Le extrañó, ya que la última vez la dejó en visto y no parecía estar animado en querer hablar con ella. Aun así abrió el mensaje y una sonrisa se escapó.
Él le había respondido la historia de su desayuno con otra donde estaba él, comiendo patasca y con su taza de café al lado. Sonrió con diversión.
Amelia 12:49amm
¿Qué tal ese levanta muertos?
Andes 12:50am
¡Delicioso! Aunque mi desayuno pasaría hacer almuerzo jajaja
Amelia 12:54am
Se perdona por la fiesta, por cierto, gracias. Me encantó, invítenme a más.
Andes 12:55
Serás de las primeras en ser invitada xoxox
Sonrió, no porque Andes le gustaba, hace tiempo había sido un gusto, pero era un hombre que parecía no darse cuenta de lo que ocurría alrededor, aún más al ser un adulto, ahora se veía cambiado, pero ya era tarde. Amelia realmente estaba enamorada de Rodrigo, y eso no se cambia.
Andes sería un amigo perfecto y a ella le faltaban amigos, una chica siempre necesitaba tener un cómplice, un alma gemela al cual llamar amigo y espera que Andes fuera la suya.
Su celular volvió a sonar y esta vez fue Rodrigo, abrió el mensaje y una sonrisa boba se formó en su boca, él tenía esa muequita que la hacía derretir junto con un cartel que decía: ¿Me perdonas?
Ni siquiera lo dudó y le mandó un audio, aquel malestar que sintió en la conversación de la mañana, se disipó. ¿Entienden esa sensación? Amar, de una manera súper fuerte y sentir una conexión increíble con el chico que te gusta, y al final de la noche decir, es él. Sí, eso mismo le ocurría con Rodrigo, desde el primer momento supo que sería el hombre y ambos estaban luchando para que su oportunidad se diera, porque bien sabían que su amor tenía futuro.
En poco tiempo estaría con ella, estaría ahí, juntitos. ¿Qué más podía pedir? Habían planeado ese encuentro por mucho tiempo, y ahora estaba a la vuelta de la esquina, tan real que la asustaba, pero al mismo tiempo la hacía caminar sobre las nubes.
Se preguntó si era bueno caminar sobre nubes, sin darte cuenta de que a veces las caídas dejan heridas muy grandes.
Me preguntan por ella, me preguntan hasta las estrellas.
Andes sostenían los papeles de los ingresantes, saludó a la secretaría del segundo piso donde ya estaban las clases, había empezado ya las clases y el ingreso era a las diez de la mañana, un horario flexible, al igual que el de la tarde.
—¡Hola, Jesús! —saludó a la secretaria, quien esbozó una sonrisa amigable.
—¡Mi Andes! Ya están todos dando clases, ¿no das hoy?
—Me toca en la tarde, solo vine a dejar unos documentos para que los profesores los firmen.
—Bueno, vaya mi muchacho.
Sonrió encantado y pasó por las clases de boxeo, las clases de oratoria para los muchachos y chicas que eran tímidas, eso les ayudaría mucho. Después se quedaría a ver alguna clase, le gustaba ver como lentamente perdían el miedo.
Fue dejando los papales para que los profesores firmaran y luego de detuvo en la de Astor quien iba con ropa deportiva, la música con un volumen moderado para no malestar a los alumnos de los otros salones esbozó una sonrisa al verlo dar los primeros dos pasos de salsa.
Luego con la mano en la cintura caminó alrededor del círculo que habían formado los alumnos y tomó a uno de los muchachos, lo jaló y practico con él los pasos claves. Andes sonrieron cuando Astor tomó de la cintura al muchacho y luego lo hizo dar una vuelta, para después pegarlo a su pacho. Escuchó las risas y luego vio el rostro sonrojado del joven, por supuesto, eso no lo vio venir y bailar con un hombre le resultaba vergonzoso.
—¡Vamos! La música se siente, no la piensas, ¿Qué es lo que dice su cuerpo? —gritó Astor viendo como todos comenzaban a bailar, algunos ni siquiera movían los pies, se quedaban estancados y movían los brazos como si hicieran flexiones.
Andes mordió su labio para no carcajearse, pero luego le dio ilusión al ver como los muchachos y mujeres reían a carcajadas, con más confianza, y hasta bailaban entre ellos. Astor tenía el rostro contraído, porque no estaban siguiendo ningún paso, todo lo que hacían era menos bailar, pero al menos se estaban divirtiendo. Su amigo al verlo se acercó con el ceño fruncido y Andes le sonrió.
