Annelise no terminó toda su comida, aunque no le faltó mucho, eso dejó menos preocupado a Frederick, así que terminó comiéndose el resto. —¿Te gustó la comida? —cuestionó, interesado; en caso en que no le gustara, podría buscar a alguien más que se apiadara de ellos, o pedir a Heinrich una caja con suministros y cocinar ellos. —Disfruté mucho la comida —sonrió cálidamente. —Perfecto, entonces esperemos que Hildegarde siga apiadandose de nosotros. —Esperemos que sí. —Llevaré estos platos para que se laven —tomó los platos que acababan de ocupar y también los dos desagradables descubrimientos de Annelise—, no me tardo. Salió de la cabaña, dejándola sola. Cerró las sillas que acababan de desocupar y saltó hasta la cama; se dejó caer en el colchón con nada de delicadeza y observó a

