Narra Miranda Cohen:
Salí de la universidad luego de ir a buscar otra barra de cereal, eran las más ricas del universo. Pero olvidé e ignoré todo a mi alrededor cuando vi una cara conocida y que formaba parte de mi pasado.
Me acerqué sin dudarlo.
-¿Hermana Olga? -pregunté con inseguridad, puesto a que después de unos quince años, no estaba igual- ¿Es usted? -mis dudas se esfumaron cuando la anciana me sonrió con emoción-
-Mimi... -corrí hacia ella mientras una lágrima se escapaba de mi ojo. La abracé fuertemente- Que grande estás, mi pequeña Mimi... -me acarició la espalda con sus arrugadas manos-
-Te extrañé tanto... -lloré en su hombro- Extrañé mucho a todos. -me separé y limpié mis lágrimas- A ti, a la cocinera, al tonto de Dan... Oh, cómo extraño golpearlo. ¿Cómo está topito? ¿Lo adoptaron? ¿Quién? -ella rió al escuchar tantas palabras salir de mi boca, luego miró detrás de mí y yo volteé- ¿Qué haces aquí? Vete, estoy hablando con esta mujer, maleducado. -dije ofendida-
-No trates a Brian así, Mimi... -me regañó Olga-
-Pero él es el que empieza, Olga, es un maleducado y desagradecido... Un momento. -miré a Brian. Él se veía sorprendido y me miraba de una manera que jamás me había mirado- ¿Tú la conoces? -señalé a la hermana-
-Mimi... -la mano de Olga se posó en mi hombro- Él es tu amigo... Topito. -miré a Brian con el ceño fruncido. Esto debe ser broma. Topito era feo, enano y su cabello era más claro. Analicé las facciones de Brian y... Dios mío-
-No puede ser... -sin dudarlo salté a abrazarlo. Él se tensó. No me devolvió el abrazo pero tampoco me apartó- Eres tú... Por eso me resultabas tan familiar... Cielos...
-Mimi... -susurró él. Me alejé y él tenía la mirada perdida-
Narra Brian Huston:
Mimi... Mi única amiga en el orfanato. La única que tuve en toda mi vida... Era Miranda. Por eso su gesto de morderse el labio se me hacía tan conocido, ella hacía eso cuando estaba nerviosa. No puedo creerlo. Mimi... Ella está aquí...
-Los primeros años en mi nueva vida no pude evitar extrañarte... Me hiciste mucha falta. -la miré. Sus ojos brillaban por las lágrimas. Yo seguía sin poder pronunciar una palabra-
-Y puedo asegurarte que él también. -dijo Olga con una gran sonrisa- No había nadie que lo defendiera de Dan como lo hacías tú. -Miranda sonrió y se limpió una lágrima-
-¿Quién te adoptó? -me preguntó Miranda-
-Yo... -dios, no podía hablar de la impresión-
-No lo adoptaron. -habló Olga. Miranda me miró con pena. Sus ojitos color cielo, los que tantas sonrisas me sacaron de pequeño cuando hacía alguna cara rara, me miraban con pena-
-Lo siento... -dijo-
-No es tu culpa. -al fin una oración completa y coherente de mi parte- Dios, no puede ser. -me acerqué a ella y le toqué el cabello, para comprobar que era ella la niña con la que jugaba, reía y lloraba- Mimi...
-No me llames así. -Miranda sonrió y volvió a limpiarse una lágrima- ¿O quieres que te llame por tu apodo? Ya ni recuerdo por qué te puse ese así...
-Porque cuando se pusieron a cavar pozos en el patio, él era fue rápido. -habló Olga- No puedo creer que hayan pasado tiempo juntos en la universidad y no se hayan reconocido. -no podía sacar los ojos de Miranda. Sigo creyéndola irreal-
-Es que ahora es alto. -habló Miranda mordiéndose la boca- Y un completo amargado. -me miró con reproche-
-Y tú sigues igual de pesada. -sonreí, después de tantos años de no sonreírle a otra persona que no fuera Olga-
-Oh, yo no he cambiado nada. -dijo Miranda, y era cierto, con la excepción de que la pubertad le hizo muy bien-
-Sigues de la misma altura que cuando te fuiste.
