· PRÓLOGO
Era un paisaje pintoresco, una linda ciudad que revivía cada día con el movimiento de los pescadores, vendiendo sus presas recolectadas y las tiendas comenzando a trabajar. Se podía ver a una chica hermosa, con una cabellera rubia, ataviada con un pantalón y un sweater blanco tejido y una chaqueta azul oscura con una bufanda enrollada en su cuello. Llevaba botas hasta las rodillas, porque en esa parte, hacía frío toda la noche hasta la mañana cuando el sol comienza a calentar. Caminaba desde las calles del pueblo hasta el malecón, como todos los días, al amanecer, observando el agite normal de un poblado que vive del turismo. Algunas personas caminando también hacia la playa con niños que jugaban alegres con pelotas o cometas. A medida que Annelise, se iba alejando, estaba más cerca del faro que era icónico para la isla San simon. Llegó a un camino de tierra, flanqueado por rocas grandes y filosas. Annelise, podía caminar sobre las grandes rocas con sus botas, siempre se quedaba un momento parada viendo el movimiento de las grandes olas que llegaban a esa caleta, formando impresionantes remolinos de agua espumosa. Normalmente, se sentaba sobre las rocas para maravillarse una vez más con esa vista y hablarle al soberano mar sobre las penas de su corazón como le enseñara su abuela Delilah, pero hoy no. Hoy, se sentía particularmente, triste, angustiada y desesperada por la situación que se le estaba presentando.
La historia de sus bisabuelos Maggie y Nick, era muy bonita. Su abuela Delilah, siempre se la contaba e incluso, le contaba la de ellos también, la de su abuela Delilah y su abuelo Hans, muy bonita. Llena de amor y de tragedia. Su abuela siempre se las contaba y siempre le decía que ella no se había amargado por todo lo que pasó, pues tenía a su hijo James, el padre de Annelise, para hacerle sentir que la vida era maravillosa. Esa era la frase favorita de la abuela Delilah: “La Vida Es Maravillosa”
Gracias a todas las enseñanzas de la abuela Delilah, ella había podido sopesar tantas desavenencias en la vida. Las muertes de su abuela y de su padre sola, ya que su madre se había divorciado de su padre para después casarse con un cardiólogo en Tennessee, por lo que Annelise, decidió quedarse junto a su padre y sufrir las consecuencias de una vida sencilla y de austeridad. Sin embargo, era invitada y/u obligada a pasar las vacaciones con su madre en Tennessee. No le quedaba de otra. Annelise, había crecido con muchos resentimientos hacia su madre. A Annelise, le había tocado soportar la soledad más absoluta y le tocó volverse fuerte y seguir poniendo una sonrisa en un día soleado al decir: que la vida es maravillosa.
Se podían ver grandes sombras oscuras en el bonito rostro de la muchacha que ahora estaba cargado de angustia y soledad. Observó hacia el ancho mar y pudo observar los buques cargueros que se acercaban o salían de la isla, transportando lo necesario para la isla. Las gaviotas, revoloteaban por encima del mar pescando su comida del día. Annelise, levantó el rostro para sentir un poco del calor del sol que ya comenzaba a despuntar y sus rayos se reflejaban en sus hermosos ojos azules, iguales a los de su abuela Delilah y su bisabuela Maggie.
-¡Es injusto! Se decía Annelise, soltando las lágrimas que no había querido derramar -¡Es injusto! – se dijo acercándose peligrosamente al borde, sin dejar de sentir ese vacío que la llamaba a tal vez unirse a las olas del mar, revueltas abajo en aquella caleta. Sacó las manos de los bolsillos y por breves segundos sintió que su cuerpo se dejaba caer hacia adelante, golpearía con seguridad contra las rocas filosas que se encontraban allí, pero en el último segundo, escuchaba la voz de su abuela que le decía que a veces, la vida no era justa pero seguía siendo maravillosa y valía la pena vivirla, aun a pesar de todos los problemas.
Annelise, puso un pie para dar dos pasos hacia atrás, llorando incontrolablemente, se sentó en las piedras sin ninguna elegancia y dejó salir todo el llanto, tristeza, soledad y frustración que sentía. Sus ojos azules, se veían mucho más claros.
