Estaba todo listo para que partiéramos hacia la única batalla que tenía un sentido más allá de simplemente sobrevivir, buscar provisiones o rescatar supervivientes. Era la primera vez desde aquel fatídico día, hace muchos años, donde nuestros esfuerzos en el campo de batalla podrían tener como resultado salvar el mundo. Estábamos todos con las emociones a flor de piel, nos sentíamos con más motivación que nunca desde que el apocalipsis había comenzado, íbamos a darlo todo y más, porque la recompensa era demasiado alta, el destino de la poca humanidad que quedaba en pie dependía de nosotros.
El destino era una mansión en las afueras de la ciudad capital. Lugar al que, según nuestras investigaciones, estaban congregados casi todos los zombis de la zona, por lo que dedujimos que algo importante debía pasar allí, era como si lo estuvieran protegiendo.
Nuestro cuerpo de combate no era muy numeroso, por todas las bajas que habíamos sufrido, pero habíamos conseguido a los mejores.
Ellos nos superaban en número ampliamente, pero nosotros teníamos un plan y cerebros funcionales, estábamos motivados y por sobre todas las cosas muchas armas, habíamos recolectado toda la artillería que podíamos e incluso se habían desarrollado algunas nuevas.
Salimos al atardecer, para poder llegar en la madrugada y atacar a plena luz del día, el camino estaba prácticamente despejado, casi todos los zombies estaban en el lugar donde nos dirigíamos y los pocos vagabundos que nos cruzamos no suponían un problema para nuestro equipo. Me esperaba alguna emboscada en el camino, porque era obvio que ellos sabían que íbamos a buscarlos, pero no pasó, quizás estaban muy confiados en sus números y el los super soldados que desarrollaron, pero tenía la confianza de que subestimarnos sería su perdición, rogaba para tener razón.
El plan, en resumidas cuentas, era el siguiente: acabar con todos los súper zombis que encontremos y destruir cualquier muestra del virus para evitar que esto vuelva a suceder, si encontrábamos a los responsables del experimento se los podía poner bajo custodia o no, quedaba a criterio de los soldados, lo que no quedaba a discusión era que todos debían ser "sacados" de la sociedad, de una manera u otra. Yo por mi parte, no tenía pensado llevar prisioneros, esos "científicos" eran monstruos mas peligrosos que los zombies.
Llegamos al anochecer a las afueras de la ciudad y fijamos perímetro en un campo cercano, estableciendo el campamento.
Cuando salió el sol, un grupo de cincuenta soldados, incluidos Horacio, Simón, y yo, ingresamos a la ciudad.
Avanzamos unas cuantas cuadras por la avenida principal que estaba desierta, hasta que comenzaron a aparecer los zombis, el comité de bienvenida aparecía.
Tres de los súper se presentaron frente a nosotros, dos hombres y una mujer, ninguno era Tiago o Cristina.
Los zombies eran su ejército.
- ¡Acábenlos! – gritó uno de los hombres, y los zombis se vinieron sobre nosotros, como una manada hambrienta y desesperada.
La pelea comenzó, los súper-zombis estaban extasiados de ver como sus esclavos nos atacaban, y era justo lo que queríamos. Habíamos creado la perfecta distracción para darle tiempo a Miguel y otros francotiradores de acabar con ellos.
La primera en caer fue la mujer y decenas de zombis cayeron detrás de ella. Los otros dos se alertaron la presencia de los francotiradores en los techos, pero era tarde. Primero uno y después el otro, y su ejercito de títeres podridos con ellos.
Había sido demasiado fácil, pero sabíamos que a medida que avanzáramos las cosas se complicarían, porque eran muchos y ya sabían de nuestro primer plan de ataque.
Miguel y su equipo avanzaron por los techos, nosotros a pie. Mi equipo sufrió dos muertes en ese ataque y tres heridos, pero gracias a la vacuna, ninguno corría riesgo de convertirse, pero por razones de seguridad volvieron al campamento.
