Capitulo 6: Como un libro abierto

3588 Palabras
  -        Gracias- le dije a Daniel mientras aceptaba la botella de agua sin abrir que acababa de traer para mí. Me senté sobre una de las mil cajas que nos rodeaban y bebí sedienta. Llevábamos cerca de una hora ordenando aquel almacén. Daniel me imitó y se bebió casi de un trago la suya. Se había quitado la sudadera y se podían ver las marcas del sudor en su camiseta. Pese al fresco que hacia en el exterior, en aquel almacén hacia un calor infernal. Rehíce mi coleta en un moño para intentar apartar el pelo de mi piel, cuando abrí los ojos Daniel me estaba mirando fijamente, pero esquivó rápidamente mis ojos y trato de disimular. Me sonrojé un poco y él también. Nos quedamos en silencio unos segundos. -        Perdona, es que tienes un pelo muy bonito- Daniel decidido romper aquella incomodidad con aquel cumplido sincero y se rio, atusándose a la vez su cabello rubio. Le sonreí en agradecimiento, aquel chico me caía muy bien. Se había convertido en casi un amigo en el tiempo que llevaba allí, además aquella semana había estado pasando todos los días junto a él, haciendo diversas tareas. Él me había hablado de su vida sirviendo allí. De como su madre era costurera en la ciudad y trabajaba en su casa mientras cuidaba a su hermano pequeño. Su padre había muerto hacia muchos años, antes de que aparecieran los monstruos y él siempre había cuidado de ella, asique aquello no era muy diferente a lo que había conocido toda su vida. Igualmente, él no tenía pensado estudiar, asique aquel trabajo era mejor que cualquiera al que hubiera podido optar antes de que todo cambiara. Su historia me hizo replantearme muchas cosas. La vida para los humanos después de que los monstruos vinieran no era peor. Padre nos había contado tantas historias aterradoras sobre ellos, tantos cuentos sobre seres horribles y depravados, que encontrarme en aquel lugar y con historias como la de Daniel hacía que me replanteara muchas cosas. Claro que yo no tenia la misma libertad que él, yo sí que era una prisionera, con comodidades, pero una prisionera, suspiré de abatimiento y tristeza al recordar a April. -        ¿Estás bien? Siento si te he incomodado- Daniel me preguntó con cautela, pensando que mi batimiento era por su culpa. -        No, no es por ti, perdona, es solo que me he acordado de mi familia…- no sabía si debía mencionar a April si la pondría en peligro, aunque igualmente ya no sabía dónde estaba ella y tal vez no lo sabría nunca. -        No quiero molestarte, pero… ¿están muertos? - los ojos marrones de Daniel se encogieron de arrepentimiento al decir aquello- lo siento no he dicho nada… -        No importa, mi madre murió hace ya mucho tiempo. Mi padre el invierno pasado, le entró fiebre y sin medicamentos no pudimos hacer nada por él- la tristeza se reflejó en mi voz al recordar a mi pobre padre débil y enfermo en el suelo de aquella cueva, suplicándome por que cuidara de mi hermana, por que la salvara de cualquier peligro… -        ¿No pudisteis salvarlo? – me pregunto Daniel algo confuso por el plural. -        Bueno…yo tengo una hermana… no se si debería- me callé sintiendo que estaba haciendo algo malo contándole aquello. Pero ni siquiera sabía dónde estaba April. -        ¿la cogieron contigo? - me preguntó mientras se levantaba y volvía al trabajo desembalando cajas y colocando su contenido ordenadamente en las estanterías. -        No, ella escapo, no sé dónde está igualmente pero tampoco me siento cómoda hablando de ella. No quiero desconfiar de ti, pero siento que no debo mencionarla. - sentía que Daniel era una buena persona, pero tampoco sabia si debía o no confiar en el aún. -        No, no deberías hablar de ella, yo no voy a decir nada, pero por si acaso no lo hagas. Los vende-hombres pagan muy bien por cualquier información y podrías ponerla en peligro, mejor que no sepa nadie de su existencia- Daniel me hablo muy bajito al decir esto mirándome directamente a los ojos. - no voy a decir nada, tranquila. Le