Ludwig le había dicho que pasaba de la una de la tarde, se suponía que Frederick pasaría por ella a medio día, pero aún no llegaba. Dejó sobre sus piernas el libro que estaba “leyendo”, la verdad es que había pasado algunas páginas sin entender, ni recordar ni una sola palabra. —El que veas la ventana y la puerta a cada minuto, no hará que llegue más rápido —Ludwig entró a la cabaña por la puerta de atrás. —Me duele mucho la espalda —estiró sus brazos hacia arriba—, deseo salir; solo he estado sentada en esta silla y en cama. —Estás lastimada, no puedes salir —dejó sobre la mesa, un bowl con algunas hierbas medicinales—, no entiendo por qué te dijeron que vendrían tan temprano, si ni siquiera te puedes mover. —Me siento aburrida —dejó salir un dramático y profundo suspiro. —Que bu

