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510 Palabras

Libia: Pues, yo solo te molesto, pero a veces me preocupo. No quiero verte siempre solo. Eres mi amigo y solo me preocupo. -comentó Libia con el semblante triste. Agustín: Libia, gracias por preocuparte por mí. Sé que eres una buena amiga. Pero yo voy a estar bien. Libia: Lo sé, Agustín, lo sé. -dijo Libia mientras salía por la puerta con el rostro triste y se acercaba a Agustín. Durante todo ese tiempo, habíamos convivido en una gran amistad. Libia había sido la fortaleza que Agustín necesitaba, cada vez que se sentía destrozado o mal. Su amiga lo acompañó en cada uno de sus pasos. Por ese motivo, Agustín estaba muy agradecido con Esteban y Libia. Agustín se puso de pie y enseguida ingresó aquella muchacha de la cual ni siquiera le había preguntado el nombre. Agustín: No sé tu nombre

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