Cuando llegamos a la entrada de la biblioteca, se nos unieron cincuenta soldados más, y más zombis con su diabólico líder llegaron.
Está vez era un súper-zombi, pero con un ejército mucho más numeroso, estaba casi segura que era uno de los del vídeo de mi abuelo, eso lo haría uno de los primeros, por lo que sus marionetas eran muchas más.
Entramos a la biblioteca, la aseguramos y esperamos el ataque. Después de unos minutos la puerta fue derribada y los zombis ingresaron.
Nosotros ya estábamos en el túnel que Horacio había utilizado para escapar, corrimos lo más rápido que pudimos y unos segundos después se escuchó “BUM”, habíamos volado la biblioteca, y a muchos zombis con ella.
Los francotiradores hacían su trabajo desde el techo, pero un súper, comenzó a atacarlos, mató a tres, rompiéndoles el cuello como si fueran una rama. Por suerte Miguel lo bajó antes de que matara al cuarto.
En el túnel nos separamos. Horacio, Simón, yo y un grupo de diez soldados fuimos por un lado, los demás salieron para atacar por detrás al ejército que estaba frente a la biblioteca.
Nosotros corrimos por él túnel, era cuestión de tiempo para que se llenara de zombis.
Cuando nos faltaban tres cuartas partes para llegar, un grupo de ellos nos encontró, eran más que nosotros.
El líder del grupo que nos acompañaba decidió hacerse cargo de la situación con sus hombres, yo no quería dejarlos pero no teníamos otra opción, teníamos que terminar el trabajo y el tiempo era muy importante.
Horacio, Simón y yo nos separamos de ellos, esperando que el entrenamiento y el arsenal que tenían fuera suficiente para aguantar hasta que su líder zombie fuera derrotado.
Llegamos al final de los túneles y salimos a la superficie, estábamos en las afueras de la ciudad, en un canal de desagüe.
Leímos el mapa para saber nuestra ubicación y seguimos caminando.
Después de andar unos kilómetros nos encontramos con Tomy y cinco más.
- ¿Qué hacen aquí? – le pregunté furiosa.
- Vinimos a ayudarlos – respondió él.
- No – le dije.
Horacio me miró e intercedió por él.
- Necesitamos ayuda.
- De ninguna manera – le respondí.
- No es tu decisión – respondió Tomy – ya estoy cansado de quedarme sentado mientras ustedes se arriesgan, y esta vez es grande, y no voy a quedarme afuera.
- Tomy, es muy peligroso, no quiero que nada malo te pase – le dije acercándome a él.
- Mírame Cody – dijo – ya soy un hombre, no tienes que cuidarme más.
Lo miré y tenía razón, mi hermanito se había convertido en todo un hombre. Lo abracé y asentí a que nos acompañará, tenía un nudo en el estomago al hacerlo, pero no iba a poder convencerlo de que regresara, y nada me aseguraba de que lograría llegar al campamento a salvo si se iba.
Continuamos andando hasta llegar a una imponente y gigante mansión. Estaba rodeada de un muro elevado.
Llegamos al muro lateral de la casa y con la lente que Simón había diseñado vimos que todo el terreno que la rodeaba estaba cubierto de zombis, como una maldita alfombra de caníbales.
No había manera de pasar por ahí sin ser devorados hasta los huesos.
- ¿Cuál es el plan? – preguntó uno de los compañeros de Tomy.
- Crear una distracción – le dije, mirando a Horacio y a Simón.
- Ni lo pienses – dijo Horacio.
- Es la única manera – le dije.
- Ella tiene razón – acotó Simón.
Horacio negó con la cabeza, pero no se opuso más, en ese momento no importábamos como individuos, la misión era superior a todos nosotros.
