Juntos llegaron al trabajo y pasaron un año trabajando, saliendo de vez en cuando, conociéndose con lentitud, sin ningún tipo de prisa. Hasta que en una mañana, Camila llegó con Emma, las dos de la mano, a la oficina de Agustín. —: ¡Feliz cumpleaños! -comenzaron a cantarle, y él sonrió. Había un gran pastel frente al escritorio. Agustín se puso de pie para saludar a cada una de las personas que estaban frente a él. Estaban sus sobrinas, Libia junto con Esteban, y también estaba Camila con su hija. Habían comenzado a llevarse bien, y a pesar de que aún no era nada formal, ella se había vuelto una parte importante en su vida, y sabía que en algún momento tendrían que hablar del tema. —: Gracias. -comentó Agustín hacia Camila. —: De nada, quería que tuvieras un cumpleaños feli

