Cuando llegaron al campamento, volvieron a ser el centro de atención de la mayoría de los habitantes. Annelise se removió incómoda entre los brazos de Frederick y buscó la manera de ocultar su rostro en su pecho. —¿Qué te apetece comer? —le preguntó Frederick para distraerla de la atención que están recibiendo, ¿por qué eran tan indiscretos? —¿Tenemos elección? —preguntó sin elevar su rostro. —No, de hecho tendremos que buscar a alguien que se apiade de nosotros, y nos quiera regalar un plato de comida. —¿Crees que alguien quiera hacerlo? —lo miró con interés, dudaba que alguien quisiera alimentarla. —Si no lo hacen podemos preparar algo —se encogió de hombros. —¿Sabes cocinar? —el interés era demasiado evidente en su rostro. —No —sonrió—, pero jamás es demasiado tarde para