No entendía cómo era que había terminado tan sola, cargando con todos los problemas que conllevaba tener esa bonita casa con un anexo para alquilar a los turistas, allí en la isla de San Simon. La habían despedido del trabajo en el que tenía dos años hacía ya tres meses, y no había podido conseguir otro, a pesar de que había enviado varias aplicaciones de empleo.
Siempre, estaba la posibilidad de pedirle ayuda a su madre – se limpió los mocos sin ninguna elegancia y con rabia - ¿Cómo podría pedirle el dinero a una madre que no parecía entender el amor que ella sentía por su padre que era pobre, pero la amó como a nadie en el mundo? Y para ponerle la cereza al pastel, Hacía seis meses fue invitada a Tennessee, al cumpleaños de su hermana Helen. Decidió ir con su novio Michael, con quien ya tenía 5 meses de estar saliendo y ¿Qué paso? Encontró a la perra de su hermana encerrada en una alacena, besuqueándose y sabrá Dios qué más, con su novio.
¿Y qué hizo su madre al respecto? – se preguntaba Annelise - Sólo le dijo que no se preocupara, porque si él había encontrado a otra más atractiva era porque, realmente no la quería y así, Annelise, terminó gritándole improperios a los dos enamorados y salió de esa casa hasta el día de hoy. Corazón roto, por la misma familia. Miró al cielo y dijo:
-Ay abuela Delilah, yo quisiera creerte en eso de decir que la vida es maravillosa, a pesar de los problemas, pero honestamente, prefiero que me ayudes a resolverlos y a conseguir un trabajo. Y si tienes un tiempito, ayúdame a conseguir un novio, porque yo no veo muchas posibilidades de conseguir uno estando aquí en esta isla. Ay abuela, Yo quiero ser feliz como tú y la bisabuela Maggie lo fueron. Conseguir un gran amor y tener mi familia. Que la casa se llene de alegría y calor familiar, no como está ahora, tan solitaria.
-Ah y abuela, échame una mano también con el asunto del banco que me está cobrando lo de la casa y tengo sólo una semana para pagar. No tengo más tiempo ni dinero. Mi situación es desesperada – se dijo Annelise una vez más soltando el llanto, allí sentada frente al mar. Era el único que la escuchaba en toda esta soledad que estaba sintiendo.
Después de un rato, se fue calmando, y al estar más tranquila, no pudo dejar de pensar en la historia de sus bisabuelos, Maggie y Nick Richardson, que le contaba cada noche su abuela Delilah antes de irse a dormir y que a ella le parecía tan maravillosa, pues a pesar de la época, el año que corría en aquel momento 1935, su bisabuela Maggie, fue una mujer rompiendo paradigmas al estudiar la carrera de arquitectura, pero ella pensaba que ha de haber sido muy buena porque logró impresionar a un gran arquitecto como su bisabuelo Nick y no sólo eso, ganarse su confianza, hasta el punto que le pidió que le protegiera las espaldas de una horrible mujer conectada con la mafia, que en esa época amenazaba a toda la sociedad y mi bisabuela le dijo que sí, sin dudar. ¡Lo amaba! ¡Claro! pero cualquier ser racional sale huyendo de esa situación.
Al final, después de todo lo que pasaron, fueron muy felices y hasta donde sé, enfrentaron muchas más situaciones, mientras la abuela Delilah iba creciendo, hasta que Maggie murió cuando la abuela Delilah contaba con 16 años y el bisabuelo Nick se encargó de ella hasta el último día de su vida. La cuidó y la animó a estudiar arquitectura, que es la razón por la cual ella misma diseñó y construyó la casa aquí en la isla San Simon, a donde la trajo a vivir su esposo cuando se casaron.
La abuela Delilah, se casó con un pescador de esta zona, hijo de inmigrantes alemanes, quien se enlistó en el ejército y cumplió su servicio yendo a batallar en la guerra de Vietnam, que es la casa donde ahora vivo y donde nació mi padre, James Taylor y donde vivimos con mi madre antes de que ella decidiera romper con el matrimonio y mudarse a Tennessee.
