que tienes nunca vas formar jamás una familia y vas a pasar el resto de tu vida solo. —¿Estás decretando mi futuro? Porque es justo eso lo que quiero, estar solo, siempre me ha ido mejor así —soltó y ella se marchó echando fuego, realmente estaba muy enfadada, pero eso al italiano no le importa un bledo, solo quería estar a solas y poner en orden las ideas en su cabeza, así con esa noticia todo era más difícil y complicado. De pronto se levantó de su silla y con una fuerza inexplicable y brutalidad, tomó el primer objeto que había en sus escritorio y lo aventó sobre el suelo hasta que este se destrozó ante el impacto y debido al ruido Dae se puso nerviosa, pudo ver como su secretaría se alarmaba y lo miraba a través de las paredes cristalizadas. Después de eso, se puso en contacto con su abogado para ponerlo al tanto de todo lo que estaba pasando respecto a su exnovia, puesto que ella era capaz de cualquier cosa ahí, no era nada alocado que fuera a darle una información errónea a la prensa sobre su persona, cosa que podría afectar su imagen y como no quería eso, lo mejor era ser precavido antes de que algo así pasara. —¿Sí? Salek, hace poco vino Ana a mi oficina para decirme que está embarazada, pero todo esto podría también ser una artimaña, incluso ese bebé no ser mío. En todo caso no quiero que se le ocurra ir con la prensa y se invente algo a su favor, ya sabes cómo es esa mujer —Lo sé, y con todo lo que está pasando ahora viene justo ella a complicar un poco más las cosas con otro inconveniente, bueno, usaré mis contactos, no te preocupes. —Vale, sabía que podía contar contigo y por favor se sucede alguna otra cosa avísame sin dudar estaré pendiente al teléfono incluso si está abarrotado de tantos pendientes y más. —Así lo haré, no te preocupes. Ni siquiera sabiendas de que su abogado iba a encargarse de ese asunto, podía quedarse tranquilo porque las noticias siempre corrían como pólvora, y si una mujer enfurecida era demasiado peligrosa mucho más si se trataba de Ana Livingstone. Ella podría ser más allá de peligrosa, una mujer demasiado osada como para llevar a cabo cualquier plan como para conseguir el objetivo que quería. Definitivamente, el día iba de mal en peor, el fin de semana se acercaba, pero sería igual de falta, no un respiro. Aunque para el italiano el trabajo siendo lo más importante, le dedicaba demasiado tiempo, incluso sábados y domingos. Pero con tantas cosas que estaban pasando tal vez sea mejor ir a por unas copas y despejar su cabeza. Por otro lado durante esa tarde, las chicas habían decidido ir de compras debido a la fiesta que se llevaría a cabo en la casa de Carlo. Alexa jamás había estado en esa propiedad pero escuchaba maravillas de ese lugar y no era para menos tomando en cuenta que le pertenecía una persona muy importante que podía tenerlo todo y cuánto lujo deseara, incluso de fantasía. Al final Daniel había logrado convencer de que fuera a la fiesta también. —¿Todavía no me vas a contar sobre que se trata ese reto? Tengo demasiada curiosidad en saberlo y tú ni siquiera me das una sola pista, al menos merezco estar enterada de algo para hacerme a una pequeña idea. Por favor, que no sea una de esas locuras lo que estás pensando, porque no pienso hacerlo. Las otras dos se miraron a la cara y soltaron una carcajada. No, eso no tenía una buena pinta. Para nada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR