10.

782 Palabras
10. Quien quiera que fuera, deseaba espantarle para que me dejase en paz, necesitaba estar por primera vez en la vida, a solas con mis pensamientos. De pronto escuché una vocecilla demasiado aguda como para ser humana y me puse en guardia. —¿Vrag? ¡Vrag! —¿Hola Vrag? ¿Hola? Era quizá un diablillo que andaba cerca. Sea lo que fuera no pensaba detenerme aunque me llamase de la misma forma que el anciano lo había hecho. Un ser tan diminuto no representaba un verdadero peligro, era más un estorbo que otra cosa. Sabía que andaba demasiado cerca de mí, quizás estaba detrás y se apresuraban para darme alcance. De repente el diablillo se puso al frente de mí y me dijo: —¿Sabes lo que llevas ahí, Vrag? Otro de ellos vino y se puso a revolotear sobre mi cabeza, como si fuera una mosca verde. —¿Vrag? ¡Vrag! ¿Vrag? —Además es sorda. —Es sorda. Sí. Sorda y maleducada. Sí —dijo el otro que ni corto ni perezoso pretendía que intentaba manotearme el bolso de las monedas y el pergamino. —Esa es una carga pesada. Pobrecita, yo te ayudare. Déjame llevarlo por vos —me decía, otro de ellos con excesiva amabilidad, esta vez llevando sus manos al bolso que se agitaba muy cerca de él. Entre todos ellos trataban de sacarme los objetos del anciano pero yo no se los hacía fácil, no se los permitía, iba repartiendo palmadas a diestra y siniestra. Era como tratar de aplastar moscas, sí, moscas, solo que no lo eran, eran diablillos ladrones, y unos muy molestos que solamente buscaban sacarme todo lo que llevaba del anciano. —¡Alto! —grité con toda mi fuerza y cansada de tanto lío— ¡No se atrevas a tocarme! ¡Se los advierto! A menos que quieran morir como moscas... Les amenazo, y todos se apartaron de una. —Esta tiene el carácter podrido… —suelta uno de ellos. Otro se acercó nuevamente con la intención de verme la cara. —Ratitas con alas —me burlo de ellos. —¿Ratitas con alas? ¡Cómo te atreves! ¿Sucia Vrag! ¡Pecadora! —chillan todos ellos a la par. Pero el ser diminuto tan ofendido se sintió que se encolerizó de inmediato, sacando de un bolsillo velozmente algo que no llegué a ver. Me hice a un lado, y por fortuna pude esquivar que la red de telaraña que me habían lanzado no me llegara a tocar ni la punta de un pelo. Ya estaba cansada de ir esquivándolos. —¿Vienen por el pergamino? —lancé la pregunta de una. —Sí. Y por todos los objetos del anciano —aclara el que parece el portavoz. —Deberían haber empezar por ahí —les dije ofendida pero sin aminorar el paso. A todo eso, su presencia hacía molesto el viaje. Aún no me decidía si iba a cumplir al anciano muerto, o no. En todo caso necesitaba comer algo. Antes había dicho que no se me apetecía la comida, que deseaba morirme pero ya no quería eso. Supongo que solo estaba deprimida, no a diario una pierde a su madre. —¿Qué quieres decir, sucia? —me preguntó el diablillo que se ha quedado ofendido conmigo. —¿Qué me darán a cambio de todo esto? —me planté de una para ir al grano. Los diablillos se miraron entre sí. Se agruparon en un círculo como preguntándose si habían escuchado bien. Era divertido. Resultaba sumamente sencillo traducir sus miradas: “La vrag es una desalmada” “Piensa deshacerse de los objetos que ha prometido entregar a su dueño” “Debimos haber pensado en tantearla antes” Cuando dieron por finalizada su reunión improvisada uno de ellos se me acercó: —Disculpa mi educación, como sabrás, una Vrag no es bien visto por estos lados… —se excusó. —¿Y dónde lo soy, ratita con alas? —apunté con sarcasmo. —Bueno —el diablillo diplomático quiso disimular su enojo —¿Qué es lo que quieres a cambio de todos los objetos del anciano? —propuso. Y, mientras esperaba con paciencia a que respondiera, yo le echaba una mirada sin disimulos. Sé lo incómodo que llega a ser que se te queden mirando, pero era algo que no podía evitar. Esos diablillos llevaban ropa y no cualquier atuendo; era como si pertenecieran a un estrato superior al de los otros diablillos que había encontrado en el camino. —Ustedes no son diablillos —les dije con seguridad. Si no me revelan sus verdaderas identidades, no hay trato.
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