Los zombis afuera se apartaron con solo mirarlo, aunque se notaba que tenían muchas ganas de comerme hasta los huesos.
- ¿Cómo sabes que no se revelarán y me comerán? – le pregunté mientras avanzábamos por el pasillo atestado de zombis – después de todo es su instinto.
- No lo harán porque yo se los ordenó, no pueden desobedecerme, por más que se mueran por comerte.
- A mi me parece que algunos van a desobedecerte.
- No lo harán.
- ¿Y entonces por qué algunos están viniendo hacia nosotros?
Cuando dije esto el volteó justo a tiempo para evitar que un zombi me mordiera. Le tomó la cabeza con una sola mano y se la reventó. Fue muy asqueroso, pero muy efectivo, los pasillos de la hermosa mansión ya no estaban tan impecables.
Hizo lo mismo con otros dos, y cuando se dio cuenta de que eran demasiados me metió en la habitación más cercana.
Claro que como era de esperarse, había más zombis dentro, como media docena, y yo no tenía ninguna arma.
“Esto es genial” me dije a mi misma mientras esquivaba a los zombis.
Me encerré en el baño, ahí solo había dos y los eliminé atravesándoles el ojo con la punta de un toallero.
Los otros zombis querían voltear la puerta, y en cualquier momento lo harían, me había encerrado en un agujero sin salida.
Me metí en la tina, esperando mi hora, de repente los gruñidos fueron disminuyendo hasta desaparecer totalmente, y la puerta se abrió de golpe.
Yo me congelé en mi escondite, esperando no ser descubierta, entonces la silueta de un hombre apareció detrás de la cortina y cuando estaba a punto de abrirla me tiré sobre él golpeándolo lo más que podía con mi improvisada arma.
Estaba saliendo del baño cuando me tomó el pie y me tiró al piso.
- Si sigues golpeándome así voy a tener un trauma – dijo Horacio mientras se quitaba la cortina de encima.
No podía creerlo, mientras el se incorporaba yo me le lancé encima tirándolo al piso de nuevo.
- No puedo creer que estés aquí – le dije mientras lo llenaba de besos.
- Ya te dije que no voy a dejarte nunca, así que acostúmbrate a verme, y por favor deja de lanzarme al piso.
- Esta bien – le dije sin dejar de mirarlo y sonreír.
- Ahora salgamos de aquí – nos pusimos de pie y salimos.
No podíamos ir por el pasillo, por la horda de zombis que había allí, así que salimos por el balcón.
Afuera era de noche, la imagen de los alrededores no eran los que me esperaba. Al parecer íbamos ganando la batalla, miles de zombis yacían muertos del todo en el piso, había algunos incendios
Los que aún quedaban en pie estaban protegiendo la puerta principal.
- Vamos bien – le dije a H mientras caminábamos por la cornisa.
- Muy bien – dijo él – sólo quedan cuatro súper-zombis adentro.
- ¡Genial! – dije - ¿pero cómo lo sabes?
- Con los lentes de Simón, los zombis normales se ven azules en el lector, los humanos naranja y los súper-zombis blancos. Por eso es que te encontré.
Cuando termino de decir esto me sentí muy apenada, seguramente el había visto mis acercamientos con Tiago, por supuesto que todo tenía una explicación, pero no estaba en mis planes tener que dársela.
- Que bueno – dije intentando aparentar que la culpa no me carcomía - y ¿dónde están esos cuatro malditos?
El me miró, sonrió y me dijo que estaban reuniéndose en el sótano de la mansión, todos pensaban que iban a huir por ahí, aparentemente había túneles, motivo por el cuál teníamos que actuar rápido.
- La idea es acabar a esos cuatro y volar el lugar – dijo H – vamos a ir a buscarlos al sótano, pero en el camino vamos a colocar las bombas, no queremos dejar nada en pie, pero queremos estar seguros de que los súper estén bien muertos.
- Me parece una muy buena idea, podemos entrar por alguna ventana.
- Mejor vamos a reagruparnos, así de paso te cambias – me guiñó el ojo mientras descendía por un muro al patio de la casa; luego me ayudó a bajar y corrimos hasta los limites del terreno.
Salimos en el lado opuesto por el que habíamos ingresado, corrimos otro poco más hasta llegar al campamento, que se había trasladado mucho más cerca del objetivo.
