Mencionó después de un par de minutos; le había dado muchas vueltas a las palabras de Annelise, y aún no entendía por qué estaba tan animada si se había rendido; si el se sintiera derrotado, y perdiera todas las esperanzas, seguramente no tendría ganas de salir, ni de comer, ni de limpiarse; estaba seguro que se sumiría en un abismo del cual no podría salir. —Aún no entiendo por qué parecías tan animada con Ludwig —al ver el rostro divertido de Annelise se apresuró a añadir—, no es que quiera verte mal… pero me parece extraño. —Nunca me he considerado pesimista —sonrió—, aunque mi madre diría otra cosa. —Yo tampoco me considero pesimista… pero —guardó silencio al darse cuenta lo que iba a decir. —Dilo —sonrió. —Bueno —aclaró su garganta—, tu has dicho que has dejado de luchar, pe