sonreí en agradecimiento mientras volvía al trabajo. Seguimos hablando, pero de cosas mas triviales, de la música de antes, de que grupos echábamos de menos, el cine, las películas…cosas que ya eran parte del pasado. Él era solo un año mayor que yo asique nos entendíamos muy bien. -        Ya hemos terminado con esta parte, deberíamos empezar con las latas de maíz- dijo Daniel al terminar de tirar la última caja vacía de alubias enlatadas. -        A quien le ibas a decir que en el nuevo orden mundial nosotros ordenaríamos maíz- le dije entre risas sintiendo lo raro de todo aquello -        Ni en las mejores películas de Hollywood- se rio Daniel y yo me uní a él. Sin embargo, una voz interrumpió aquel momento entre los dos. Ágata acababa de entrar por la puerta del almacén, con su moño rubio perfectamente cogido y su uniforme impecable. -        Me alegro de que os divirtáis trabajando. - nos callamos al momento sin saber que habíamos hecho mal porque ella parecía muy molesta- Victoria necesito que ayudes a Ánica y a John en el pasillo oeste, hay que hacer mantenimiento en esa zona, creo que Daniel podrá terminar aquí. Dicho esto, se marchó para que la siguiera sin dejarme tiempo a reaccionar. Me despedí rápidamente de Daniel un poco entre risas como dos niños a los que los hubieran pillado haciendo una travesura. Ágata avanzaba rápidamente tanto que me costo cogerle el ritmo. Ajusté mi uniforme por el camino y sacudí el polvo de mi camisa blanco y de mi falda. Con el calor que hacia en aquel lugar había descuidado mi apariencia por la comodidad y allí al lado de una impecable Ágata me sentí un poco ridícula. No es que me hubiera acostumbrado aun a vestir de uniforme y ropa limpia cada mañana, pero las normas sociales poco a poco habían vuelto a mí. Después de tanto tiempo huyendo salvaje por el bosque. Finalmente llegamos a uno de aquellos infinitos pasillos. La luminosidad era extraña en aquel lugar ya que todas las habitaciones estaban abiertas y la luz se filtraba intensa a través de las puertas. Ágata entró en una de las estancias donde estaban dos personas rehaciendo una cama y sacudiendo el polvo. -        Ánica, os he traído refuerzo- una chica de piel oscura y ojos marrones muy expresivos nos miró con sorpresa. - ella es Victoria va a ayudaros aquí. -        Esta bien, podemos entre los dos Ágata no te preocupes- Ánica sonrió amablemente y John, un chico alto y delgado que estaba junto a ella, asintió. -        Podéis dejarla en la biblioteca, para que vaya avanzando, así mañana será todo mas rápido- dijo Ágata implacable cortando toda replica, me miró de arriba abajo y con las mismas se marchó. John y Ánica intercambiaron una mirada llena de significado que yo no entendí y luego me miraron a mí con una amplia y acogedora sonrisa. -        Bueno voy a indicarte donde esta la biblioteca- John sigue aquí, vuelvo enseguida. Salimos de la habitación dejando al chico allí. Avanzamos por el pasillo hasta cerca del final, a una gran puerta de madera que era la única que permanecía cerrada. -        Debes de haber hecho algo para enfadar a Ágata- me sopesó con la mirada, pero no pude hacer nada mas que mirarla con confusión. Abrimos la puerta a una gran estancia de techos muy altos y grandes ventanales, ella corrió las cortinas, despertando un manto de polvo. El lugar estaba repleto de estanterías con infinidad de libros por todos lados. Abrió de par en par todas las ventanas con mi ayuda ya que eran grandes y pesadas. -        En fin, íbamos a ponernos con este lugar mañana, pero Ágata ha sido bastante explicita. Voy a traerte trapos y productos para que empieces, hay que ir estantería por estantería y libro por libro limpiando y recogiendo el polvo, solemos limpiarla cada cierto tiempo, pero últimamente no se usa mucho. Asique hoy esta bastante peor que normalmente. Miré a mi alrededor, al millar de libros que me rodeaban, pensando en las horas de trabajo que me esperaban aquí y sintiéndome muy abrumada. -        Tranquila, mañana nos