Los heridos estaban siendo trasladados a Tres Soles, y puestos en cuarentena hasta estar totalmente seguros que no mutarían.
Me sentí muy aliviada al ver a Tomy, pero algo en mi interior me decía que el iba a estar bien por su cuenta, mi hermano si bien no era un soldado del campo de batalla, tenía muchas habilidades para defenderse.
Simón y Marcos también estaban ahí, y no pudieron evitar hacer comentarios sobre mi nuevo atuendo, los demás también lo notaron, pero no dijeron nada, yo tenía un rango superior que muchos de ellos, así que debían respetarme.
Entré en una tienda y me vestí con ropa de combate. Cuando terminé los demás ingresaron, querían saber que había visto en la casa.
Les conté todo, cómo había matado a Cristina después de que me mordiera, lo doloroso que fue la herida, como encontré a Tiago y lo que el hizo para que no me volviera un zombi.
Todos se asombraron al saber que Tiago había matado a tres de sus súper compañeros sólo para asegurarse de que su veneno no me invadiera.
Horacio no dijo nada sobre este asunto, solo estaba en un rincón escuchando muy seriamente todo.
Les conté como había vomitado sangre casi negra y que Tiago había mencionado que estaba eliminando el veneno.
Marcos me felicitó por haber manipulado a Tiago para que matara a sus compañeros, yo acepté el cumplido sin mencionar que me había desmayado antes de saber que estaba pasando.
Cuando terminé todos nos quedamos pensando un minuto, hasta que Tomy interrumpió el silencio:
- Eso no explica de donde sacaste el vestido.
No pude evitar sonrojarme, todos se sintieron incómodos, Horacio principalmente.
- No sé de donde vino – respondí avergonzada – me desmayé y cuando me desperté lo tenía puesto.
Esa explicación no mejoró la situación. Volvimos a quedarnos en un incomodo silencio.
No podía mirarlos a los ojos, porque sabía como obtuve el vestido, y sabía que todos ellos lo sabían, incluidos mi hermano y mi novio.
- Entonces – dijo Horacio intentando no sonar molesto – ¿él te dijo donde estaba el laboratorio?
- Sí – respondí – en el sótano, íbamos camino ahí cuando los zombis dejaron de obedecer y fueron tras de mí, así fue cómo termine en la habitación en la que me encontraste, Tiago me metió ahí para protegerme.
- Que considerado – dijo H en tono sarcástico, pero lo ignoré, era obvio que estaba molesto conmigo.
- Descubrimos que hay túneles que llevan a la casa, seguramente alguno nos llevará al sótano – dijo Tomy – el único problema es que están atestados de zombis.
- Entremos por la casa entonces – dije – vamos ganando, quedan unos cuantos de los súper-zombis, cuando los acabemos tendremos el camino despejado.
Debatimos unos minutos sobre que opción era mejor y acordamos que entrar a los túneles en este momento sería s*****a.
Decidimos descansar un poco esa noche y volver a atacar a la mañana siguiente.
Horacio y yo compartíamos la misma tienda.
Durante todo el tiempo de la cena y el camino a nuestra tienda, él no dijo ni una palabra, yo tampoco, porque la verdad no sabía que decirle. Tenía todo el derecho del mundo a estar molesto, aunque no por mi culpa, no al cien por cien por lo menos.
Nos acomodamos para dormir, yo sabía que no iba a poder pegar un ojo en toda la noche, había demasiado peligro afuera y no podía permitirme bajar la guardia.
Pero intente relajarme lo más que podía, para no hacer más tenso el ambiente, si es que era posible.
Horacio siguió en silencio mientras se acostaba, y unos minutos más después de eso.
El tampoco podía dormirse, pero seguía sin decirme nada.
No me aguanté más y rompí el silencio:
- ¿No vas a hablarme nunca más?
El me miró y no dijo nada. Eso me puso un poco molesta.
- Lamento todo lo que pasó, aunque claramente no fue mi culpa, por si no te diste cuenta, estaba secuestrada – mi tono no era amigable.
El no decía nada todavía.
- Es increíble, en serio – dije levantando un poco el tono – un psicópata me secuestra y te ofendes, es lo más estúpido que hiciste en todo este tiempo.
El se sentó, me miró, y sonrió como si no pudiera creer lo que le acababa de escuchar.
