—: Soy un idiota. -comentó Agustín, golpeándose la frente, sabiendo que había arruinado todo lo bonito de la tarde por un rechazo. Pero aún no se sentía preparado, a pesar de que todo insistía en que debía hacerlo. Al día siguiente, no esperaba que ella faltara a su trabajo. La llamó, y confundido, por primera vez tomó la valentía de ir a ver qué pasaba. —: ¿Qué le habrá ocurrido? -se preguntó en voz alta mientras caminaba por los pasillos. —: ¿A dónde vas? -preguntó Esteban, confundido al verlo tan apresurado. —: Iré a buscar a mi secretaria que faltó. -respondió Agustín. —: Está bien. -dijo Esteban, y ambos continuaron en direcciones opuestas. En ese instante, llegó a la casa. Camila, sorprendida, contempló cómo su jefe había llegado. —: ¿Qué hace aquí? -preguntó Cami

