Escuchar la voz de su hermano, lo hizo separarse de Annelise, dándole fin a ese ansiado y hermoso beso. Se incorporó, su hermano estaba delante de ellos, su respiración era acelerada y tenía los puños apretados. —¿Qué demonios estaban haciendo? Annelise se sentó, aún estaba perdida en todas las sensaciones que el beso de Frederick había despertado en ella. Llevó una mano a sus labios, y con sus dedos lo acarició, mientras que la otra la colocó a la altura de su pecho. —Ponte de pie, maldito cabrón —tomó a su hermano de su camisa y lo puso de pie—, ¿qué demonios están haciendo? —sus manos temblaban debido al coraje que sentía—, levántate —iba a tomar a Annelise para ponerla de pie, como había hecho con Frederick, pero su hermano lo detuvo. —Ni se te ocurra tocarla —empujó suavemente