- ¿Es en serio? – me dijo
Yo lo miraba desconcertada y furiosa
- ¿Qué? - pregunté
- ¡¿Qué?! – repitió y movía la cabeza como intentando entender la situación – Entonces según tú, ¿yo me tengo que tragar que estabas en contra de tu voluntad con ese monstruo?
- ¿Qué estás diciendo? – le dije ahora totalmente confundida – ¡claro que era en contra de mi voluntad, no podía salir, el pasillo estaba lleno de zombis, tu los viste!.
- Efectivamente los vi – respondió – estaba lleno de los zombis de Tiago, motivo por el cual, si no me falla el razonamiento, si matabas a Tiago, los zombis que obstruían tu camino se terminaban de morir ¿o estoy equivocado?
Ahí como que entendí un poco más su enojo, pero igual no tenía sentido.
- No estás equivocado – dije, queriendo parecer superior - pero como bien dices, primero tenía que matarlo.
- Exacto – dijo.
- No podía simplemente matar a Tiago – dije como si fuera algo obvio – es mi amigo, compartimos mucho juntos, me salvo la vida en mas de una ocasión.
Eso pareció enfurecerlo aún más, se le notaban las venas del cuello.
- ¿Y Cristina? – dijo, intentando controlar la ira en su voz – cuando te conocí me dijiste que era como la hermana que nunca tuviste, y sin embargo la mataste sin dudarlo, y por como lo hiciste, hasta me atrevo a decir que lo disfrutaste.
- No es lo mismo – respondí mientras me sentaba – ella era un monstruo.
Horacio se puso de pie y se paró en la salida de la tienda.
- Tienes razón no es lo mismo, pero no porque Tiago no sea un monstruo, porque lo es, y uno mucho peor que Cristina, es distinto porque tú tienes sentimientos por él y no puedes ver la realidad.
Salió de la tienda cuando terminó de decir esto, no podía creer lo que había insinuado, ¿yo tener sentimientos por Tiago?, si que los tenía, pero no el tipo de sentimientos que él sugería.
Me calcé rápidamente y salí detrás de él a toda prisa.
-¡Vuelve aquí! – le grité mientras intentaba alcanzarlo - ¡no hemos terminado de hablar!¡quiero que me expliques lo que acabas de sugerir!
El se detuvo y me esperó, estábamos en los límites del campamento, dentro del bosque, pero seguramente todos o casi todos habían escuchado mis gritos.
Cuando estuvimos frente a frente, el me miró a los ojos, me tomó del rostro y me dijo, suave, pero no tiernamente.
- No sugerí nada, lo dije con todas las letras, es obvio que tienes un enamoramiento por Tiago, y si antes no hacías nada con él era por Cristina, pero ahora ella no esta, ¡tienen el camino libre para vivir su amor!
Yo me quedé helada, él estaba convencido que yo estaba enamorada de Tiago.
Lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, no podía controlarlas.
- Es tan injusto que me digas eso – le dije enojada y herida – no tienes ningún derecho, porque no tienes ni idea de lo que Tiago y yo pasamos. Es tan fácil ponerte en la posición del hombre engañado, celoso. ¿Nunca se te ocurrió pensar que tal vez, la negación a la realidad que tengo es porque no puedo aceptar que el hombre que arriesgó su vida miles de veces, para salvarme a mí y a muchos de los que estamos hoy aquí sea un monstruo? – yo estaba gritando, y no me importaba que la mitad del campamento nos estuviera mirando – Claro que tengo sentimientos por él, yo lo idolatraba; pasé los últimos años creyendo que mientras el estuviera cerca mío, iba a estar a salvo y que las cosas iban a mejorar para todos. El nos enseñó a trabajar en equipo, a nunca darle la espalda a tu compañero, a dar la vida por los amigos. Y eso es lo que éramos, amigos. Si él se confundió con sus sentimientos hacia mí, lo lamento, nunca fue mi intención. Pero no me culpes, ni me acuses por guardar la esperanza de salvarlo, porque si existe la más mínima posibilidad de que Tiago vuelva a ser el de antes yo voy a buscarla.
Las lágrimas no dejaban de salir mientras le gritaba todo esto a mi novio, claro que él no parecía conmoverse por mis palabras.
- O sea que ¿quieres recuperar al “héroe” que traicionó a sus amigos, dos veces, sin importarle cuantos de ellos morían, sólo para tener súper poderes? – me respondió H, en un tono elevado pero sin gritar – en serio eres más ingenua de lo creía.
