—Yo recuerdo, no se preocupe. Puede tomar café incluso, ¿algo más que quiera añadir? —¿Puedo comer medialunas? —Puede comer media luna, no se preocupe —comentó en tono cálido y amable. Esteban, se quedó en un rincón observándola, tenía su cabeza apoyada en una mano y de vez en cuando Livia le sonreía. Esteban puso los ojos en blanco, sabiendo que ella era demasiado sentimental. De pronto, un hombre delgado, tan alto que llegaba hasta el borde de la puerta, se acercó a Libia. Habían pasado 10 minutos desde el momento que Esteban había llegado. —Hola Lidia, estás más bonita que nunca. —Hola Liam. —¿Me das lo de siempre?,aunque quiero que me sonrías como lo haces. Libia por primera vez se mostró insegura, no daba esa sonrisa tierna en sus labios, si no el ceño fruncido. —Enseguida

