Su turno por fin había terminado, se estiró con pereza, lo que más deseaba era acostarse en su cómoda cama y despertar hasta el mediodía, era lo mínimo que merecía después de largas horas de desvelo. Caminó en dirección a su cabaña, aún no salía el sol por completo, así que no sería gran problema dormir por la claridad. Por fin apareció su cabaña en su campo de visión; frunció el ceño, había alguien adentro ya que por la ventana se podía apreciar el destello de una tenue luz, él no había dejado nada encendido, de eso estaba seguro… caminó con un poco más de rapidez, no era que se preocupara que pudieran robarle algo, la verdad era que su cabaña carecía de muchas cosas, y no tenía nada de valor ahí; además, los habitantes de la aldea eran como familia, era imposible que se robaran unos a