Me dio la espalda y se alejó en el bosque.
Yo me quedé ahí, pensando en lo que había dicho, unos chicos siguieron a Horacio para traerlo de vuelta.
Simón y Miguel vinieron conmigo, caminamos hasta la tienda principal, nos servimos café y nos sentamos.
Nos quedamos en silencio unos minutos.
- ¿Qué quiso decir Horacio con eso de que Tiago nos traicionó dos veces? – pregunté.
Ellos se miraron incómodos, pero Miguel me respondió:
- ¿Recuerdas que Tiago vivía en Tres Soles?
- Sí – le respondí, lo recordaba, era un soldado de mi padre, si bien nunca habíamos interactuado demasiado, al ser uno de los soldados mas guapos del cuerpo, era muy conocido.
El prosiguió:
- La noche del ataque sucedió porque alguien de adentro les abrió las puertas, piénsalo, de otra manera era imposible.
- No – respondí incrédula – entraron al fuerte después de matar a los guardias de la puerta.
- ¿Cómo? – preguntó y se respondió – las puertas estaban cerradas automáticamente, sólo los guardias tenían las claves para abrirlas; y sólo lo hacían cuando estaban totalmente seguros de lo que iba a ingresar, y ante un ataque, con sólo apretar un botón sonaban las alarmas en todo el fuerte ¿escuchaste alguna alarma esa noche?
Me quedé pensando un rato y recordé que las sirenas sonaron cuando ya era muy tarde, cuando mi padre nos estaba sacando a mí y a Tomy del fuerte, así que negué con la cabeza.
- Cuando volvimos a Tres Soles, encontramos los reportes de ese día. ¿Adivina quien estaba de guardia? – dijo Simón.
- ¿Tiago? – pregunté.
- El mismo – respondió Marcos – él abrió las puertas y guió el ataque para que cuando se enteraran ya no se pudiera hacer nada.
- No puede ser – les dije agarrándome la cabeza – los guardias murieron, mi padre me lo dijo.
- Uno murió – dijo Marcos – sus restos estaban en el camión que trasladaba a los zombis, no recuerdo su nombre…
- Yo si lo recuerdo – respondí poniéndome de pie – ¡Me siento tan estúpida, por su culpa perdí a mi padre, a mis amigos, a mi novio, mi vida, y yo intentado salvarlo! Tiago era un monstruo antes de inyectarse la vitamina zombi.
Ellos asentían con la cabeza, yo me mordía los labios del odio que sentía, no podía creer lo idiota que había sido, y encima de todo me había disgustado con Horacio por su culpa.
- Horacio – dije para mí.
- Deberías hablar con él – me dijo Simón.
Salí de la tienda a buscarlo, pero antes de que pudiera encontrarlo la alarma sonó y el guardia de la torre gritó: ¡Nos atacan, todos a sus puestos!
El campamento se volvió un caos, todos corrían a sus puestos, y los zombis aparecieron, eran muchísimos, yo no veía a Horacio ni a Tomy, Simón y Miguel estaban cerca.
Tomamos nuestras armas y nos dispusimos a defendernos.
Claro que por atacar a los zombis del frente, descuidamos la retaguardia, y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos rodeados.
Algunos lograron quedar del otro lado del cordón de zombis, otros fueron su comida y otros quedamos en el medio, a punto de ser devorados.
Las municiones se nos acabarían en cuestión de tiempo, y los zombis seguían apareciendo.
De verdad pensé que ese era mi fin, no veía la forma de salir de con vida de allí, de ninguna manera podíamos matarlos a todos.
Éramos como veinte los que estábamos atrapados.
Cuando ya no quedaban mucho espacio entre ellos y nosotros, Miguel tuvo un plan, no se si brillante, pero fue al único que se le ocurrió algo.
- Todos tienen la vacuna ¿verdad? – preguntó. Todos asentimos. - Genial – dijo – esto es lo que haremos, vamos a correr en diferentes direcciones, seguramente van a mordernos, pero si somos rápidos no va a poder atraparnos, si nos llegaran a atrapar, no va a ser bonito, nos va a devorar hasta los huesos, pero para evitarlo, tenemos nuestras granadas, así que las detonamos, los que sobrevivan, nos vemos en la iglesia del pueblo.