uniremos contigo en la limpieza, tu ves despacio y con buena letra y hasta donde llegues, ¿Cómo te llamas? -        Victoria, pero no importa me pondré con esto poco a poco- le sonreí tratando parecer dispuesta. -        ¿Eres nueva verdad? No me suenas- dijo Ánica mientras quitaba algunas sabanas que había sobre unas bonitas sillas de madera. -        Vine con la cosecha… -        Vaya y ¿estás aquí? Qué curioso…- me sopeso de nuevo con la mirada cambiando ligeramente su expresión hacia mí. Yo me arrepentí al momento de haberle dicho aquello, seguramente pensaría que era una persona horrible o algo. Pensé en Íngrid, aquella chica que se había metido conmigo el primer día y a la que todos odiaban por insoportable tanto que hasta kilian la había desterrado de cosecha. Tal vez Ánica creía que yo era igual que ella y por eso Ágata me había castigado a aquella tarea, pero no dijo nada más. Ánica me trajo los productos y una escalera y me deseo suerte. Suspiré cuando se marchó y me puse manos a la obra. Comencé por la estantería mas alejada y elevada y ya iría bajando. Por lo menos allí hacia buena temperatura. Hacía mucho tiempo que no veía tantos libros juntos y aquello me hizo cierta ilusión, ya que hasta que tuvimos que huir solía leer mucho. Dos horas mas tarde y doscientos mil libros después estaba cansada, pero seguí un poco por orgullo y porque Ánica no pensara que era una especie de Íngrid y no me pudiera tachar de perezosa. Estaba limpiando una estantería repleta de libros clásicos. Novelas juveniles antiguas. Cogí un libro que hizo que una sonrisa saliera de mis labios, “El maravillosos mago de oz”, recorrí la bonita cubierta con ilustraciones a mano de los personajes principales y sonreí al recordar a mi madre. Ella me había regalado aquel libro cuando apenas tenia 9 años y recodé que fue el primer libro de “mayores” que leí, ya que era mas denso y largo que los que había leído hasta aquel momento. Pensé en que ojalá tuviera unos zapatos mágicos que agitar y volver a casa. Casa… aquella palabra había perdido todo significado para mí, ya que yo ya no tenía hogar. -        Pensando en espantapájaros y leones de hojalata. - una voz profunda, seductora y heladora me saco de mis pensamientos y me puso en alerta. Kilian estaba allí de pie en la estantería de enfrente mirándome, como siempre apareciendo de la nada y sin avisar. Me sonreía con esa sonrisa burlona y esos penetrantes ojos verdes mientras cogió un libro al azar de las estanterías y lo ojeaba ignorándome aparentemente. -        Yo solo… estaba limpiando. – le contesté tratando de controlarme a mi misma y nerviosa por perder el control. -        Todos estos libros, solo para ti, no parece una tarea liviana. - dijo mientras dejaba el libro que tenia en la mano de nuevo en la estantería. Aquel día llevaba una camiseta de manga larga de color gris, como siempre enmarcando a aquel torso perfectamente esculpido y unos vaqueros ajustados que dibujaban sus musculosas piernas. Su pelo n***o caía sobre sus hombros desordenado, enmarcando aquella cara peligrosa y tentadora. Avanzó hacia mi con lentitud y yo solo pude abrazarme sobre mi misma tratando de apartarme de él. Hacía más de una semana que no lo había visto, desde nuestro ultimo encuentro… me sonroje sin poder evitarlo al recordar aquella escena en el jardín. Pero me prometí que no caería en su magia, ni dejaría que me hiciera perder el control. Él estaba ahora frente a mí, con aquel cuerpo alto y fuerte. Su olor era tan embriagador, no pude evitar sentir como mi estomago se deshacía, me maldije por dentro, pero sería fuerte.  