Escuchaba el acelerado palpitar del corazón de Frederick, mientras sentía sus delicadas caricias en su cabeza. Lo necesitaba de una manera que jamás imaginó. En ese momento en el que escuchó la plática de Heinrich y Christoph, se quedó helada, no podía moverse; pero bastó con el contacto de la mano de Frederick para sacarla de sus pensamientos, y su voz… su dulce voz que la llamaba para marcharse de ahí… Levantó la cabeza para mirarlo, en ese momento deseaba escapar, dejar a un lado el trono, a sus padres y todo el asunto de la rebelión; pero a la vez deseaba ver que ni sus padres, ni Markus Gross se quedaban con el poder. Ese mes que había convivido se había dado cuenta de que Heinrich era un hombre maravilloso, y sería un monarca justo, que velará por el bienestar de los habitantes de