Nos miramos todos, como intentando decidir si era la mejor opción o no, pero no teníamos tiempo para debatir o pensar.
- Esta bien gente, es ahora o nunca – dijo Miguel – a la cuenta de tres corremos, respiren, prepárense, ¡uno, dos, tres! ¡Corran!
Y así lo hicimos, sin mirar atrás, yo corrí con todas mis fuerzas, intentando no caer al tropezar con las cosas que habían en el suelo. Después de varios metros logré salir del mar de muertos vivos y seguí corriendo, no sé durante cuanto tiempo. Ya había amanecido cuando me detuve, estaba sola, en medio de un campo de grana.
Unos kilómetros más adelante se veía una granja, estaba totalmente perdida, no tenía ni idea de en que dirección quedaba la iglesia.
Decidí que mi mejor opción era la granja, a lo mejor, si tenia un poco de suerte iba a encontrar un mapa y agua.
El trecho que me quedaba lo hice caminando, ya no podía correr más.
Como a la media hora llegué a la casita, estaba abandonada, destruida, sucia, pero vacía.
Entré, busqué agua, no la herví, estaba demasiado sedienta, y no tenía cómo.
Me senté un rato en el pórtico, intentando digerir lo que había pasado, las piernas me temblaban, la respiración la seguía teniendo agitada, me tomó unos minutos calmarme, un poco no del todo, y ahí fue cuando me cayó la ficha de lo que había pasado: Estaba sola de nuevo, posiblemente la mayoría de mis compañeros estaban muertos, incluidos Tomy y Horacio, porque no los había visto, y tampoco sabía si Miguel y Simón habían logrado escapar.
Comencé a llorar de nuevo, ¿cómo podía ser posible? ¿Llorar dos veces a las mismas personas? era demasiado.
Estuve allí sentada un largo rato, tal vez una hora, o más, o menos, quien sabe. Cuando me quedé sin lágrimas decidí que iba a terminar con esto, de una vez y para siempre.
La única opción que tenía era el campamento, ahí tenía armas, así que busqué en la casa cualquier cosa que pareciera un arma y cuando estaba de salida, vi en el garaje una camioneta, totalmente arruinada, pero algo me dijo que serviría. La revisé y cruzando los dedos le di vuelta a la llave, no encendió al primer intento pero sí al cuarto, tenía algo de combustible, lo suficiente para llegar al campamento y luego a la mansión.
Comencé a atravesar el campo, ingresé al bosque, intentando no chocar contra los árboles y llegué al campamento. Como me lo imaginaba algunos zombis estaban tumbados en el suelo, pero eran menos de los que creí estarían, así que avancé lo mas cerca que pude de la tienda de armas, estacioné y me bajé, intentando no poner mi pie en la boca de ningún zombi, ellos gemían a mi paso, pero ni siquiera intentaban agarrarme, el sol estaba muy fuerte para sus ojos.
Dentro de la tienda había zombis en pie, pero no muchos, así que tomé una pistola y les volé la cabeza, puse todas las armas que podía en un bolso y salí, sentí que estaba viviendo un deja vú. Me dirigí a mi tienda, quería tomar mis espadas, el camino estuvo más complicado pero pude llegar, la tienda estaba caída, tuve que revolver para encontrar mis espadas, me llevó un rato pero las conseguí.
Algunos zombis comenzaron a arrastrarse en mi dirección, así que decidí que era hora de partir.
Me subí a mi camioneta y dejé atrás el campamento, rumbo a la mansión. Claro que mi orientación no era la mejor, y salí a un camino, gire a mi derecha, esperando encontrar mi destino, pero después de un largo rato llegué a una represa, estaba del otro lado de la mansión.
Afortunadamente había una gasolinera en el camino y tenía algo de combustible, así que conseguí el suficiente para retomar el camino correcto.
La tarde llegó, el sol se estaba poniendo, la vista era preciosa en el horizonte, me permití contemplarla con calma, dije una oración al cielo por todos mis seres queridos y les dije que quizás nos veríamos dentro de poco. Estaba convencida que iba camino a mi muerte, pero no pensaba morir en vano, iba a llevar conmigo a todos los monstruos que pudiera, empezando por el psicópata de Tiago. Estaba por vivir un nuevo Día Final, pero está vez sería el final de ellos y el renacer de la humanidad.
Continua.
Continua.