Al anochecer, el palacio lucía lúgubre, la mayoría de los criados se encontraban temerosos, y buscaban a toda costa evitar a los invasores; aunque habían algunos valientes que se encontraban fuera de la habitación de Annelise, para evitar que alguno de esos malhechores la dañara. El relinchar de los caballos sonó como eco en el palacio, lo cual no era nada extraño, pues todo se encontraba en un aterrador silencio. Annelise se levantó de su tocador y se dirigió a la ventana, ¿quién sería a esas horas de la noche? Se asomó y se sorprendió al ver a los patriarcas de las familias aliadas, ¿habrá pasado algo? Con una evidente preocupación se aproximó hacia la puerta; al abrirla se percató que muchos de los criados y criadas se encontraban afuera de su habitación. —¿Ocurrió algo? —cuestionó

