La vida tiene una manera muy caprichosa de hacer las cosas, un momento estás quejándote por algo que no tienes y al otro te topas con que la vida te está dando una sorpresa.
A mis pies está una pequeña criatura de ojos verdes y cabello pelirrojo, una criatura verdaderamente hermosa que me observa con detenimiento.
Ojeo a mis alrededores, esto debe ser una cámara oculta, ahora aparecerá Rogelio con un grupo de personas y comenzarán a reírse a carcajadas mientras me gritan que caí de nuevo.
Eso fue lo primero que me pasó por la mente cuando vi esa escena, pero pasados unos minutos no llegó nadie a decirme que aquello se trataba de una broma. Por el contrario, el bebé comenzó a llorar y no me quedó más alternativa que meterlo a la casa junto con el bolso que se encontraba a su lado.
Le di una ojeada a su pequeño cuerpo, casi debajo se encontraba un rollo de papel que extendí con las manos temblorosas. Un acta de nacimiento a medio completar, un espacio para escribir el nombre del bebé y el nombre de los padres del niño. Porque si, efectivamente, se trata de un niño.
Me quedé pasmada y dudando que debería de hacer con ese niño, lo primero que vino a mi mente fue que la mejor solución sería llamar a la policía. Porque ese niño no era mi hijo y quizá fue robado de alguna familia, sobre todo porque no suena muy legal que llegara a la casa con un acta de nacimiento a medio completar.
Se supone que en el hospital te dan ese papel ya completo para que la única tarea que tendrían los padres sería sacar los documentos de identidad del bebé.
Pero después me cuestioné que si llevaba a ese niño con la policía y no encuentran a sus verdaderos padres, quedaría en las manos de la justicia hasta que se decidiera que se podría hacer con él. Por supuesto que a una mujer de clase baja como yo que trabaja como una simple secretaria y le cuesta llegar a fin de mes por cuenta propia, le sería imposible que la justicia le dejara a cargo a un menor. Lo más preocupante que pasó por mi mente es que debería de decirle a Rogelio cuando vuelva a la casa y se encuentre a una pequeña criatura llorona, que dicho sea de paso, le privará del sueño en los próximos meses.
A mi familia puedo encontrarles una justificación, como que inicie el papeleo de adopción meses atrás al ver que el embarazo fue casi imposible y lo único que me haría falta sería el apoyo de mi esposo. Me lo estuve planteando desde varios puntos de vista, cualquiera diría que es una completa locura, pero a la vista de una mujer que solo desea ser madre esto es la bendición que estaba esperando.
Revisé, entre las cosas que traía, algunas prendas, unos cuantos pañales y una lata de polvo para hacerle la leche. Más de lo que esperaba que tuviera, lo que verdaderamente me asombró es que traía dinero, como si la persona que lo hubiera dejado estuviera dándome un soborno para quedarme con él sin decir una palabra.
...
Una vez que le cambié el pañal sucio que me costó más de lo que pensaba y le logré hacer su leche leyendo los instructivos, se quedó dormido, nunca pensé que fuera algo tan difícil de lograr. Leyendo los libros para madres primerizas tenía la sensación de que todo sería una tarea fácil; sin embargo, en reiteradas ocasiones sentí deseos de llorar, ahora admiro mucho más la tarea de ser madre.
De repente la puerta de entrada se abrió, pude ver la sonrisa sobre los labios de Rogelio desvanecerse y quedarse petrificado sin saber qué hacer o decir.
—Voy a salir ahora y cuando entre esto no será real —murmura presionando su entrecejo.
Y tal como lo dijo lo hizo, salió por la puerta para luego de varios minutos volver a entrar. Se quedó con la misma expresión que en un principio, pero esta vez sus manos temblaban y parecía realmente alterado.
—¿¡Qué es lo que está pasando en esta casa!? —levanta el tono de su voz irritado.
—Baja el tono de voz, vas a despertarlo y me costó bastante dejarlo dormido —me quejo en susurros.
—Por supuesto que te debe haber costado, no eres madre y no tienes la menor idea de como cuidar de un bebé —se cruza de brazos frente a mí— ¿De dónde salió esa cosa?
—No es una cosa —respondo ofendida— Lo dejaron en la puerta de la casa y estoy decidida a quedarme con él.
—¿¡Te volviste una completa loca!? —grita furioso— No vamos a quedarnos con ese niño, justamente esto quería evitar cuando me hice esa vasectomía.
—Si quieres que se vaya voy a irme con él, ya no tendrás una esposa y no importa cuanto te arrepientas, no voy a volver —respondí con firmeza.
—Ese bebé tiene sus padres Didiane, deben estar buscándolo y vamos a meternos en problemas si no lo entregamos —dice en un tono suplicante.
—No creo que si sus padres lo quisieran lo habrían dejado en la puerta de mi casa con una partida de nacimiento a rellenar, solo tiene su fecha de nacimiento y el hospital en el que nació —me quejo esta vez cruzada de brazos yo— No dice los nombres de los padres, eso es evidente que lo dejaron a rellenar para quien se quede con él, ya que te negaste a darme hijos me quedaré con él.
—Esto solo puede ser una maldición —se lamenta con un gesto de angustia.
—Sí, es la maldición que Dios te envió por haberle mentido a tu esposa —rodeo los ojos y me siento con el bebé.
—Yo no pienso poner ni un solo centavo para la crianza de ese niño —me avisa con frialdad.
Cuando pensaba que nada podría sorprenderme viniendo de él lo hizo, volvió a sorprenderme con la frialdad que actúa. Una criatura inocente y él nuevamente actúa de ese modo.