Me ayudaron a treparme al muro y desde ahí tuve una clara visión del lugar. El césped del jardín, el ingreso y todo lo que fue en un momento el exterior de la casa estaba llena de c*******s. Me recordó cuando Tres Soles fue atacado y Tomi y yo fuimos a buscar a papá, solo que la cantidad de zombies era diez veces mas que en ese entonces. No había ninguna manera de pasar, ni un milímetro de terreno para evitar tomarse con la boca de esos monstruos.
Caminé por el muro unos metros hasta que me situé frente a la casa, teníamos una meta, y aunque me costara la vida, pensaba conseguirla.
- ¡Hey, Tiago, Cristina! – grité con todas mis fuerzas - ¡Todavía no me acabaron malditos! ¡Siempre fueron unos egoístas, cobardes, por fin consiguieron lo que se merecían, asquerosos traidores! – nada pasaba, los zombis de abajo seguían acostados en el piso sin moverse - ¡¿Qué pasa, me tienen miedo?!
Cuando terminé de decir esto la puerta de un balcón se abrió, Cristina salió.
- ¡Cody, amiga, que gusto ver que aún vives! – dijo ella, sonriendo diabólicamente como lo hacían todos sus compañeros. - ¿Por qué no vienes y lo hablamos?
- ¡Si, claro! – le respondí aún gritando por la distancia a la que nos encontrábamos – ¡yo voy a caminar sobre un mar de zombis para llegar contigo, mejor vienes tú!
Ella volvió a darme esa horrible sonrisa:
- No van a lastimarte – dijo ella – Ven.
- ¡Lamento informarte amiga, pero no confío en ti, así que despeja el camino, o sal! - remarqué la palabra "amiga", para que se diera cuenta que me había dolido su traición.
No respondió nada y se metió de nuevo a la casa, después de unos minutos, los zombis del piso comenzaron a levantarse y a moverse de lugar, me dejaron un camino de dos metros de ancho, con pilas de c*******s vivientes a los costados.
- ¡Gracias! – le grité y salté al patio de la mansión.
Caminé lo más pausado que pude, para darles tiempo a los demás de que me siguieran y por que tenía la sensación de que correr haría que los zombies se me tirarán encima, puedes amaestrar hasta cierto punto a una bestia depredadora, pero el instinto nunca lo abandona.
Llegué a la puerta de la casa y se abrió. Entré.
Lo que vi adentro me sorprendió, la verdad esperaba encontrarme con una interior decorado al estilo de los Locos Adams, pero todo estaba radiante, impecable, lujoso. Era obvio que los mugrosos zombis no entraban allí, y si entraban, de alguna manera evitaban ensuciar.
Me desplacé observando la hermosa habitación, seguí por un pasillo y llegué a lo que suponía era el recibidor, con una imponente escalera en el centro y una lampara gigante que colgaba del techo, era hermoso.
Cristina estaba parada en la mitad de esta, sonriendo y mirándome de una manera nada amigable.
- Ahora entiendo porque lo hiciste, este lugar es increíble – le dije devolviéndole la mirada.
- Tú nunca entenderás porque lo hice, eres demasiado estúpida – me respondió.
- La que se transforma en un monstruo para seguir al enfermo de su novio eres tú, pero la estúpida soy yo – le dije burlándome de ella – creo que te afectaron el poco razonamiento que tenías.
Con eso enfureció del todo, y de dos saltos estuvo al lado mío. Sus ojos parecían de fuego, tenía el rostro tenso y mostraba los dientes, cómo los perros rabiosos antes de atacar.
Quizás no era la opción más inteligente, el hacer enojar a un súper-zombi, pero por experiencia sabía, que la ira los volvía más irracionales, y necesitaba usar eso a mi favor.
De todas maneras, Cristina no me asustaba, nunca había podido derrotarme en un uno a uno en las prácticas en la base. Yo siempre fui más lista, más fuerte, más ágil y más rápida que ella.
- No va a quedar nada de ti cuando te acabe – dijo ella murmurando y respirando muy agitadamente, parecía que iba a darle un infarto.
