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864 Palabras
-Pero yo pensé que habían tenido algo especial. - Lo tuvimos, pero estoy muy feliz porque me voy a casar con él. -respondió. -Sí, ¡fue tan increíble que volvieran a ser novios después de la secundaria! Mis pensamientos se agitaron al escuchar eso. Entonces, habían sido novios desde la secundaria. - Sí, teníamos tres años juntos, y cuando me lo crucé en aquella cafetería, fue increíble. Enseguida sentí que el amor volvía entre nosotros y comenzamos a salir. Él me propuso matrimonio enseguida y dijo que había sentido amor por mí desde siempre. -dijo Valentina, con un brillo soñador en sus ojos. Su amiga también aplaudió, parecían dos niñas en lugar de mujeres adultas. Me sentí molesto. Ella había tenido la oportunidad de encontrarse con un antiguo amor en el momento en que yo decidí estar con Isabela. Me sentía como un tonto. Quizás en el fondo no esperaba que ella rehiciera su vida, y ahora que la había perdido, me sentía como un imbécil. Mi corazón sufrió, no porque quisiera, sino porque me dolió saber que finalmente la había perdido. Los viejos amores eran difíciles de reemplazar por nuevos. Y ella parecía la persona más feliz del mundo, mientras yo me sentía el hombre más desamparado y triste. Así pasaron los días, y el jueves también fui a espiarla desde la distancia. El viernes, recibí la noticia de que mi futura esposa estaba en el hospital. Realmente me preocupé. No esperaba que esto sucediera, y recién llegado a la casa de Valentina, estacioné mi vehículo frente a su casa. Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, aceleré. Me sentía culpable. En lugar de estar cuidando a mi esposa, estaba esperando a un amor imposible que no tenía sentido. En cuanto llegué a casa, dejé el vehículo... Entro corriendo al hospital y me dirijo al personal de enfermería. -Hola, estoy buscando a la señorita Isabella. -digo con ansiedad. Enfermero: Acaba de entrar a quirófano. Está bastante grave. -responde el enfermero. Siento que me voy a morir. Voy corriendo hacia donde me indican que debo esperar. Parece que pasa una eternidad, pero finalmente sale un doctor y se acerca a mí. Doctor: Hola, la cirugía salió bien. Va a estar bien. -dice el doctor. -¿Cómo está el bebé? -pregunto con preocupación. El doctor me mira con intriga. Doctor: Supongo que después, cuando ella despierte, van a tener cosas que hablar. -dice el doctor, un poco nervioso. -No es muy difícil ¡Quiero saber cómo está mi hijo! -exclamo molesto y me pongo de pie. Doctor: Señor, por favor, cálmese. -me pide el médico, levantando las manos y mirándome extrañado. -No, quiero que me diga cómo está mi hijo. -repito y doy un paso hacia adelante muy molesto. ¿Qué le pasa que no me quiere decir el estado de mi hijo? Doctor: Señor, va a tener que sentarse y calmarse. -me dice el médico. -No, quiero que me diga cómo está mi hijo. -insisto, doy un puñetazo a la pared. Doctor: Ella no estaba embarazada. -dice el doctor. En cuanto dice esas palabras, lo miro aún más molesto. Me detengo, lo miro con sorpresa y dejo caer mi puño al suelo. -¿De qué está hablando? -pregunto incrédulo. Doctor: Lo lamento, sé que esto lo va a impactar bastante, pero ella al parecer fingía un embarazo, pero no estaba embarazada. -explica el doctor. -No puede ser. -comento, y me siento en una silla, dejando caer mi cuerpo. El doctor me toca el hombro con comprensión y luego se retira a otra sala. No puedo creer que Isabella hubiera pensado en retenerme de esa manera. Me siento tan enojado y, encima, preocupado por su salud. Más allá de que la cirugía haya salido bien, ella aún está en terapia intensiva y en estado crítico. Me siento egoísta por querer que ella no mejore en ese momento, pero estoy tan molesto y decepcionado. ¿Cómo podía ser posible que ella me hubiera mentido de esa manera? Mis ojos se llenaron de lágrimas y, por primera vez en muchos años, permití que cayeran. Dudaba de todo y de todos. Isabella había sido la persona en la que más había confiado, y ahora, después de todo lo que había ocurrido, me sentía muy decepcionado de ella. Hasta qué punto podía llegar para retener a alguien, y eso me asustaba. Decidí llamar a su familia. Sabía que no debía estar allí, y mucho menos después de haber mentido. Sin embargo, cuando me puse de pie, no pude hacerlo. Me sentía muy culpable. Aunque quería arrojar sus pertenencias lejos de mi casa, no lo hice. Me quedé quieto cuando sus padres llegaron. Estaban tan preocupados y me preguntaron una y otra vez qué había pasado. Les expliqué que había tenido un accidente automovilístico, y no sabían que supuestamente estaba embarazada, así que preferí dar explicaciones tontas. No me importaba. Estaban destrozados. Decidí apartarme un poco para darles algo de privacidad y me fui. Fui a la cafetería a tomar una taza de café, y casualmente me encontré con Valentina, que llevaba puesto un uniforme blanco de prácticas de enfermería. Me sorprendió verla. -Valentina. -dije, sorprendido.
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