Cuando llegó a las 6 de la tarde. Libia oficialmente había terminado sus horas extras y su turno. Salió con alegría detrás de la barra y lo tomó de la mano. —¡Vamos novio mío! Esteban había aprovechado la oportunidad en ese lapso de tiempo, en ir a ver a Alma, ser insultado por Agustín y volver. También había llamado a la empresa para ver cómo iba todo, trabajó en su computadora, apoyada sobre la barra de madera. El, era una persona que siempre aprovechaba el máximo tiempo posible, pero por primera vez había querido no hacer nada, solo mirando a la hermosa mujer que tenía a su lado. —Entonces ¿me llevarás a mi casa? —preguntó entusiasmada Libia. —Sí, dime dónde vives. Libia, le dio la indicaciones. El interior del departamento no era lo que Esteban se había imaginado. No había nad

