CAPÍTULO SEIS: ARROZ CON LECHE Y PASAS

1970 Palabras
(***) Estacionó la moto en la entrada, sonrió al ver a sus tres amigos en la fila, estaban bromeando y desde donde estaba, Amancio tenía el ceño fruncido. Revisó su celular, viendo el último mensaje de Maira, diciéndole que estaba en un box privado con sus amigas, que ahí los esperaban. Era una muchacha estupenda, jovial y tenaz. Estaba seguro que la cita saldría bien. —¿Te costó ponerte las pestañas, Andecito? —Gonzalo preguntó con evidente ironía. —Gracioso. ¿Están listos? —Espero sea una noche agradable, miren que bien podríamos estar en alguna playita, comiendo rico y con personas conocidas —siseó Amancio, no era muy devoto de conocer personas, de hecho, era poco amistoso con los desconocidos. Tenías que ser alguien diferente al resto para poder capturar su atención y cuando eras parte del grupo, Amancio te daba su cariño y protección siempre. Era de esos amigos leales. —¡Cambiemos las caras! Son cuatro chicas hermosas, ¿Cuál es el miedo? Andes quiso responder, pero se mantuvo en silencio y es que él tenía un presentimiento sobre esa noche, no todo saldría como quería, pero, ¿Cuándo algo ha salido correctamente como ha querido? Cierto, nunca. Entregaron sus boletos e ingresaron, la buena salsa sonaba y ya había parejas en la pista de baile dándolo todo. La barra estaba llena por las personas haciendo su pedido de tragos y el primer piso ya estaba a full, así que subieron las escaleras hasta llegar al tercer piso. Agradeció que no hubiese tanta gente, sería agradable para poder bailar. Maira le había mandado fotos, era una chica muy guapa y de ojos chispeantes. Tenía una voz suave, y se reía por casi todo, era una buena acompañante después de un mal día. Andes la buscó y luego vio un pequeño grupo, Maira estaba ahí viéndolo con una flamante sonrisa, a su lado tres chicas que reían a carcajadas, ignorando cualquier movimiento que hacia su amiga. Andes asintió en su dirección y le regaló de paso una sonrisa de labios cerrados, codeó a sus amigos y se encaminó hacia ellas. Cuando estuvo frente a Maira, se acercó dejando un beso en su mejilla, con la música no se podía escuchar bien lo que ella decía, pero se las arreglaron para presentar a los amigos, así que cada uno ya estaba con una chica y el primero en ir a la pista de baile fue Gonzalo, con la amiga de Maira. Él decidió ir por bebida, Maira era alegre, riendo cada tanto robándole una sonrisa y eso era un plus. Era agradable. —¿Dónde está Mario? —escuchó mientras estaba en la barra, el tipo a su lado gritaba tan fuerte que fue imposible no escucharlo incluso con el alto volumen de la música. —Ha pedido la noche, está aquí con sus amigas —contestó el moreno que estaba sirviendo tragos. —¿Mario tiene amigos? —¡Te ha dicho que no le digas Mario! —No me vengas con cojudeces, se llama Mario, que vaya por ahí diciendo que su nombre es Maira es otra cosa —escupió molesto, Andes procesó las palabras y casi se le cae la copa que el tipo le tendió—. ¡Ahí está! Y míralo, con dos hombres más. —Eduardo, no hagas una escena. Respeta y ten tolerancia hermano. —¡Eh, Mario! —Andes giró el rostro a ver a Maira acercarse, la sonrisa que tenía en los labios se fue espumando, la miró y luego vio al tipo que le había gritado—. Parece que te funciona más siendo hembrita que macho, ¿no? —¡Eduardo, basta! —gritó el moreno atrayendo varias miradas, pero el hombre no se calló, sino que siguió hasta el punto que todo el brillo de Maira; se fue. —¿No te enseñaron a respetar? —escupió Andes, dejando las copas en la barra para enfrentar al llamado hombre que se burlaba de la orientación de otro. Se giró, para darle la cara, para enfrentarlo y enseñarle a respetar a las personas—. ¿Ahora no hablas? —¡Eduardo! —fueron más gritos, y uno de los muchachos que estaba cerca, se acercó para tomarlo del brazo, jalarlo y detenerlo, pero parecía que el tal Eduardo, estaba muy tomado. —¿Tu madre no te enseñó a respetar una dama, pedazo de idiota? —preguntó Andes.—. ¿Ahora no hablas? Para ese momento la música había bajado de volumen y algunas de las personas que estaban cerca, giraron desconcertados por el espectáculo que estaban dando. Andes los evitaba, Dios sabe que sí, pero odiaba ese tipo de personas y en su país abundaban. Seguían crucificando a las personas por su orientación s****l y veían gracioso llamar maricón a otros. Odiaba eso, así que cada que podía, defendía a otros hablando, y si todo se salía de control: entonces se iba a golpes. Se giró para ver a sus amigos acercarse con el ceño fruncido, una mirada significativa se dio y Andes no temió enfrentarse a él y a todos los que vinieran. —¿Qué, acaso te estás comiendo a Mario? —algunos rieron y Andes con cuidado tomó la mano temblorosa de Maira. —¿Y eso te afecta en algo? —Escupió Andes—. ¿Te molesta que las personas vivan su vida como quieren? —A mí me da igual, vegete —Andes se echó a reír, era un mocoso que usaba como insulto su edad, ¿en serio? Parecía que era todo lo que tenía—. ¡Maricón! —Mi edad y orientación s****l no es un insulto, amigo, así que date la vuelta y aprende a respetar a los demás —siseó con firmeza Andes, Mario vio alrededor, las personas alrededor empezaron hacer muecas, ya no les parecía gracioso, ahora todos estaban avergonzados por la situación—. ¿Alguien más tiene un