Antes de partir Annelise paso por su cuarto, se quitó las botas y buscó rápidamente sus zapatos. Se miró al espejo y vio que no había nada qué hacer con su aspecto, de modo que acabo por salir pronto, poniéndole llave a la puerta. Jaden puso en marcha su automóvil tan pronto como la vio salir y poco después, se dirigieron hacia el restaurant más popular e icónico pueblo: “Molly’s”.
Una vez dentro, tomaron asiento en una mesa donde las miradas de los comensales no se hicieron esperar, inclusive la de Molly, la misma dueña que se acercó a atenderlos. Annelise no se sorprendió, conociéndola bien, juzgo de inmediato que sus intenciones era averiguar quién era el caballero.
— Buenas tardes – saludó Molly
— Buenas tardes Molly -respondió Annelise
— ¿Cómo estás Annelise?
— Muy bien Molly. Él es el Señor Jaden McIntyre, se hospedará un tiempo alquilado el anexo que tengo arriba de mi casa.
— ¡Oh! ¡qué bien! ¡bienvenido Señor McIntyre! — expuso Molly con una gran sonrisa
— ¡Muchas gracias! —respondió él.
— ¿Cuál es el especial del día Molly? — consulto Annelise observando la carta
— ¡Ah ya lo verán! ¡Está para chuparse los dedos! — respondió Molly retirándose para preparar su orden
— Una cosa que debes saber de este pueblo, es que deberás ser corto y conciso a la hora de dar información — dijo Annelise echando un vistazo por si venía Molly
— ¡Claro! ¡Entiendo!. Por eso prefiero, estar en las afueras del pueblo— dijo Jaden.
Aproximadamente 10 minutos después, Molly les trajo la comida y Annelise comió, dando gracias y sintiéndose nuevamente con fuerzas.
— ¿Y en qué trabajabas? Si se puede saber — preguntó Jaden
— ¡Sí! ¡Por supuesto que se puede saber! – respondió Annelise — Trabajaba en una empresa de publicidad y mercadeo. Soy diseñadora gráfica, actualmente estoy esperando que me llamen, pues apliqué en varios sitios, pero hasta ahora, nada.
— Ya veo. Bueno, yo creo que me mudaré mañana mismo— dijo Jaden
— ¡Claro! ¿Te estás quedando en el hotel? —preguntó Annelise
— ¡Sí! Ya tengo una semana allí, pero no me gusta el ambiente céntrico, prefiero, algo más solitario y apartado — reconoció Jaden
— ¡Claro! y me imagino que mandarás a buscar el resto de tus cosas — dijo Annelise, deseando darse con un tronco, pues, él pareció poner una expresión de tristeza.
— No tengo nada más. Sólo lo que tengo en el hotel — admitió Jaden
— Ok, entonces, lo espero mañana —expresó Annelise con una sonrisa, preguntándose, cuál sería la causa que entristeció ese bello rostro… ¿Una mujer? ¡Sin lugar a dudas! — pensó para sus adentros.
Annelise, caminó por el puerto a las 3 am como todas las madrugadas, a buscar su bote y enfilarlo hacia la playa para recoger a los pescadores y adentrarse mar adentro. Mientras algunos pescadores lanzaban con fuerza la atarraya y otros utilizaban poleas del otro lado, ella se preparó un café caliente dentro de su pequeña cabina. Por alguna razón, Annelise recordó a su madre y no pudo evitar pensar que aquella disfrutaba de una buena vida sin privaciones, como había sido siempre su sueño.
Annelise sacudió la cabeza intentando aventar esas ideas, siempre llegaba a la misma conclusión, no le parecía justo.
Culminada la jornada, al retornar a la isla uno de los pescadores; Mike regreso con ella en el bote, pues ella no podía negarse, lo conocía desde que era un niño y jugaban juntos en los botes apostados en la playa. Mike iba a visitar a uno de sus hermanos que vivía por allí, y en el camino hablaron de todo un poco, hasta que finalmente, él se despidió. Dentro de su casa Annelise se dio cuenta, que las ventanas del anexo estaban abiertas, por lo que se imaginó que su nuevo inquilino, el escritor, ya estaba instalado. Se preparó el almuerzo y horneó unos increíbles pasteles de manzana, ingredientes que pudo comprar con el dinero de la renta, ya que Junior McIntyre, pagó lo convenido.
