—Eres maravillosa y considerada —susurró cuando volvió a darle un beso en la mejilla. Escuchó un aclaramiento de garganta, así que se giró viendo a sus tres amigos tener una sonrisa de gatos.
Infelices.
—Muchachos,
ella es Leslie —la presentó y la morena dio unos pasos para estirar su mano y
saludarlos—. Ellos son; Amancio, Gonzalo y Astor, mis mejores amigos.
—Claro,
los has mencionado. Es un gusto conocerlos, muchachos.
—El
gusto es mío, me alegra conocerte, Leslie. —Amancio fue educado, pero estaba
esperando que los otros dos lo pusieran en vergüenza.
—La
chica que le quita el sueño a nuestro amigo eh —dijo Gonzalo y Leslie soltó una
bonita risa que hizo un cosquilleo en el pecho de Andes, pero supo disimularlo.
—Sí,
Leslie, tú que nos estás quitando a nuestro amigo —lo apoyó Astor y Andes rodó
los ojos por lo inmaduros que podían llegar hacer.
—¿Así?
No sabía que les estaba quitando a su amigo, pero, es por buena causa.
—¿Así?
¿Cuál? —inquirió Gonzalo y Andes lo empujó, sonriendo, avergonzándose.
Andes
tomó su mano y ambos salieron del edificio, se despidió de sus amigos
diciéndoles que los seguiría, los vio subir a los tres entre risas y luego el
hombre le abrió la puerta a la mujer, quien agradeció con una hermosa sonrisa.
Rodeó el carro, y se embarcó, encendió poniéndolo en marcha.
—Tienes
amigos agradables —Leslie se giró para verlo manejar, Andes dejó una mano en el
volante y otra en su pierna, con toda la confianza—. ¿Dónde los has conseguido?
Yo hasta ahora no he podido tener un amigo.
—¿Por
qué? —inquirió confundido, estiró la mano para poner algo de música, pero con
el volumen bajo, así ambos pudieran hablar.
—Porque…—titubeó
apretando los labios, después lo miró y Andes vio la tristeza dibujada en sus
ojos—. Porque cuando he querido tener amigos, todos lo han malinterpretado y
cuando he puesto toda mi confianza en ellos; me han soltado que se han
enamorado. Perdía a todas esas personas que consideraba amigos, y me quedé sin
nada.
Lo
dijo con tanta tristeza, que Andes estiró su mano para tomar las suyas, con
fuerza y luego darle una sonrisa corta.
—Creo
que debe de haber alguien que realmente quiere ser tu amigo, Leslie, no todos
los hombres somos tontos en querer a su mejor amiga para algo más —explicó
tomando cada palabra con cuidado—. Tuve una mejor amiga, la quería como una
hermana, y no es que se haya enamorado de mí por eso se perdió todo, pero, me
falló. Desde entonces solo he tenido a mis tres chicos, y nos las hemos
arreglado para no fallar en el intento.
Aquel
comentario le arrancó una sonrisa y Andes sonrió, feliz. Leslie provocaba
bonitas emociones, a ese tipo de personas uno debe tenerlas muy cerca, la
estima que se estaba creando hacia ella, era grande. Leslie le daba un
calorcito que nunca había sentido.
(***)
Amelia terminó de acomodar su casa, suya, desde hace unos mese
había terminado de pagarla, y ver que era suya, con papales incluidos la hacia
muy feliz. Suya. Con una carrera que amaba, con amigos que quería y ahora se
sumaba un hombre al que realmente amaba, ¿Qué más pedía ella?
Había
tenido que ser una buena persona en una de sus tantas vidas, para poder tener
toda esa suerte.
Una
notificación sonó en su celular, así que dejó el trapo con el que estaba
sacudiendo el mueble donde se encontraba el televisor, fue directo hacia el
celular y sonrió, feliz.
Rodrigo 21:34pm
Hola, mi amor. ¿Cómo
está la mujer más dulce?
Amelia 21:36pm
Hola, amor. Feliz, ¿Cómo
estás tú? ¿me echas de menos?
Rodrigo 21:37pm
Mucho, pero es el costo
de tener una prometida que es grandiosa en su trabajo. Hoy te escuché, lo
hiciste tan bien, preciosa.