problema? Podemos resolverlo aquí o afuera. Nadie dijo nada, al contrario, se giraron e hicieron como si nada hubiese pasado. Maldijo, porque parecía que seguían enfrascados en una sociedad que se reía, miraba y no hacía nada más. Vio como el hombre se alejaba, lanzando maldiciones y empujando a otros, después de eso, Andes se giró para ver el rostro de Maira que estaba avergonzado, sus amigas también estaban incómodas, todas habían perdido el brillo. —¿Qué tal si vamos a mi casa que está en la playa? Podemos poner música, algo de trago y comida —Ofreció Andes con la intensión de pasar el mal rato. —No sé…—titubeó Maira viendo a sus amigas. —¡Vamos! —sus amigas corrieron hacia ella para animarla, las muchachas no llegaban a los treinta, y aquel mal rato no se pasaría fácilmente. —¡Tenemos la playa al frente! —animó Gonzalo con una sonrisa enorme en el rostro, las muchachas fueron perdiendo el miedo y asintieron repetidas veces. Cuando salieron de la discoteca, estaban en una rueda, ubicando como viajarían hasta la playa, cada chica se iría con ellos. —Maira, es la primera vez que nos vemos, así que sugiero que envíes tu ubicación alguien cercano, tomes fotos a las placas y por supuesto, fotos de los ocho, así tienes más tranquilidad —Maira tartamudeó e incluso sus amigas, hizo lo que Andes le dijo y se sorprendió. Ni un solo chico la había tratado así, ni uno solo y peor cuando se enteraba que era transexual, ese era de los casos más feos que ella había podido pasar. Se había limitado muchas veces a salir con muchachos, porque no era lo que buscaban. Aunque físicamente lucia como una mujer, para ellos…seguía siendo un maricón. Encontrar a Andes fue un sueño, estaba en el trabajo, en un momento donde bajó un poco la demanda de pedida de alcohol, sacó su celular y por fin pudo utilizar la aplicación con el paquete que había adquirido, era Amor por mensajería, pero su sorpresa fue mayor cuando encontró a ese hombre tan guapo, tan sensible y con la sonrisa más bonita que jamás había visto. ¡Él le respondió! La conversación incluso le quitó las pocas horas de dormir, era demasiado interesante, sabía tantas cosas y era gracioso. Cuando tocó la cita, estaba más que nerviosa, así que pidió que fueran amigas suyas, y le pidió lo mismo a Andes. Era patético, pero, aunque fuera por el mundo con una sonrisa en la boca, seguía costándole relacionarse y que la gente no la rechazara. Cuando Andes ingresó, la buscó, nunca creyó tener la suerte de que sus ojos amables la vieran. Fue atento, considerado y cuando todo explotó, creyó que solo se iría ¡pero no! El hombre la defendió, fue respetuoso e hizo que las personas que estaban cerca lo escucharan, entonces la vergüenza se hizo mayor cuando él siguió actuando como un caballero. Se preguntó si solo era una máscara o realmente era un hombre escrito por una mujer, pero eso lo descubriría horas después. Él sacó una chaqueta y un casco, algo grande, pero la ayudó a colocarse el casco mientras Maira se ponía la chaqueta. No dejó de sonreír, dándole una confianza única, se preguntó si existían más hombres como él. Manejó por largo tiempo y ella se aferró a él, incluso se permitió tocar las nubes, el cielo y todo, un enamoramiento que hizo que su corazón brincara de felicidad. En todo momento fue caballero, incluso a mostrarles su casa y poniéndose el delantal para cocinar. —¡Pongamos música! —Mercedes chilló y Gonzalo soltó una carcajada, haciendo lo que la joven le pedía. Maira dejó a sus amigas con los muchachos, para salir a la terraza y tener un vistazo del mar tranquilo, debía tener mucho dinero, era difícil tener una casa frente a la playa. ¿En que trabajaba él y sus amigos? Por sus vehículos, la ropa y la propiedad seguramente eran ingenieros o algo así. —Me dijiste que te gusta bailar, ¿Qué haces aquí? —la muchacha se sobresaltó al escuchar la voz ronca de Andes, él estaba recostado en la puerta con dos botellas de cerveza sin abrir. Otro punto para él. —Admiraba esta belleza, pocas veces puedo venir a la playa, y las veces que he venido, he dormido en una carpa. —Dormir en una parca es muy bonito, ¿por qué suenas avergonzada? —inquirió tendiéndole la cerveza, Maira la abrió y dio un largo sorbo. —No sé, pareces un tipo con billete. —¿Me estás discriminando? —preguntó burlón y Maira negó repetidas veces, Andes se carcajeó. —¡Claro que no! —Sonrió y ambos se sentaron en las sillas, admiraron el mar mientras daban sorbos a las bebidas—. Gracias por haberme defendido, yo…, debí decirte. —No tienes nada que agradecer y nada que decir, Maira —los ojos amables de Andes la miraron—. Eres una mujer extraordinaria, no dejes que otros quieran apagar el brillo que tienes. —A veces es inevitable, la gente juzga ¿sabes? —Lo sé muy bien, créeme —los ojos de Andes viajaron hacia el mar tranquilo, como nunca—. Pero, sí permitimos que los demás tengan control sobre nuestras emociones ¿Cuándo viviremos plenamente? —¿Y cómo se hace eso? —Te diría que golpeando a los demás —bromeó y Maira soltó una risita, era muy bonita—. Aprende a ignorar, no callarte y defenderte. La gente se cansará y se irá, créeme, pero más importante: amate, como nunca nadie va amarte. —¿De qué libro saliste tú? —después de largos segundos en silencio, Maira lo rompió con esa pregunta.
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