Él lo noto porque sonrió de una manera que ya era demasiado familiar para mí. -        Tienes que dejar de hacer eso preciosa, o ya sabes lo que pasará. - se acercó a mi y olio mi cuello con delicadeza. Mi corazón comenzó a latir con rapidez y notaba como perdía el control de mí misma otra vez, mientras sus manos bajaban hacia los botones de mi camisa y se pegaba más a mi cuerpo. Tenia que terminar con aquello antes de que volviera a verme en una situación que no pudiera controlar. -        No… detente… no me toques- traté de apartarlo con mis manos, en un acto que supuso de toda mi fuerza de voluntad ya que todo mi cuerpo quería rendirse a su roce. A penas logre hundir mis manos en su cuerpo ya que él no se movió ni un centímetro de donde estaba, pero se detuvo y me miro sorprendido aun con el deseo en su rostro. -        ¿No? ¿Quieres que pare? - dijo apartando mis manos y sujetándolas lejos de él, se pegó más a mí y comenzó a besar mi cuello de una manera que hizo que todo mi cuerpo se estremeciera de placer y que las piernas me temblaran- ¿quieres que pare? ¿Seguro? - susurro en mi oído mientras seguía besándome y agarraba mi culo con su mano estrujándome contra él. Un gemido se escapo de mi boca, sin poder controlarlo, mi cuerpo se rendía completamente ante él, su aroma y su roce, pero tenia que ser fuerte. Otra vez tuve que hacer uso de toda mi fuerza mental para tratar de apartarlo. -        Deja de hacer eso, deja de hechizarme o de hacer lo que hagas, haces que pierda el control de mi misma- le dije intentando encontrar el coraje para no caer de nuevo, el me miro alzando una ceja, muy divertido por mi comentario, pero manteniéndose a escasos centímetros de mí. -        ¿crees que te… hechizo? - dijo soltando una leve carcajada de incredulidad. -        Haces que pierda el control de mi misma, no puedes hacer eso, no soy tu marioneta. - le dije ahora un poco más envalentonada. Él se rio un poco mas alto y se separó de mi un poco, sin dejarme del todo. -        No, Victoria, yo no controlo nada, si lo hiciera lo sabrías, todo lo que ha pasado entre nosotros es porque tu has querido- dijo acariciando mi cara con sus dedos sin dejar de mirarme fijamente. -        Mientes, yo no me entregaría así, no de esa manera, tienes que hacer algún tipo de magia sobre mí. - espete convencida de lo que decía. -        ¿No me crees? - dijo con seriedad y asentí- ¿seguro? ¿Quieres que te lo demuestre? - su semblante se tornó serio y lo dijo como una amenaza, pero yo asentí terca en mi afirmación. - tú lo has querido. Me soltó un momento y poniéndose frente a mí, vi como su cuerpo se tornaba mas peligroso, como si hubiera algo en él que hubiera despertado y vi sus ojos verdes centellear como si fueran los de un animal salvaje. Se volvió hacia mi con el semblante completamente serio y sentí mucho miedo de él de repente. Susurró unas palabras en un idioma que no podía entender y me rozó con su dedo en mi frente. Entonces sentí algo muy extraño, como si me desvaneciera. Todo se volvió n***o un momento y sentí como si callera lejos de mis misma, la luz volvió y de repente estaba dentro de mi pero no era yo. No sabría cómo explicarlo, podía ver y sentir lo que había a mi alrededor, pero no podía moverme ni actuar, ni hablar. ¿Qué estaba pasando? Trate de gritar, pero mi cuerpo no reaccionaba. Todo parecía como un sueño. Podía ver al monstruo frente a mí, la biblioteca, podía sentir la brisa a través de la ventana, pero no podía hacer nada más. Kilian me miraba fijamente con una sonrisa triunfal en los labios, pero con esos ojos que resplandecían como los de un lobo a punto de atacar. -        ¿Estás bien victoria? - me pregunto de forma melosa, con una sonrisa de suficiencia. -        Si, todo esta bien- mi cuerpo hablo con mi voz, pero era irreal, no era yo quien hablaba. -        Sabes, creo que hace un poco de calor aquí ¿no crees? - dijo kilian separándose un poco de mí y mirándome fijamente de arriba abajo. -        Si, yo también lo pienso- dije de nuevo con aquella voz que no había pronunciado yo. -        Tal vez deberías de quitarte esa camiseta, ¿te apetece? -  me dijo mientras se sentaba en una butaca elegante de madera que había unos metros mas allá y me miraba atentamente. - creo que hace un tiempo muy bueno para divertirnos un rato. Mi cuerpo asintió sin yo hacerlo, y observé horrorizada como mis manos iban hacia los botones de mi camisa y comenzaba a desatarlos. Traté