—Mi adorada princesa —caminando con seguridad se acercó a ella, finalmente la habían dejado sola, y eso tenía que aprovecharlo—, me alegra que por fin me den la oportunidad de acercarme a tí —tomó la mano de Annelise y depositó un suave beso en el dorso. —Frederick —sonrío ampliamente al tenerlo frente a ella—, ¿por qué me hablas así? —palmeó el asiento a un lado de ella, invitándole a acompañarla. —Eres mi princesa… Escuchar esas palabras de los labios de Frederick, y con esa sonrisa seductora decorando su rostro, provocaron que su vientre fuera invadido de nuevo por esas bien conocidas cosquillas. —¿O no es así? —acercó su rostro al de ella, sin dejar de mirarla y sonreírle seductoramente. Sus rostros estaban lo suficientemente cerca, que sentía la suave y acelerada respiració

