Frederick sentía el temblor del cuerpo de Annelise, era la segunda vez que la veía tan afectada, y le dolía mucho más que la primera vez. La presión en su pecho incrementó en medida que lo hicieron los sollozos de Annelise. Quería hacer algo para que dejara de llorar, no soportaba verla así. Pero tenía que ser sincero, no había ni una sola palabra que pudiera consolar el destrozado corazón de Annelise, o borrar las palabras dolorosas que había dicho el Rey. Lo mejor en esa situación era permanecer en silencio, demostrando que ahí estaba para contenerla. La aferró con delicadeza y cariño a su pecho, cuando sintió que su sollozo incrementó. Depositó un suave beso en su frente y acarició su cabeza. Pasaron los minutos, y afortunadamente el llanto de Annelise se suavizó; los temblores segu

