Al día siguiente, no tenía ánimos de levantarse. María, insistió en golpear la puerta. Sin embargo, Alma no quiso salir en ningún instante del día. Quería volver a su hogar, estar con sus padres, aunque sea frente a una tumba. Sus últimos momentos de vida,.los pasaría tristes. —Señorita se tiene que levantar —volvió a insistir María. María, era la única persona que se preocupaba por ella al parecer. —No quiero —comentó. Aún estaba cubierta sobre finas cobijas de algodón, un tapado de terciopelo y unas almohadas suaves. —¿Qué pasa María? —preguntó su cuñado. Lo escuchó con una voz tenue. —No quiere salir, no ha comido nada en todo el día. —Déjame a mí... María. —No me convencerás —gritó ella. —Tienes que salir, el sol está muy hermoso, y te enseñaré algo. Al decir esas pala

