Él la tomó, rozando levemente sus dedos delgados, y sintió un estremecimiento que jamás había sentido. Avergonzado, quitó la mano lo más rápido posible. Ella sonrío, y siguió desayunando comando una taza de café. Era lo único que había ingerido en el día, y De igual forma ahora se sentía de buen humor. El labrador, se encontraba mordisqueando algo, cuando terminó se acercó hacia él. —Iré a trabajar —comentó su cuñado y se fué. —Adiós —susurro ella. Su sonrisa volvió, en el momento que el labrador comenzó a ladrar. Cuando llegó la noche, se sintió cansada. Había estado toda la tarde corriendo junto con el perro. En serio de menos tonta donde estaba a punto de quedarse dormida, la puerta fue abierta de golpe. No pudo incorporarse de forma rápida. Porque algo sostuvo su cabello, as