Amelia 21:39pm
¡Qué bueno! Me alegro de
que me hayas escuchado, me gusta que estes pendiente de mi trabajo.
Rodrigo 21:40pm
Te he escuchado todos
los días, mi ángel.
Amelia 21:44pm
Amor, ¿te ha llegado el
pasaje?
Rodrigo 21:50pm
No has tenido que hacer
eso, te lo dije, podía reunir el dinero e ir por ti.
Amelia 21:51pm
Si, pero somos pareja,
prometidossss. Lo mío es tuyo, y si puedo ayudarte, ¿por qué no?
Rodrigo 21:55pm
Ángel, en poco tiempo
estaremos juntos, y para no separarnos.
Andes estacionó el carro en la peña criolla, había hablado con sus amigos que, si era demasiado tarde, lo ideal sería que alquilar un hotel, ninguno podría manejar cansados y con tragos encima. Así que por ese lado estaba más tranquilo.
Bajó del carro y lo rodeó para abrir la puerta de Leslie, ella sonrió tomando su mano y con cuidado la tomó, como si fuera algo muy delicado. Afuera del lugar ya estaban sus amigos, compartiendo risas, bromas y luego en segundos hicieron sentir muy cómoda a Leslie, y eso agradeció, aunque aquella muchacha caía bien de inmediato.
Ingresaron a lugar y pidieron la mesa más cercana, el evento empezaba a las diez, faltaba un poco de tiempo para eso, así que Gonzalo fue el primero en pedir la primera ronda de tragos, y algo de comida para picar. Otra sorpresa, es que ella pidió algo rico, sin siquiera fijarse en las grasas. Era trasparente, bromista y regresaba las bromas, ya tenía ganada a sus amigos, quien ya hasta apodo le habían puesto.
—Yo te escuché esa vez, en el video donde invitabas a nuestro amigo al escenario —Amancio señaló y Leslie soltó una risita encantadora que lo hizo sonreír como un tonto, bajó la cabeza para disimular, pero Astor ya se había dado cuenta.
—Cantas muy bien eh, nos gustaría escucharte en vivo —Gonzalo le dijo con amabilidad y Leslie asintió repetidas veces.
—Por supuesto, solo debemos tener una fecha, una fiesta como a ustedes les gusta y hago la presentación.
—¡En poco tiempo es el cumpleaños de Astor! Sería perfecto para su cumpleaños, ¿qué opinas? —Todos miraron a Astor y él dibujó una sonrisa de satisfacción.
—Sería un honor para mí, por supuesto.
—¡Me encanta la idea! —Leslie aplaudió y todos rieron.
—Cuadramos la fecha, el lugar y por supuesto, te contratamos —Andes le dijo con suavidad y Leslie negó.
—Será mi regalo de cumpleaños, ¿sí? —esta vez miró a Astor quien alzó las manos.
—Tu regalo será el mejor.
—Leslie, te has ganado a mis amigos —comentó Andes cuando vio a sus amigos planear la fiesta, ella los miró y luego a él. Todavía no había besos, ni siquiera caricias que pasaran de lo respetuoso, y eso realmente le gustaba a él, ir por ese camino, lento y sin apuro, para que las cosas salieran bien.
Antes de la presentación de Anthony, sonó muy buena música, así que al ver como Leslie movía los hombros, él le tendió la mano, la joven soltó una carcajada por eso, pero asintió. Se quitó el abrigo dejándolo en la silla, y luego ambos caminaron hacia la pista de baile.
Andes colocó con cuidado una mano en su cintura, lentamente, al ritmo de la música empezó a bailar, ella ganándolo por mucho, ya que cuando se soltaba de él, se movía de una manera única y cada momento se excusaba con que la música negra corría por sus venas.
Así era.
Después ya no veía a la gente, solo veía a la mujer moverse, tocarlo en los hombros o las manos, reírse y en otras ocasiones pegar su frente al hombro del hombro. Cambiaron por una salsa. Se separaron, pero sin soltarse de las manos.
La hizo dar vueltas y en una terminó por chocar su espalda con el pecho del hombre, se quedaron en el mismo lugar, moviéndose, pero sin separarse. Así que ella giró un poco el rostro y le preguntó:
—¿Por qué todavía no me has besado, Andes?