Han pasado más de tres meses desde que entré en la empresa Star Corporation. Alessandro ha sido increíblemente amable conmigo. Todos los días me entrega una rosa, y a menudo me sorprende con chocolates o algún otro presente. Me ha invitado a salir varias veces, pero siempre he rechazado sus propuestas. No me siento lista para eso.
Han pasado más de cuatro años desde que salí con un hombre, y siento que me he olvidado de cómo se hace. Mi vida se ha reducido a estudiar, trabajar, cuidar de mi padre y de mi hermanito Matías. No hay nada más en mi vida, además de ellos.
En este momento, estoy en una llamada con una de mis amigas de la universidad, Mia. Ella es muy extrovertida, y su energía me recuerda a cómo solía ser yo antes. A veces, me miro al espejo y no me reconozco. No parezco la misma Allison que era antes de todo esto.
Después de todo lo que pasó con Rodrigo, el encarcelamiento de mi padre y la muerte de mi bebé, siento que mi luz se ha apagado. Ya no soy la misma persona. A veces, me siento como si estuviera muerta en vida, viviendo solo por Matías y por nadie más.
Mientras conversaba con Mia, intentaba mantener una apariencia de normalidad. Su entusiasmo y sus preguntas sobre mi vida eran un intento de distraerme de la tristeza que sentía por dentro.
—No puedo creer que no hayas aceptado ninguna de las invitaciones de Alessandro —decía Mia, su voz llena de incredulidad—. Es tan guapo y parece estar realmente interesado en ti.
—Lo sé, Mia —respondí con una media sonrisa—. Pero no estoy lista para eso todavía. Mi vida ha sido bastante complicada, y me cuesta creer que pueda volver a ser yo misma.
—Lo entiendo, pero también creo que es importante que te des una oportunidad para sentirte bien nuevamente —dijo Mia con un tono comprensivo—. A veces, salir con alguien puede ser una forma de sanar, incluso si es solo para disfrutar de un buen rato.
Miré hacia la ventana, observando el tráfico mientras pensaba en sus palabras. La idea de salir con alguien parecía tan lejana, pero Mia tenía un punto. Quizás era hora de intentar recuperar parte de la vida que había perdido.
—Tal vez tienes razón —dije, tratando de sonar decidida—. Quizás necesito empezar a hacer pequeñas cosas para volver a encontrarme. Pero no sé si estoy lista para una relación aún.
Mia sonrió, claramente satisfecha con mi respuesta.
—Es un comienzo. Y no tienes que apresurarte. Solo ve a tu propio ritmo. Estoy aquí para ti, y si alguna vez necesitas hablar o simplemente distraerte, cuenta conmigo.
—Gracias, Mía.— Le agradecí.
—No es nada, Ally. Y para nada quiero usarte como cupido, aunque si le hablas al guapo de Bruno Miller sobre mí, no me enfadaré.
Cuando corté la llamada con Mía, me giré y me di cuenta de que mi papá estaba bajando las escaleras. Lo vi acercarse con una expresión de preocupación y afecto.
—¿Escuchaste? —le pregunté, tratando de ocultar mi incomodidad.
—Pues sí, claro que escuché, mi amor. —dijo con un tono suave pero firme. —Y estoy de acuerdo con tu amiga; deberías volver a salir. No es sano que estés encerrada toda la vida. Mereces ser feliz, Allison.
—Papá, Alessandro es amable porque no conoce mi pasado y no sabe que yo jamás podré tener hijos. —le expliqué, con un nudo en la garganta. —Cuando se entere...
—Si Alessandro o cualquier hombre te rechaza, es un idiota y él se lo pierde. —interrumpió con determinación, dándome un leve toque en el hombro. —Y Allison, ya te he dicho que no te quedes solamente con la opinión de un médico; debes consultar a más profesionales.
—No vale la pena, papá. —dije con resignación, mirando hacia el suelo.
Aún recuerdo cuando hace más de cuatro años me dieron ese diagnóstico. La noticia de que jamás podría lograr un embarazo me partió el corazón en mil pedazos. Aceptar que no podría ser madre fue uno de los golpes más duros de mi vida, pero tal vez ese era mi destino. Nunca seré madre en el sentido pleno, aunque si lo fui una vez porque, aunque Ethan no llegó a nacer, él es y siempre será mi hijo.
Yo no soy como Troy. No pude salir adelante y ser feliz como él lo es con su nueva mujer y su hija. Me atormenta ver cómo ha seguido su vida mientras yo me quedo atrapada en la tristeza. No puedo superar la pérdida de mi bebé, y aunque trato de no odiarlo, me duele, me quema, ver cómo nos olvidó tan rápidamente. La felicidad que muestra en esas fotografías que me envía esa mujer me resulta insoportable, como si la herida nunca dejara de sangrar.
Estaba en mi cama, tratando de que las lágrimas no me inundaran. En ese momento, Matías se acercó a mí y me abrazó. Mi pequeño hermano ya se ha acostumbrado a verme llorar, y me duele profundamente no poder sonreír ni siquiera para él.
—No me gusta que estés triste, Ally —dijo con voz temblorosa, mientras su pequeño abrazo intentaba consolarme.
—Lo siento, Matías. No quiero que te preocupes por mí. Estoy intentando ser fuerte, pero a veces es muy difícil.
—¿Por qué no puedes ser feliz? —preguntó con un tono lleno de preocupación infantil.
—Es complicado, cariño. A veces, las cosas que pasan en la vida nos lastiman mucho y es difícil olvidarlas.
—Pero tienes que intentar, ¿no? Felipe dice que debemos luchar por lo que queremos. ¿Por qué no luchas por ser feliz?
—Tienes razón, Matías. Estoy tratando de encontrar una manera de hacerlo. Solo necesito tiempo y un poco de ayuda.
—Yo siempre estaré aquí para ayudarte, Ally. Aunque sea pequeño, haré todo lo que pueda.
—Gracias, pequeño. Tu apoyo significa mucho para mí. No sé qué haría sin ti.
—Solo recuerda que te quiero mucho, y que todo estará bien.
Me sentí muy feliz por las palabras de Matías. A veces me sentía culpable con él porque sabía que mi dolor lo lastimaba a él. He tomado terapia durante años, pero ha sido demasiado diferente sanar mi dolor. Creo que jamás volveré a ser la mujer que solía ser aquella Allison ha muerto junto con Ethan.
Sin embargo, decidí al menos intentarlo. Por ello le envié un mensaje a Alessandro diciendo que yo acepto salir con él. Salir me ayudara a relajarme y él se ha portado tan bien conmigo que no creo que pueda lastimarme. Tal vez no estoy lista para un romance, pero si para una nueva amistad.