- Como tu digas linda – le respondí, demasiado tranquila y confiada para la situación.
Ella me empujó y me tiró unos metros más allá, el golpe al caer dolió, pero nada comparado con el dolor que había sentido con la mordida del zombi.
Me puse de pie y saque mi arma, ella esquivó las balas mientras corría hacia mí, pero era justo lo que yo quería.
Cuando se me terminaron las balas, pretendí recargar y ella me ataco. Fue todo muy rápido, por eso el corte no fue preciso.
Cuando se lanzó sobre mí, saqué mis espadas y le corté un brazo, la idea era la cabeza, pero no tuve tiempo, ella era rápida.
Cuando vio su brazo en el suelo pegó un grito, que mas se pareció a un gruñido feroz.
- ¡Te voy a destruir! – gritó y se vino sobre mí.
Yo me corrí y ella cayó sobre un sofá.
- ¿Tu y cuantos más? – le respondí.
Ella se puso de pie y me miraba, caminando como los animales salvajes cuando acechan a su presa.
Las dos sabíamos que un movimiento en falso y se terminaría todo, así que teníamos que pensar bien.
- ¿Vamos a terminar esto hoy? – le pregunté con tono de superación – Porque no tengo todo el maldito día para pasarlo contigo.
Eso la enfureció obviamente, y su poco juicio se nubló de nuevo.
Vino hacia mí con todas sus fuerzas, y yo esperé hasta que estuviera lo suficientemente cerca, pero me falló el cálculo y antes de que pudiera blandir mi espada en su cabeza se tiró sobre mí. Ella era muy fuerte, incluso con un solo brazo.
Perdí mis espadas al caer al piso, ella estaba sobre mí, agarrándome el cuello con su única mano. Yo no podía salirme.
- ¿Sabes? – me dijo al oído mientras me olía – Tiago no quiere que mueras o te conviertas en un zombi, él te quiere, siempre fue así y por eso te odiaba.
Yo no podía respirar muy bien y menos hablar, pero lo que me dijo me dejo helada, nunca me lo habría imaginado.
- Pero ya estoy cansada de obedecer sus órdenes – continúo – creo que voy a hacerte mi esclava zombi, él no va a saber como pasó de todos modos.
Y cuando terminó de decir esto me arrancó un pedazo de carne del hombro de una mordida, el dolor que sentí fue mil veces peor que el de la primera vez, era cómo un millón de agujas clavándome mientras ácido me desintegraba la carne.
Cuando quise gritar, ella me tapo la boca, quería que me matará para dejar de sentir el dolor.
Cuando terminó se puso de pie, relamiéndose por el bocado que acababa de tomar de mí.
- Me cuesta no seguir comiéndote, pero prefiero ver como te conviertes en lo que tanto odias en unos pocos minutos.
Yo me retorcía de dolor en el suelo, seguramente la vacuna no funcionaba con un súper-zombi, su veneno era más fuerte y letal que el de los otros.
Después de unos minutos, que fueron horas para mí, el dolor comenzó a ceder y poco a poco fui sintiéndome yo misma de nuevo.
Cuando pasó del todo me puse de pie lentamente, sin levantar la cabeza para mirarla, pretendí tambalearme en mis pasos para que ella pensara que su plan había funcionado. Ella reía macabramente.
Cuando estuve al lado de mi espada en un rápido movimiento la tomé y se la lancé, atravesándole el pecho y clavándola en la pared.
Ella gruñó de dolor.
- Olvidé mencionar que encontramos el antídoto y la vacuna contra ustedes, así que lo siento, pero no hay más esclavos zombis para ti – le dije mientras tomaba mi otra espada y llegaba hasta ella.
Cristina intentaba salir de su agarre, y lo lograría si tenía el tiempo suficiente, pero yo no iba a dárselo.
- Yo siempre te consideré mi amiga – le dije – y la decapité.
