—Yo también te extrañé —dijo su voz detrás, ella se giró. —No dije que te extrañara, solamente que... —Que querías verme... pues es algo que yo también quería hacer. —Es bueno verte —comentó y se sentó en el sillón. —¿Quieres tomar te, café o cenar? —Aún no se —le dijo mientras dejaba caer su espalda sobre el cómodo sillón. Él le se pareció, y ella se sintió normal después de muchos días de no sentirlo. Cerró los ojos sintiéndose cálida y reconfortada. Agustín, después de terminar de revolver la sopa, hace bien dos platos hondos. Al llegar a la cocina, la observó, dejó los platos de la mesa y la vio dormir. Se veía relajada, como si no tuviera ningún problema en su vida. Agustín, se hincó de rodillas para observarla más de cerca pero sin molestarla. Estiró su mano derecho, ha