Luego de comer y lavar los platos, Annelise se dispuso a llevarle un gran trozo de pastel a Jaden. Se cambió el atuendo de la mañana por unas bermudas y unos zapatos deportivos y luego de tomar el pastel, subió por las escaleras rumbo al anexo. Llamo a la puerta y a los pocos segundos Jaden abrió.
— ¡Hola! — dijo amigablemente Annelise al verlo
— ¡Hola! — respondió Jaden embozando una sonrisa
— ¿Cómo te va con la mudanza? — preguntó Annelise
— Muy bien — dijo Jaden, desplegando la puerta para dejarla pasar y mostrarle el lugar. Annelise, se paró al lado de una caja de libros y se volvió con el plato donde llevaba el trozo del pastel
— Vine a traerte este pastel, que preparé yo misma— dijo extendiéndole el plato, con una sonrisita de niña y sus ojos azules chispeándole. Al principio Jaden tenía una mirada extrañada y luego su expresión se suavizó tomando el pastel y sonrió un poco para decir:
— ¡Gracias!
— ¡De nada! —dijo Annelise con su acento cantarino, sintiendo un silencio incómodo.
— Cuando llegué por la mañana me di cuenta que no estabas aquí— comento Jaden observándola de lado — Y luego, cerca del mediodía, vi que llegaste acompañada por un muchacho — concluyo Jaden, pero esta vez, mirándola directamente a los ojos
— ¡Claro!, es que yo me voy con los pescadores durante la madrugada, pues, ¡ellos alquilan mi bote!. Es una buena forma de ganar dinero mientras consigo un trabajo… en cuanto al muchacho, es uno de los pescadores y un buen amigo que vino a visitar a su hermano que vive cerca de aquí.
— ¡Oh! ¡Ya veo! — dijo Jaden con cierto alivio
— Bueno, no te quito más tu tiempo. Sólo vine a darte la bienvenida—explicó Annelise orientándose hacia la puerta
— ¡Está bien! ¡y gracias por el pastel! —dijo Jaden
— ¡No te preocupes! ¡Estoy a la orden! ¡Soy yo, más bien, quien debe agradecerte por todo lo que hiciste
— ¡No fue nada!, como te he dicho, es la editorial que se hace cargo de cubrir mis gastos, y en este caso, creo que logramos un acuerdo donde nos beneficiamos ambos
— Aun así, muchas gracias, Jaden McIntyre — dijo Annelise con una sonrisa, saliendo del anexo por las escaleras.
Dos días después, Annelise se encontraba lavando los platos en el fregadero, cuando le vino una idea a la cabeza: “hacer una Story Board nueva”. El estar desempleada hacia que su creatividad vaya en aumento, de modo que en esos dos días aplicó a varias agencias de publicidad, editoriales de revistas y comics. No perdía la esperanza de que algo bueno tenía que surgir. Algunos minutos más tarde, explayando sus trazos en el lienzo de su caballete, Annelise escuchó que tocaban la puerta corrediza…
— Hola, me quedé sin café y voy a ir a comprar por lo que venía a preguntarte si necesitabas algo
— No realmente— respondió Annelise, que ni lerda ni perezosa le propuso — ¿Te gustaría acompañarme a merendar? Tengo café preparado y unas galletas deliciosas para acompañarlo.
— Desde luego — dijo Jaden al ingresar, fijándose en el story board y en los excelentes dibujos mientras Annelise preparaba la mesa ratona — ¡Wow!, ¡son muy buenos! ¡Tienes mucho talento! — reconoció en voz alta mirándola con una sonrisa. — ¿En dónde me dijiste que trabajaste la última vez?
— En una empresa de publicidad, pero, estoy abierta todo tipo de opciones. No puedo estar mucho más tiempo así
— Entiendo. Déjame hacer unas llamadas, tal vez pueda lograr contactarte con alguien. No sé. No te prometo nada
— Está bien. Gracias Jaden, eres muy amable — dijo Annelise tomando lugar con las piernas cruzadas en el sofá y una taza de café, entonces, él también se sentó a beber el suyo
— ¡Tranquila! — dijo Jaden — Ya te dije que no es ninguna molestia
— ¿Y cómo va tu trabajo?
— Muy bien. ¡Todo está aquí! — dijo Jaden señalándose la cabeza. Pero claro, guardándose para sí mismo, que su fuente de inspiración estaba sentada frente a sus ojos…