-Así que tú eres el famoso "Topo". -dijo Sam, estudiándome con la mirada-
-No es un topo, tonta. Yo le decía "topito". -Miranda me miró- Conocí a Sam el mismo año que me adoptaron. Era mi vecina y se convirtió en mi mejor amiga. -sonrió-
-No paraba de llorar diciendo que te extrañaba. -dijo Sam, Miranda se sonrojó y miró a otro lado, yo sonreí- Oh, díganme que no lo estoy imaginando. -agarró a Miranda del brazo y la sacudió señalándome- Acaba de sonreír, Miranda.
-Ni que fuera un alien sin sensibilidad en las mejillas -dijo Miranda- Los amargados también sonríen.
-No es que no quiera hablar de mi sonrisa, pero, debo irme. -me levanté de la banca y comencé a caminar en dirección a la salida de la universidad-
Miranda estuvo todo el día pegada a mí. No es que me molestara, de hecho, extrañé su compañía y haberla tratado de mimada fue un error. En los cambios de hora siempre hablábamos acerca de lo sucedido en los últimos años (evitando cierta parte de mí). En realidad, ella era la que contaba todo. Yo la escuchaba y no podía parar de pensar en que estaba cometiendo un error.
¿Y si la lastimo? ¿Y si algún día mis poderes se salen de control? ¿Y si ella descubre que tengo esta maldición y se aleja de mí, otra vez? No puedo permitirlo. Definitivamente debo evitar enojarme o seguir impulsos.
-¿A dónde crees que vas? -dijo Miranda detrás de mí- Vamos para el mismo lado.
-Creo que hablar de su sonrisa lo puso nervioso -dijo Sam con burla- Oye, gruñón. Deja de comportarte así, que lo único que logras es espantar a la gente. Sonríe más, pareces zombie.
-Es costumbre espantar gente. -hablé-
-Se nota. -Miranda le pegó a Sam- Auch, loca.
-Maleducada. -dijo Miranda- Viven en el mismo edificio... -comentó- ¿En que piso vives, Brian?
-El séptimo.
-Yo vivo en el último. -dijo Sam- Es el mejor. Puedo escupir abajo y las personas no se lo esperan.
-Mucha información. -dije mientras nos acercábamos a mi edificio-
-Odio salir tarde de la universidad. -se quejó Miranda- Tengo sueño. -bostezó- ¿A que hora es tu cita, Sam?
-En media hora viene el zoquete a buscarme.
-¿Por qué aceptas una cita si no te cae bien? -pregunté-
-Las mujeres no tenemos lógica. -dijo- Solemos cambiar de opinión, ánimo y personalidad muy seguido. -Miranda la miró atenta- Ella, por ejemplo, en un momento puede estar peleándote y al otro abrazándote. Es muy bipolar.
-Tú eres la que estuvo a punto de agarrarse a puñetazos con Brian y luego dijiste que te caía bien. -repuso Miranda-
-Es cierto lo del abrazo. -dije- Cuando Olga te dijo que era yo, me saltaste al cuello. -ella se sonrojó-
-Te había extrañado... -murmuró- Llegaron. -señaló la puerta del edificio- Nos vemos, par de bipolares. -abrazó a Sam y le deseó suerte con su cita, a mí también me abrazó y luego la vi alejarse del edificio. Entré y me tiré en la cama-
***
Timbre de mierda. ¿Quién rayos molesta a esta hora? Son las dos de la mañana.
Me levanté y caminé somnoliento hasta la puerta del departamento. Ni bien abrí la puerta, un matojo de cabellos oscuros me abrazó fuertemente, haciéndome casi caer para atrás.
-¿Mimi? -pregunté- ¿Tienes idea de la hora que...? -me callé al escuchar un sollozo- Miranda, ¿estás bien?
-Murió... -escuché que balbuceó-
-¿Quién? -pregunté. Hice que me soltara y la senté en el sillón. Ella estaba llorando desconsoladamente y se tapaba la cara- ¿Qué sucedió, Miranda? -la agarré del hombro-
-Mi padre adoptivo murió, Brian. -su llanto aumentó- No pude despedirme de él. -me abrazó de vuelta y siguió llorando. Acaricié su espalda, sin tener ni puta idea de cómo carajos consolar a una chica- Murió, no lo veré más.
-Shh... Tranquila, Mimi... Llora, no te lo guardes. -acomodé sus piernas en mi regazo y se acurrucó en mí. Me era tan extraño todo esto... Y a la vez me sentía útil. Sentía que ayudaba en algo-
-Siento despertarte a esta hora, es que Sam no está... Soy una idiota. -se limpió las lágrimas- No debí venir. -trató de pararse pero no la dejé-
-De pequeños llorábamos uno frente al otro, fuera la hora que fuera. No veo por qué tiene que ser diferente ahora... -volvió a sollozar y yo la abracé- No te preocupes, Miranda. Yo estoy aquí de nuevo. -se me hacía raro escucharme hablar así-
Al cabo de un rato, su respiración se tranquilizó y se hizo más lenta. Al parecer se había dormido. La alcé en brazos y la llevé hasta mi cama, la acosté y la cubrí con las colchas para protegerla del frío que había esa noche. Se veía muy vulnerable, me recordaba mucho a nuestra infancia. Antes de descubrir que tenía poderes y que dañaría a todo aquel que se me acercara.
-No te vayas, topito... -susurró aún dormida-
-Aquí estoy... -respondí y me senté en el suelo, al lado de la cama, mientras ella abrazaba mi brazo-
Me siento el pequeño Brian sin poderes que podía vivir tranquilo, que tenía una amiga que consolar y que lo consolaba, que no tenía que alejar a la gente.
Todavía tengo miedo de dañarla, no podría hacerle eso, no a ella. Pero no quiero alejarla, es el único buen recuerdo que tengo del orfanato.