La abuela Delilah, contaba que vivió los años más felices de su vida aquí junto a su esposo y su hijo, viviendo con sencillez, escuchando el susurro del mar, como arrullo para sus sueños, hasta que su hijo, se casó y decidió vivir aquí con su esposa y luego nació Annelise. Aunque, los padres de Annelise se divorciaron a los pocos años después, por lo que cuando la abuela Delilah, enfermó yo fui la encargada de cuidarla hasta que murió, dejando a Annelise, sola con su padre. La abuela, meses antes de morir, volvió a contar la historia completa, del amor de Maggie y Nick y también le mostraba dónde tenía guardados todos sus recuerdos y quería que revisarlos, pero como a ella le daba tanta tos, a Annelise, le daba miedo ponerse a revolver todos esos recuerdos llenos de polvo que podían afectar más su salud.
Lloró mucho cuando la abuela murió y Annelise, no podía entender cómo era que su madre, había decidido marcharse para casarse con un millonario. Annelise, creció pensando que esta vida de pescadores, aburría a su madre, por lo que le tocó pasar las muertes de la abuela y de su padre íntegramente sola, ya que desde entonces, la madre de Annelise, la ahora señora Rappaport, dice que tiene una vida muy atareada en Tennessee, por lo que invitaba a su hija a visitarla durante las vacaciones.
Annelise, había vivido su vida, aquí en San Simon, resignada a la soledad, hasta ahora que se le presentó el problema de dinero para su subsistencia y para pagar lo que el banco estaba pidiendo para no quitarle la casa.
Esta, es su historia, en este precioso pueblo a las orillas del mar en la propiedad que perteneció a la abuela Delilah y a su padre, James, en la isla San Simon, cerca del hermoso faro, al que ella camina algunas tardes, ante el cual, el abuelo Hans le propuso matrimonio a la abuela Delilah, cuando se la trajo sin permiso de su padre Nick Richardson y pasaron las semanas más maravillosas antes de volver a Nueva York y anunciar su matrimonio, al cual, el bisabuelo Nick, al cual terminó aceptando, al reconocer, que nadie había hecho una peor propuesta de matrimonio que él, resultando en el mejor de los matrimonios.
El escritor Jaden McIntyre, estaba hospedado en uno de los hermosos hoteles de lujo que poseía la bella isla de San Simon. Estaba en su habitación terminando de arreglarse con la elegancia que lo caracterizaba para este tipo de eventos. Un traje blanco de tres piezas y la corbata blanca. Recordó que fue el último guardarropa que le ayudó a escoger su ex prometida y ex editora Yulia. Ya hacía cinco meses que ella había roto el compromiso para aceptar un trabajo en una editorial grande en Amsterdam.
Se terminó de vestir y se asomó unos minutos por la ventana para ver el hermoso paisaje que presentaba la isla, con el azul del mar al fondo.
-Tengo que dar una vuelta por esta preciosa isla antes de irme – se dijo Jaden – No todo puede ser trabajo –
En ese momento, sonó su teléfono y al responder, le avisaron de la recepción que ya estaba todo listo para la rueda de prensa que su nuevo editor y amigo Paul Berkley había preparado. Colgó el teléfono extrañado de que su editor no se hubiera comunicado con él. Decidió llamarlo.
-¡Qué extraño! – se dijo Jaden – Sonaba apagado –
Decidió bajar al lobby y esperarlo allí. Estaba concurrido y no veía a su editor por ninguna parte, por lo que cuando llegaron los de la compañía editorial, decidió que era hora de comenzar con la rueda de prensa, cuando llegara su amigo Paul, que se uniera a la rueda de prensa, porque a Jaden, le gustaba la puntualidad y si la prensa estaba ya ubicada y lista, pues era hora de comenzar.
Entró al salón donde se llevaría a cabo la rueda de prensa. Se ubicó en la mesa preparada con micrófonos y botellas de agua. A su espalda, había una gigantesca pantalla con la promoción de su último libro.
Jaden, veía cómo se agolpaban los reporteros con sus cámaras para poder filmar y/o grabar la entrevista, la cual comenzó unos minutos después sin problema. El orador de orden se encargaba de organizar las preguntas y él, poco a poco las fue respondiendo, hasta llegar a la última donde él anunció que firmaría libros por algunos minutos, al terminar la rueda de prensa.