de evitarlo, pero no podía, aquella sensación era horrible, no podía controlar nada de lo que pasaba a mi alrededor. -        Podrías bailar un poco para mi mientras lo haces- dijo el monstruo divertido con todo aquello. Yo me detuve y volví a asentir bajo mi horror. Comencé a moverme de una forma muy poco apropiada mientras desabrochaba mi camiseta, mi cuerpo se contoneaba de una forma demasiado sensual mientras me iba acercando a él. Mi camiseta estaba completamente desabrochada, dejando ver mi sujetador y mi torso desnudo. El me miraba con un deseo animal en su mirada disfrutando de aquello y yo lloraba, pero solo dentro de mí, porque mi cuerpo seguía moviéndose para él. Entonces cuando estuve frente a su silla y sus piernas abiertas mi cuerpo se arrodilló justo delante de kilian. Miré horrorizada como mis manos recorrían su pecho hasta llegar a su entrepierna, pude sentir su erección a través de mis manos, el calor que manaba su cuerpo. Comencé a desabrochar el botón de sus vaqueros mientras por dentro lloraba y gritaba tratando de parar aquello. Entonces él cogió mis manos y me miró fijamente, volvió a decir unas palabras en un idioma inentendible y todo se desvaneció de nuevo, por unos instantes todo desapareció y cuando volvió la luz ya volvía a estar al frente de mi cuerpo, me sentí confusa, triste y cansada. El monstruo me miraba con el semblante más relajado que antes. -        ¿Me crees ahora? - me dijo mirándome con una expresión seria y extraña en la mirada. -        ¿Cómo has podido? - le grité mientras trataba de separarme de él, pero no me dejó. Fue tras de mí y yo comencé a pegarle mientras gruesas lagrimas caían por mi cara, estaba muy enfadada, me sentía herida y utilizada. Él me empujó contra una de las estanterías y sujeto mis manos contra ella para que dejara de pegarle. Lo tenia frente a mi mirándome indescifrable, había muchas cosas en su mirada, pero ya no había burla. Me miraba muy fijamente apretándose contra mi cuerpo semidesnudo. -        Tu me lo has pedido- dijo entrecortadamente con la respiración pesada- no acuses si no puedes aguantar la verdad. -        Me has usado, has usado mi cuerpo- le dije entre lágrimas. -        Te he demostrado que todo lo que ha pasado entre nosotros no es culpa mía, yo no te controlaba en ningún momento, tu cuerpo ha actuado por voluntad, si yo quisiera moverte como una marioneta podría hacerlo, pero no soy esa clase de ser. - me dijo acercándose más a mí. -        ¿Y qué clase de ser eres? - pregunté notando como su respiración se agitaba y como el deseo estaba ganando fuerza en sus ojos. -        No soy un monstruo como tu me ves- dijo entrecortadamente aspirando el aroma de mi cuello y haciendo que toda la ira que sentía se licuara dentro de mi en forma de deseo. - no sabes lo que tengo que controlarme para no poseerte aquí mismo. - me dijo de una forma amenazadora, pero a la vez tremendamente seductora. - pero ya te lo dije la última vez, terminaras pidiéndomelo tú, soy un ser muy paciente. Se separó de mi por fin, dejándome allí tremendamente confusa, lo mire alejarse lentamente de allí, observe su espalda ancha y musculosa, su sonrisa de lado antes de darme la espalda y dejarme allí sola. Cuando salió por la puerta me deshice en el suelo. Confusa, rabiosa, excitada, enfada, impotente… sintiéndome de mil maneras diferentes. Abrumada por lo que acababa de pasar y sobre la promesa que a modo de amenaza me había dicho antes de irse. Que seria yo quien se lo suplicara, que no dejaría de molestarme hasta que me rendiera a él ¿y es que acaso podría resistirme? Acababa de darme con la verdad en la cara como una fría bofetada de realidad, que era yo la que reaccionaba así ante él, nada mágico por medio que excusara mi comportamiento. Tarde una infinidad de tiempo en recomponerme y en volver a la tarea que tenia entre manos, con mil pensamientos en mi cabeza y con la imagen de aquellos ojos verdes en mi mente incapaz de borrarla. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR