17.

1757 Palabras

El bosque se había puesto mucho más espeso, y Claudio se había tenido que bajar del lomo de Alexander antes de que una enredadera lo ahorcara. Habían caminado entre charlas genéricas y largos silencios, y se habían detenido a almorzar un conejo enorme que Alexander aplastó con una de sus patas casi por accidente. —Comienzo a perderle el asco a la carne asada sin condimentos —les dijo Claudio mientras se picaba los dientes con una ramita que había encontrado. Alexander no había querido comer, y Moira sentía en él un nerviosismo que se había convertido en miedo. Cuando retomaron el camino ella lo alcanzó y le acarició el costado. —Ella estará bien —Le dijo refiriéndose a la mujer que lo había criado y que él quería como a su madre —es una loba vieja y astuta, ¿olvidaste que es quien nos da

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