Jaden, se encontraba firmando un libro, cuando miró su reloj de pulsera y se preocupó al pensar que su editor no había aparecido en todo ese rato.
-¿En qué andaría? ¿Dónde se encontraba? – se preguntaba Jaden justo cuando escuchó que alguien lo llamaba y no era ninguna de las mujeres que estaban haciendo una larga fila para que él les estampara su firma en sus libros.
Al levantar la cabeza para dirigir su mirada al hombre que le hablaba, observó que no parecía de los trabajadores del hotel o reportero. Su apariencia era peculiar. Pelirrojo, con una barba corta y ojos azul oscuro. Su ropa era pantalón, un sweater color vino y un saco por encima de este. Su mirada también era inexpresiva.
-¿Jaden McIntyre? – volvió a preguntar el hombre, lo cual, le pareció extraño, siendo que él estaba en ese lugar para hacer una rueda de prensa y había fotografías de él y sus libros por todo alrededor del escritorio donde se encontraba.
-Sí – respondió Jaden - ¿Quién pregunta?
-Policía de San Simon – dijo el hombre mostrándole una chapa con un número de serie, lo que dejó su cerebro todavía más asombrado –
-¿Qué sucede? ¿Por qué necesita la policía hablar conmigo? – preguntó Jaden –
-¿Conoce usted a Paul Berkley? – preguntó el hombre todavía sin expresión en el rostro –
-Por supuesto – dijo Jaden también inexpresivo, pareciéndole esto, cada vez más intrigante – Es mi editor y mi amigo, el cual por alguna extraña razón no estuvo aquí presente en la rueda de prensa conmigo - ¿le ocurrió algo? – terminó preguntando Jaden –
A su alrededor, había personas entre fans que querían su firma y reporteros, por lo que no se sentía muy cómodo hablando allí con un policía y el hombre por toda respuesta, se sacó una fotografía de su chaqueta y se la entregó.
Jaden seguía sentado cuando recibió la fotografía por lo que pudo verla sin que los demás presentes, la vieran también. La vio rápidamente, poniéndola de cara al escritorio, dándose cuenta de que se trataba sin lugar a dudas de su editor y amigo Paul.
-¿Qué es esto? ¿Qué sucedió? – preguntó Jaden tapando con las dos manos la fotografía de su amigo muerto –
-No lo sabemos con exactitud – dijo el policía – Su cuerpo fue encontrado en esas condiciones a la orilla del mar y queríamos preguntarle a usted sobre lo que sabía, ya que, al parecer, usted fue la última persona que lo vio con vida.
-Lo vi anoche – dijo Jaden – Estuvimos un rato en el bar del hotel, bebiendo unas copas y luego nos fuimos a descansar a nuestras habitaciones –
-¿A qué hora se retiraron a sus habitaciones? – preguntó el policía –
-A eso de la medianoche – respondió Jaden tranquilo – ¿Por qué lo pregunta?
-Porque la muerte del señor Berkley fue establecida por el forense a las tres de la mañana.
-Bueno, yo no tengo conocimiento de que a mi amigo le gustara salir a dar paseos nocturnos – dijo Jaden –
-Por favor, ¿Podría usted acompañarnos? – dijo el policía dando un paso más hacia Jaden – Necesitamos establecer hora y causa de muerte. Usted podría ayudarnos mucho.
-Por supuesto – dijo Jaden levantándose de su silla y avisándole a uno del equipo de su editorial a dónde se dirigía y lo que estaba sucediendo para que comenzaran a llamar a los familiares de Paul.
Después de hacer esto, se dirigió con el policía hasta el lugar en la playa donde habían encontrado el cuerpo de Paul, que todavía permanecía allí, rodeado de una gran cantidad de policías evitando que los curiosos se acercaran y dañaran la evidencia.
Cuando Jaden se acercó a ver, notó que Paul todavía llevaba la ropa de la noche anterior. No entendía qué era lo que había sucedido. Le exigiría las respuestas a policía.
-¿Dice usted que la última vez que lo vio era la medianoche? – preguntó el policía acercándose a él.
