Cerró los ojos, perdiéndose en el baile sensual de las lenguas. Poco a poco, ambos se dejaron llevar como en un beso lleno de deseos, de anhelo y de entrega. Se separaron por la falta de aire se observaron durante unos breves segundos, tan intensos y tiernos. Se sonrieron y rieron. Alma, no sabía por qué pero se sentía feliz y quería... Quería reír. Agustín, la atrajo hacia su cuerpo, siguieron viendo la película, Alma apoyó su cabeza sobre el hombro de Agustín. —Me gustó ese beso —comentó Alma con sinceridad. Le gustaba hacerlo, siempre había intentado decir lo que sentía. —A mí me gustas tú —dijo y ella se separa un poco para observarlo. Agustín no le devolvió la mirada, sino que la dejó clavada en la pantalla. Alma, estiró la mano izquierda para tocar los labios masculinos y él e