Me costó hacerlo, porque de verdad la consideraba mi amiga, como la hermana que nunca tuve, pero ella había hecho su decisión.
Tomé mis armas rápidamente y miré por las puertas para ver si alguien o algo más venían por mí, pero parecía que todos estaban ocupados con la batalla de afuera.
Miguel y los demás soldados habían tomado camiones de bomberos y otros vehículos y estaba ingresando al patio de la casa, matando a todos los zombis que aparecían en su camino.
Decidí buscar a Tomy y los demás, y el maldito laboratorio donde se creaban los monstruos para ponerle fin.
Subí las escaleras, caminé por el pasillo de mi derecha, y en cuando estaba por pasar la tercera puerta, esta se abrió y Tiago apareció. De la puerta del frente salieron cuatro zombis y me empujaron hasta meterme en la habitación con Tiago.
Él me miró sonriente, pero no con su sonrisa tierna y seductora, si no con una macabra y escalofriante. Sus ojos eran rojos, su respiración parecía la de un animal enjaulado.
- Que gusto verte – dijo él, yo sólo lo miraba, esperando su movimiento de ataque – No me tengas miedo, nunca te haría daño.
Debo decir que eso me sorprendió bastante, porque obviamente el no tenía idea de lo que significaba “no hacer daño”.
La verdad es que Tiago no me asustaba, a pesar de la situación, siempre me había sentido segura y protegida a su lado. Eramos sobrevivientes de Tres Soles, y ambos nos habíamos anotado en el mismo grupo luego de ese ataque, teníamos historia. No una romántica, pero lo consideraba de mi familia.
Me senté en la cama, agarrándome el brazo, la herida dolía constantemente y por momentos el nivel del dolor subía y era casi insoportable.
El se acercó a mí y me tomó de los hombros.
- Estás infectada – dijo, mirándome a los ojos – ¡esto no tenía que pasar!
Y cuando terminó de decirlo lanzó un gruñido que hizo estremecer toda la casa.
- No te preocupes – le dije, aguantado el dolor – estoy...
Cuando terminé de decir esto me desplomé en la cama, no podía mantenerme, el dolor era muy insoportable.
El se puso sobre mí y me dijo al oído: - No voy a dejar que te conviertas en un zombi, dime donde estaba el zombi que te mordió.
- Abajo – le respondí casi susurrando, sentía que me desvanecía, y así lo hice, me desmayé, pero antes pude ver a Tiago salir de la habitación enardecido.
Después de un tiempo, no sé cuanto exactamente, me desperté, Tiago estaba a mi lado, cubierto de sangre, respirando agitadamente sin quitarme los ojos de encima.
- No te preocupes – dijo mientras me acariciaba la frente – ya maté al padre del zombi que te mordió, en realidad mate a tres, porque no estaba seguro de cual había sido, con eso tendría que ser suficiente para que no te conviertas - Tiago sin saberlo nos había ayudado en nuestra lucha, me felicité mentalmente por no decirle que ya había asesinado a quien me había mordido.
- Que alivio saberlo – respondí, intentando incorporarme en la cama. Cuando lo hice noté que mi ropa de combate había sido sustituida por un vestido n***o, muy lindo, pero totalmente inapropiado para la situación en la que estábamos.
Lo miré, mostrándole mi confusión por este detalle y el sonrió y me dijo:
- Siempre quise ver como lucias con un vestido, así que aproveché la situación – la sonrisa no se le iba del rostro.
- Claro, una batalla siempre en la mejor situación para usar un vestido – le respondí irónicamente mientras me ponía de pie.
Casi me caigo cuando salí de la cama, estaba un poco mareada, pero Tiago en un segundo estuvo detrás de mí para sujetarme.
- Gracias – le dije amablemente – Ahora podrías devolverme mis cosas así sigo con mi trabajo.
El sólo sonrió.