-¡Así es! – dijo Jaden – incluso lleva la misma ropa de anoche
-Ese dato nos servirá – dijo el policía anotando en su libreta - ¿Algo más que recuerde y nos pueda servir de ayuda?
-No. Nada más – dijo Jaden mirando a su amigo con pena – Era el único que se había tomado el tiempo para llevarlo a clubes y bares para ayudarle con la nostalgia de la separación de Yulia y nunca había notado en él las características de un s*****a. Se volteó a verlo nuevamente y le preguntó al policía:
-¿Por qué se ve hinchado?
-Es lo que no hemos esclarecido aun. Porque, el cuerpo fue encontrado aquí pero todo parece indicar que murió ahogado – dijo el policía – Hay que esperar el análisis forense.
Jaden estaba en shock. ¿Qué fue lo que le sucedió a Paul? – Jaden estaba en sus cavilaciones cuando el policía habló nuevamente y lo que dijo lo dejó petrificado.
-Hasta que se determine la causa de su muerte, le aconsejo, señor McIntyre que no salga de la isla. Al menos, hasta que terminen las investigaciones pertinentes, ya que como le dije anteriormente, usted fue el último que lo vio con vida.
-¿Disculpe? ¿Estoy siendo acusado del asesinato de mi amigo Paul Berkley? – preguntó Jaden un tanto molesto por la insinuación del policía –
-No se ha determinado que haya sido un asesinato – dijo el policía – Si tiene algo que confesar, le recomiendo que lo haga lo más pronto posible-
-¡Paul Berkley era mi editor y mi amigo. Nunca podría ser capaz de atentar contra su vida! – dijo Jaden molesto –
-¡Eso es lo que dicen todos los asesinos! – dijo el policía –
A Jaden, le molestaba esa sombra de duda que estaba poniendo aquél policía sobre él, por lo que decidió que lo mejor era no confrontarlo y darle más para sus sospechas, por lo que preguntó:
-¿Qué debo hacer ahora?
-No salir de la isla hasta que haya terminado todo el análisis forense. ¿Estará usted en el hotel?
-Supongo. No lo sé todavía – dijo Jaden molesto –
-Déjenos saber dónde poder hallarlo para cuando necesitemos hacerle más preguntas – dijo el policía extendiéndole una tarjeta con su número telefónico – Por si recuerda algo y necesita comunicarse conmigo –
-Gracias – dijo Jaden visiblemente ofendido tomando aquella tarjeta –
El policía se retiró y él comenzó a caminar hacia su auto, pero no tenía ganas de volver al hotel por lo que comenzó a dar vueltas por la pequeña ciudad y terminó entrando a un pequeño restaurante donde pidió sólo un café, porque hasta el hambre se le había quitado. De pronto, un aviso colocado en la pared donde estaba pegada la mesa en la que él estaba sentado, decía: Se alquila anexo. Aparecían tres direcciones, por lo que tomó su teléfono y fotografió el aviso, pagó su café y salió del restaurante a ver esos anexos.
Su padre siempre decía que había que ver lo bueno dentro de lo malo, así que, ya que tendría que quedarse en esta isla forzosamente, alquilaría un anexo y se pondría a trabajar en su nueva historia. Iba conduciendo y llamó a su jefe en la editorial y le explicó todo lo que estaba ocurriendo.
-Está bien – dijo su jefe – Ya sabíamos que tenías que quedarte allá. La policía me llamó haciéndome preguntas sobre Paul y sobre ti.
-¡Por supuesto que ya te llamaron! – dijo Jaden - ¡Mira! ¡Sólo quería que supieras que voy a tomar un anexo en alquiler aquí en San Simon y te estaré enviando la cuenta!
-¡Está bien, Jaden! ¡Estoy seguro de que todo se aclarará pronto! – dijo su jefe tratando de darle ánimo -
-¡Por supuesto y gracias! – dijo Jaden cortando la llamada dirigiéndose a la primera dirección, la cual, estaba muy cerca del hotel, lo cual, no le gustaba, porque quería evitar a los papparazzi que siempre gustaban de hurgar en este tipo de noticias. No quería llamar la atención más de lo debido. La segunda dirección estaba en pleno centro. Muy ruidoso para su gusto y para su trabajo.