-¡Eso fue un golpe bajo! -protestó, poniendo su famosa cara de enojada, que consistía en fruncir el ceño y hacer un casi imperceptible pucherito, luego me sonrió y ladeó la cabeza- ¿Quién diría que volvería a cruzarte después de tantos años?
-Antes tú me defendías de Dan, ahora yo te defiendo de Francis. Cómo cambian los roles, ¿no? -mi sonrisa era imborrable, algo raro en mí-
-Si no mal recuerdo, fui yo quien te defendió hace un rato. -señaló la puerta de la universidad-
-Yo no te pedí que te metieras en mis problemas. -le dije-
-¿Estás teniendo problemas, pequeño Brian? -me dijo Olga, olvidé que estaba aquí-
-No, es sólo un Dan con nombre distinto. -respondí-
-Recuerda no meterte en problemas, pequeño. Hablar siempre soluciona las cosas.
-Eso es cierto. -dijo Miranda- Háblale en su idioma mono gruñón, que te sale perfecto.
-¡Miranda! -regañó Olga a la castaña- No digas eso...
-Pero, él fue... -me señaló. Fue como revivir momentos de mi pasado, cuando ella rompía algo y me culpaba a mí. Olga rió y luego tosió-
-Debemos irnos, Olga. Puedes enfermarte más.
-¿Estás enferma? -preguntó Miranda-
-Sí...
-¿Dónde vas a quedarte?
-Viviré con Clancy, mi primo. -dijo ella- Es a unas pocas calles de aquí.
-¿Vivirás aquí? -dijo con una gran sonrisa- Eso es fantástico. -comenzamos a caminar- Yo vivo en un departamento de aquí cerca. Podré visitarte.
Mientras caminábamos en dirección a la casa de Clancy, que es al lado del bar, ellas se pusieron al día de todo lo que pasó en el tiempo que no se vieron. Jamás me molestó ser ignorado tanto como ahora. Yo nunca necesitaba atención, pero ahora necesitaba la de mi antigua mejor amiga. La extrañé tanto...
-Llegamos. -dijo Olga- Adiós, mis pequeños piojitos.
-Adiós, Olga. Fue una alegría enorme volver a verte. -la abrazó y volvió a llorar. Esta chica es una gotera- Prometo visitarte seguido.
-Adiós, Olga, nos vemos mañana. -la abracé por segunda vez en un día y entró a la casa de Clancy-
-Topito... -dijo Miranda con humor y burla- Tu departamento está a una cuadra para allá. -señaló el camino por el que habíamos venido-
-¿Cómo sabes? -ladeé la cabeza-
-Sam vive ahí también...
-¿Quieres... Quieres que te acompañe a tu departamento? Se hizo de noche. -esa era la desventaja de ir a la universidad. Habían clases que duraban hasta tarde-
-Sería genial, topito. -sonrió y comenzamos a caminar-
-No me llames así, Mimi.
-Lo siento, es que extrañé a mi amigo. -una cálida sensación me invadió el pecho- Aunque seguiré extrañándolo, porque, cuando me fui, era un niño alegre, no un gruñón, malhumorado y amargado chico. Devuélveme a topito, bestia. -me reí y suspiré-
-Pasaron cosas, no soy así por nada... -recordé el daño que causé y a las personas que alejé. No quería alejar a Mimi de mí, no de vuelta-
-Entiendo... -miró al suelo- Ahora entiendo por qué me resultabas tan familiar...
-Sí, tú también me resultabas familiar. -respondí-
-Es increíble que después de quince años sin vernos, de pronto descubra que "el raro Huston" es mi mejor amigo de la infancia. -me miró- Tú estuviste en los momentos más difíciles. Te necesité mucho.
-Yo también.. -admití, casi inaudible-
-Es aquí... -señaló la entrada al edificio- Gracias, Brian.
-No hay de qué, Miranda. -sonreí levemente- Adiós.
-Adiós... -nos quedamos en silencio. De pronto no resistí más y la abracé. Un abrazo que necesité durante muchos años. Ella me correspondió. Yo tenía que agacharme para poder abrazarla- Odio que hayas crecido tanto, maldito infeliz. -me reí-
-Enana. -me separé y besé su mejilla- Nos vemos... -me di vuelta y comencé a caminar-
-Hasta mañana... -escuché que susurró-
¿Desde cuándo abrazo gente y beso sus mejillas? Verla luego de tanto, debe haberme afectado.