- ¿Y cual trabajo sería ese? – preguntó, mientras daba vueltas a mi alrededor.
- No es la gran cosa, solamente terminar con todos ustedes y salvar el mundo.
- Claro dijo él, buena suerte con eso - estaba burlándose, él no creía que fuéramos capaces de hacerlo.
Yo lo miré desconcertada sabía que no iba a devolverme mi ropa así que decidí salir de todas maneras. Abrí la puerta y tuve cerrarla inmediatamente, ya que afuera estaba lleno de zombis, los suyos seguramente.
- Parece que estás atrapada aquí, conmigo – dijo él mientras se servía un trago.
- Pensé que no ibas a hacerme daño – le dije alejándome de la puerta.
- Y no lo haré – respondió – pero sólo si te quedas conmigo.
- Que considerado – dije sentándome en la cama de nuevo.
- ¿Tienes hambre? – preguntó mientras me ofrecía una bandeja con comida.
Negué con la cabeza.
- Yo sí tengo – dijo él, destapando otra, dentro estaba el antebrazo de un hombre.
El lo tomó y comenzó a devorarlo, parecía un animal salvaje con su presa. La imagen me revolvió el estómago y me volteé para dejar de mirarlo, pero el sonido continuaba y no pude evitar vomitar. Creí que iba a morirme porque comencé a vomitar sangre, esto me asustó, pero antes de que pudiera caer, sentí a Tiago sentarse detrás de mí en la cama y sujetarme los hombros con fuerza.
- Acabas de eliminar el veneno – me dijo al oído, mientras me olía el cuello – no hay nada de que preocuparse ahora.
Sin embargo yo si me estaba preocupando, la forma en que me olfateaba me hacía pensar que el brazo que había devorado solamente había incrementado su apetito.
- Me estas poniendo nerviosa – le dije, pero el no pareció escucharlo, estaba demasiado extasiado con el olor de mi carne.
Después de un rato así, se tranquilizó un poco y apartó su nariz de mí.
- Lo siento – dijo – cuando comienzo a comer, me dan ganas de seguir haciéndolo.
- Me pasa lo mismo con los chocolates – le dije, intentando no sonar tan asustada.
- Eso es lo que mas me gusta de ti – dijo él, ahora estaba acariciándome – siempre le pones humor a todas las situaciones.
- Nunca me imaginé que te sentías así por mí – le dije.
- Nunca me animé a decírtelo.
- Pero si se lo dijiste a Cristina ¿verdad? – se puso un poco tenso.
- Sí, ella lo sabe.
- Tengo que reconocer que en un principio tu también me gustabas, y mucho – le dije, el se relajó de nuevo - pero luego comenzaste a andar con Cris, y nosotras nos volvimos amigas, así que simplemente te volviste inalcanzable.
- De haberlo sabido, las cosas hubieran sido diferentes.
- Las cosas todavía pueden ser diferentes – le dije volteando para mirarlo a los ojos – ayúdame a terminar con esto, estoy segura que encontraremos la forma de volverte normal.
- ¿Y para qué querría yo ser normal? – respondió con una sonrisa maléfica.
- Para que estemos juntos – le dije dándole un beso en los labios.
Sentí como todo su cuerpo vibraba, me tomó en sus brazos y me recostó en la cama, era obvio lo que quería hacerme, pero yo no estaba dispuesta, claro que el no tenía que enterarse.
- ¿En serio lo dices? – preguntó.
- Muy en serio.
- Sería mucho más sencillo si te convirtieras igual que yo – dijo sonando cada vez más excitado.
- No tengo ninguna intención de convertirme en un monstruo – le dije apartándolo de encima de mi.
- Yo no soy un monstruo – respondió.
- Si que lo eres – le dije.
Nos quedamos mirándonos unos minutos.
- No – dijo – vamos a hacerlo a mi manera.
Y me levantó en sus brazos como si yo fuera una muñeca de trapo y salimos de la habitación.
Continua