11.

1216 Palabras
11. Y de repente, todos esos diablillos se juntaron y se volvieron un solo ser. Una luz amarilla cubría el cuerpo y me enceguecía la visión, impidiéndome que pudiera ver a detalle al diminuto ser que se presentó delante de mí. El destello duró apenas unos segundos y cuando tuve oportunidad de ver advertí que debía medir más de cincuenta centímetros, no más y llevaba ropas muy diferentes a las que había visto antes. El ser diminuto vestía de verde y lila, su rostro era pálido, tirado al blanco. Se veía de forma similar a un infante humano pero la voz era otro tema, su voz era tan aguda y molesta, que le daba un aire mezquino, sus ojos y sobre todo su mirada delataba a un ser traicionero y yo intuía que no debía mantener conversación con esa criatura. —Olvídalo —solté. —¿Qué, acaso cambiaste de parecer, Vrag? —dijo con un tono engañosamente tranquilo—. Te rebelé mi verdadera forma. Ahora te toca darme las pertenencias de ese maldito vejete. —Uf, ni siquiera yo tengo ese vocabulario tan florido… ¿Cómo lo haces? —¿Dividirme? —Sí, eso. —No lo sé, solo miro lo que quiero replicar y ya. —Es decir... que miraste un grupo de diablillos y… —Sí. Lo hago de esa forma. ¿Me entregas de una vez las pertenencias del vejestorio? —No quedé nunca en dártelas —le dije y me dispuse a retomar mi camino. —¿No? —No —dije sin darle importancia. Me fui alejando, caminando, manteniendo el ritmo. En duende, vino rápidamente hacia mí. —E-espera. Vrag, ¿me engañaste? Ejem… ¿Sabes que te puedo dar todo lo que me pidas? —claramente se esforzaba en hablar cuando iba tras de mí. —¡Basta! Ya no quiero escucharte. Me aburres —sentencié, aunque en ese momento dejó de ser eso cierto. Pero el duende no iba a detenerse. —¿Vrag? ¿Tienes un nombre? ¿Quieres riquezas? ¿Quieres belleza? ¿Quizás quieras obtener una venganza? Dime, Vrag lo que quieras te lo daré, pero háblame, dime tu nombre, seré tu amigo —dejando su falsa calma, históricamente repetía, pero poco a poco esa voz chillona se reducía drásticamente, y si lo ignoraba, iba a desaparecer así como apareció. Es lo que ocurre cuando te encuentras a un duende poren. Mi mamá me habló mucho sobre ellos, no son de fiar, y lo sabía en ese momento. —¿Ves? ¡Esto es lo que ocurre! Por eso no me muestro tal y como soy… nadie me quiere hablar. Bajé un poco el ritmo de mis paso, ese sentimiento yo lo conocía. Me detuve para verle a la cara. —Dijiste que si te doy mi nombre… ¿me darás lo que te pida? El duende poren apareció con mayor brillo. Se veía ilusionado porque le haya vuelto a hablar. —Sí que sí. —¿Oro? —Sí que sí. —Vah, no me interesa la riqueza… —¿Venganza, quizás? —Podría ser… tengo a unos cuántos en mi lista, pero eso lo quiero hacerlo con mis propias manos, de otra forma no le veo el sentido. —¿Qué tal belleza? Me puse las manos en la cintura. —¿Me estás llamando fea? El duende poren retrocedió algo temeroso, algo tierno, pero no iba a demostrar que algo de simpatía le tenía. Alcé los hombros. —Bueno, da igual. Sé que no soy bonita. Pero… ¿puedes hacer algo con estas marcas que tengo en la cara? —Desde luego que puedo. Sí que sí. —Espera. Pero solo te daré mi nombre… nada más. —Es un trato hecho, Vrag. Con el tronar de sus dedos pequeños sentí un calor en el rostro y luego nada más. —¿Eso es todo? —dije sintiéndome una tonta. —Así es. Sí que sí. —¿Dices que lo has quitado de mi cara? —desde luego que no le creía, aunque había escuchado de mi madre de las cosas que podían hacer por uno, si es que hacías un buen negocio con ellos. —Sí que sí. —Maldita sea, por qué no llevaré un espejo en el bolsillo… Miré hacia todos lados, no había un solo charco de agua en el que pudiera mirarme. —Ahora dime tu nombre, Vrag —al decirlo, sus ojos se abrieron como si rebelarle mi nombre fuera un gran secreto por ser rebelado. —¿Pero cómo yo sé que no me estás jugando sucio? Su cara cambió al ver que no confiaba en él. —No me equivocaba al leerte, eres la peor Vrag que he conocido hasta el día de hoy… —soltó con algo de ansias en su voz. —¿Qué es eso que tanto me llama? ¿Vrag, qué diablo significa? ¿Es un insulto? ¿Es eso? —Si quieres que te lo diga tendrás que pagarme. Sí que sí. —Maldición. Eres un maldito negociante —le acusé a modo de insulto. —La información es lo más valioso en la vida, Vrag. —¿A sí? ¿Y si decido mentirte? —Todo el mundo sabe que no se puede mentir a un duende poren. Sí que sí. —¿Y si me niego a dártelo? —tenía que tantear mis otras opciones. —Te devolveré tus marcas, ¡pero mucho más feas! Sí que sí. —Ah, bueno, así no tengo otra opción. Pero antes quiero ver mi cara y no caer en ninguna trampa. —Hay un lago, al otro lado. Hacia el norte. Puedo llevarte hasta allí, en un tronar de dedos. Ir al norte, nunca era una buena opción para mí. Pero si era solo para estar un momento, no veía el problema. Cuando vi mi rostro, limpio y moreno no me reconocí. Dudé que la chica que veía fuera yo, de no ser que aún mantenía mis otros rasgos, no sabría que era mi propio reflejo. Me acerqué al duendo poren y le susurré mi nombre. —¿Qué es lo que quieres a cambio de que me digas lo que significa Vrag? —Los objetos del anciano. —¿Qué? ¡Pero si antes te conformaste con saber mi nombre…! —Te salió barato porque eres una nueva cliente… —No es que me ande quejando, ni mucho menos. Estoy agradecida con vos pero lo que me pides es… Después de todo, no podía fallarle al anciano, una promesa es una promesa y debía cumplirla. Eso era el legado de mi madre, maldita sea. Suspiré pesadamente. —Mejor voy haciéndome a la idea que no lo sabré nunca… El duendo poren me llevó de vuelta al mismo lugar en el que nos habíamos encontrado. —Hasta pronto, Vrag —se despidió de mi y se desvaneció. Mi rostro era otro sin esas marcas, quizás de esa forma mi vida sería mejor, ya los soldados del rey no podrían identificarme, sin marcas en el rostro era como un nuevo inicio de mi vida. De haber sabido antes lo que me esperaba a partir de ese momento, nunca me habría deshecho de esas horrendas marcas, pero era tarde ya.
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