-Se dirigió a la tercera dirección y vio que se alejaba del centro del pueblo. Se acercaba cada vez más a la playa hasta que encontró una hermosa casa de dos plantas con ventanas y puertas corredizas con un bello jardín en frente. Se bajó de su auto y se dirigió al frente, al porche donde se encontraba la puerta corrediza abierta y vio a una muchacha de cabello rubio, como si hubiese sido alborotado por la brisa del mar. No se había dado cuenta de su presencia. Se le veía pensativa, con sus ojos azules perdidos en el frente. Simplemente, preciosa.
Dos días después de aquella cena, Jaden estaba en la cocina, cuando escuchó que Annelise estaba trabajando en el jardín, que estaba debajo de su puerta, por lo que se asomó y la vio arrodillada, con una pequeña palita y un cuchillo.
· -Hola! -dijo Jaden-
· -Hola! -dijo Annelise volteándose a verlo un momento, con una expresión cómica pues el sol le daba de frente en los ojos, que no se veían mucho debajo de su sombrerito-
· -¿Qué haces?-preguntó Jaden bajando las escaleras para encontrarse en el pequeño jardín con aquella linda muchacha.
· -Sólo estoy abonando las flores, y cortaré dos para llevarlas hasta la cala junto al faro, porque hoy cumple años de muerto mi padre, y en este día, siempre le arrojó una flor, pues, allí esparcí las cenizas de mi padre y de mi abuela-terminó volviéndose a verlo con una sonrisa, cuando cortaba las dos flores.
· -Oh! No lo sabía! ¿Te puedo acompañar?-preguntó Jaden-
· -Claro! No es un ritual mágico secreto, ni nada-dijo Annelise con una sonrisa-
· La muchacha se levantó, con las dos flores en la mano, y comenzaron a caminar en dirección al faro, dirección opuesta a la que tomaron el otro día para comprar los víveres. Al ir caminando, se iban alejando los ruidos, y el camino se iba poniendo más angosto, con lo que se podía observar la distancia que les faltaba para llegar.
· -Es una cala hermosa -dijo Jaden-
· -SI. Lo es! -dijo Annelise- El faro fue construido en 1810, y durante la guerra civil Norteamericana, los soldados confederados hicieron una toma de sus costas, pero, los soldados del Norte hicieron una invasión y los soldados del ejército salieron huyendo, con lo que el faro fue gravemente afectado, pero, fue construido tiempo después, al oeste de la construcción original.
· -Me encantan los datos históricos-dijo Jaden-
· -Como a todo escritor -dijo Annelise con una sonrisa-
· -Y no sólo de la historia ciudadana, sino los datos históricos de historias personales, siempre ayudan a crear bonitas novelas-dijo Jaden-
· -Ahora que lo mencionas, puedo decirte que, en este lugar se casaron mis abuelos Hans y Delilah-dijo Annelise, señalando hacia el faro, yéndose a parar frente a la cala. Ella me contaba lo romántico que fue, y que invitaron a algunas personas, de aquí y de la familia, y mi bisabuelo Nick. Aquí se prometieron amarse toda la vida, aunque mi abuelo se fue a la guerra y fue dado por muerto, y luego, regresó, pero fue tan torturado, que se le borró la memoria. Mi abuela sufrió mucho por eso, pero, se apoyaba en su hijo, en darle todo su amor a él-dijo Annelise de cara al mar, con el faro a su lado derecho, y Jaden a su lado izquierdo.
· -Es decir, que el romance está en tu familia, es una bella historia-dijo Jaden-
· Annelise se volvió a verlo con una sonrisa, pero a la vez tenía sus lindos ojos marrones húmedos. Entonces decidió que ahora que su mente estaba invadida del recuerdo vívido de su abuela Delilah con su vestido de novia pronunciando sus votos matrimoniales, era el momento, de lanzar las dos flores en el agua, para desearles que descansen en paz.
· Jaden vio que las flores cayeron en el mar revuelto por las olas, y estas peleaban por permanecer a flote, con lo que después de batallar, lograron salir de la cala hacia el mar abierto, y observó el profundo silencio que guardaba Annelise, y su cara se mantenía serena y tierna, casi como la de una niña, y se preguntaba cómo había podido sobrevivir aquí sola, sin atención de ningún familiar.
