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374 Palabras
- Hola, estoy de prácticas de enfermería. -me respondió con una sonrisa. -Ah, es que... -comencé sin recordar que ella estaba estudiando en la universidad. - ¿Qué haces aquí? -preguntó curiosa. -Mi esposa, o mejor dicho, mi prometida, tuvo un accidente y... -comencé a explicar con pesar. - Lo lamento. -dijo con pena. Luego preguntó- ¿Y el bebé? -Eso es el problema. -comenté y dejé caer mi cuerpo en una silla. Me sentía tan devastado. Su dulce voz... Mi mirada se llenó de agonía al saber que la había perdido por una mentirosa que había estado engañándome desde el principio. ¿Cómo había podido esperar que ella cambiara cuando desde el principio habíamos comenzado mal? -Me mintió. -comenté finalmente, y escondí mi rostro entre mis manos, sintiéndome patético. - ¿De qué hablas? -preguntó con su dulce voz mientras tomaba mi mano y la apartaba de mi rostro. -Dijo que estaba embarazada. -comenté con una sonrisa triste, mirando hacia afuera. Valentina no soltó mi mano y me consoló. - Lo lamento tanto. -dijo comprensivamente. -¿Sabes lo peor de todo?, me quedé con ella solo por el bebé, para mantener una familia feliz. Soy tan patético. -confesé, sintiéndome avergonzado. - Lo mejor que pudiste hacer fue ser valiente y no renunciar a ese bebé... -dijo con sinceridad. -Bebé que no existe. -comenté con amargura. Sentía un profundo resentimiento. Valentina me observó en silencio. No me soltó, y se quedó a mi lado, acariciando mi espalda y dándome ánimos. -Valentina, gracias. Y sabes, te odio por haberte perdido. -comenté sinceramente. - ¿Podemos ser amigos? -propuso. Yo asentí, porque ser su amigo era lo más cercano que podía tener a estar con ella. -Me encantaría ser tu amigo. -comenté con pesar. Valentina se puso de pie. - Me tengo que ir, lo lamento. -dijo. No quería soltarla, pero sabía que tenía que hacerlo. -Por favor, no te vayas. -comenté con tristeza. Valentina negó con la cabeza. - Lo siento, tengo que volver a mis prácticas. -dijo con pena. La solté, aunque no quería hacerlo, no quería asustarla. Valentina comprendió mi estado de ánimo. - Comprendo, no te preocupes. ¿Quieres venir a mi casa a cenar esta noche? -preguntó mirándome con compasión.
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