— No Belinda, esto tiene que ser una maldita broma de tu parte, ¿Verdad? ¿Cómo puedes estar diciéndome que ahora estás embarazada de mí? — le he preguntado a Belinda, sintiendo como la sangre se hervía por en medio de mis venas haciéndome caer en cuenta que ahora si que realmente estaba enojado con ella por esta broma de mal gusto. Ella se queda solo mirándome, como buscando con su mirada las palabras necesarias para responder a todo mi cuestionario. — Max, te estoy diciendo diciendo la verdad, ¿Qué no recuerdas que en la mañana, durante el desayuno de ayer, estuve sintiéndome muy mal? — preguntó Belinda. —Mm, sí, lo recuerdo, pero ¿Que hay con eso? — le preguntó con insistencia. — Bueno, seguí sintiéndome demasiado mal, no pude ir a los entrenamientos, y entonces, mi madre comenzó a t