· -¿Regresamos?-dijo Annelise-
· -Sí. Está bien-dijo Jaden-
· -Horneé unos pasteles. Quiero que los pruebes y me digas si sabes cuáles son-dijo Annelise-
· -¿Fresas?, ¿Uvas?, ¿melocotón?, -dijo Jaden tratando de adivinar-
· -No. Tendrás que esperar para probarlos-dijo Annelise-
· Cuando llegaron nuevamente a la casa, observaron que había un auto parado en la puerta, y vieron a un hombre caminar de la puerta de la casa de Annelise hacia el auto.
· Annelise comenzó a correr y llamar al sujeto, muy animadamente, pensó Jaden
· -Yulien! Yulien! -gritó Annelise corriendo hacia donde se encontraba el hombre, y al llegar hasta él, este se volteó y se abrazaron.
· -Fantástico! -masculló Jaden apresurando su paso para llegar hasta ellos preguntándose-¿Quién será este?
· Cuando Jaden llegó hasta donde estaba Annelise saludando al extraño, esta se volvió a verlo con una gran sonrisa para decirle:
· -Jaden. Este es mi compañero de la universidad y amigo, Yulien Cox.
· -¿El apellido Cox? ¿De Cox Enterprise, en Alabama?-preguntó Jaden-
· -Sí. Y también bisnieto de Robert Cox, quien muriera en una misión como piloto durante la segunda guerra mundial.
· Jaden hizo un gesto como diciendo que eso lo explicaba todo y pensó:
· -Perfecto! Justo lo que me faltaba! El bisnieto de un héroe de guerra! Cómo se puede superar eso?
· -Yulien. Él es J.J. McIntyre. Es escritor y está quedándose alquilado en mi anexo - dijo Annelise -
· -Mucho gusto! -dijo Yulien-¿Escritor? ¿Alguna obra exitosa?
· -Mucho gusto también-dijo Jaden y se estrecharon las manos-Espero que sí, porque si no, tendría problemas para pagar mis cuentas-
· Ambos, se estrecharon las manos, mirándose con interrogantes en sus miradas, pero, Annelise los interrumpió diciendo:
· -Bueno, pasen a la casa. Tengo pastel preparado! -dijo Annelise dirigiéndose a abrir la puerta de la casa para que sus amigos pasaran.
· Después de unos minutos, se encontraban los tres sentados en el gran mesón de la cocina, mientras Annelise destapaba el primer pastel y tomó un trozo con una cucharilla y se lo dio a probar a Yulien, diciendo:
· -A ver. Dime, ¿cuál es el sabor del pastel?
· Yulien cerró los ojos saboreando el pastel por unos segundos, hasta que abrió los ojos y dijo:
· A mí me parece que es de arándanos! -dijo Yulien en tono triunfal mientras Jaden lo miraba con una sonrisa queriendo aplastarlo como a un mosquito.
· Entonces, Annelise cortó un buen trozo del pastel de arándonos y colocándolo en un plato se lo puso a Yulien en frente con una cucharilla.
· Luego, destapó otro pastel y tomó un trozo y lo llevó a la boca de Jaden diciendo:
· -Dime! ¿Qué sabor es?
· Jaden le tomó la mano con delicadeza que le llevaba Annelise a su boca, fijando su mirada en el escote de su blusa que se abrió sin querer al inclinarse hacia él para darle el trozo de pastel en su boca, entonces dijo:
· -Delicioso! -mirándola con una sonrisa. Esto es un pastel de frambuesas, duraznos y un poco de canela.
· -Es increíble! -grito Annelise - Ese es el sabor del pastel! Quise probar hacer combinaciones a ver qué tal sabían -Entonces, le sirvió un trozo de pastel a Jaden en un plato con su cucharilla y sirvió el café para todos-
· Jaden, notó que el tal Yulien lo miró amargado por un momento, pero luego se recuperó. Jaden no sabía lo divertido que podía ser saborear los exquisitos pasteles preparados por Annelise, acompañados por una taza de café.
·