—No lo hacen mal.
—Lo hacen terrible.
—Pero al menos se divierten —Andes señaló con su quijada hacia el grupo que había tomado faldas, se las habían puesto y simulaban ser mujeres. Estaba seguro que de ese grupo saldrían muchos amigos—. Y entran en el personaje.
Astor miró a un grupo de hombres que actuaban como mujeres, con las faldas puestas y riendo, al menos se divertían. Pero que tenían los peruanos, ¿eran payasos? A cualquier cosa ellos le buscaban el lado bueno, y eran fiesteros, aunque algunos ni sabían bailar.
—Te traje los papeles para que firmes, luego tengo que irme volando al banco para hacer los pagos.
—¿Hoy que das?
—Psicología, grupo de alumnos de quince, así que tal vez termine tarde.
—¿Nos vamos de fiesta? —inquirió Astor con media sonrisa en la boca.
—¿Tú estás loco? ¿Crees que el dinero cae del cielo?
—Un borracho siempre encuentra de donde sacar dinero.
—¡Yo no soy borracho! —siseó Andes y su amigo soltó una carcajada.
—También niegan que son borrachos.
—Vete al diablo —Andes sonrió alejándose y escuchando las carcajadas de su amigo, se despidió de la secretaria, ese día no le quedó mucho tiempo para estar viendo cada clase, eso le servía como material, ver debilidades y reforzarlas.
Tomó las boletas y el dinero, guardó todo en su maletín y luego bajó, despidiéndose de sus amigos y de los empleados. Se montó en su moto y manejó hasta el banco, ya tenía cita, así que solo le quedó esperar para pagar, tardó más de lo que esperaba, así que les dijo a sus amigos que no lo esperaban para almorzar, llegaría tarde.
Cuando salió del banco, eran las tres de la tarde. Ya había hecho los pagos del prestamos que habían hecho, dos cuotas más y terminaría de pagar, y serían libres, al menos ahora los ingresos que entraban ya serían para ellos, pagar a los empleados e ir para el avance del nuevo edificio. Un peso menos.
Ese día no fue al mismo restaurante, se quedó en una cerca del centro, una picantería. Entró y se quedó en una esquina, como siempre, pidió Ají de gallina con judo de maíz morado, mientras esperaba, empezó a escribirse con la nueva cita que tendría en unos días.
Leslie era cantante, muy buena, ella le había pasado videos de sus presentaciones y debía admitir que tenía una voz espectacular. Lo había invitado a una presentación el viernes y luego tomarían unos tragos, lejos de su casa y de sus viajes, después de Erika estaba yendo con cuidado, bastante. La muchacha le había escrito en varias ocasiones, él le había contestado cortésmente, había pedido una cita más, pero él había sido inteligente a inventar muchas excusas.
No quería repetir aquella cita tan desagradable y con una persona que actuaba, y salía por unos cuantos me gusta. Ese tipo de personas no le agradaban.
Su celular sonó y era de la aplicación, justamente de Leslie. Esbozó una sonrisa al leer su mensaje.
Leslie 15:32pm
Te he visto en el periódico de hoy, me gusta tu sonrisa.
Andes 15:33pm
¿Así? Mira que me han dicho que sonrió como borrachin.
Leslie 15:35pm
Te han mentido. ¿Qué haces?
Andes 15:36pm
Estoy esperando mi almuerzo, día movido. ¿Qué haces tú?
Leslie 15:37pm
Uy, hombre trabajador.
Yo estoy en la playa de Colan, tengo una presentación y cuando termine espero poder lanzarme al agua.
Andes 15:38pm
Te envidio, quisiera estar en la playa.
Leslie 15:39pm
¡Vives en la playa! Tus fotos en i********: son de la playa, por poco y te sale cola.
Andes soltó una carcajada y se despidió justo cuando estaba llegando su comida, agradeció y dejó el celular a un lado. Comió con gusto, saboreando y gimiendo por lo bajo ¡Que rica era la comida de su país y cuanta variedad! Eran de las cosas que tanto agradeció, estaba tentado a pedirse una leche de tigre, justo cuando vio un mesero pasar con varis hacia la mesa de al lado.
Pediría. Claro que sí.
—¿Andes Merino? —el aludido se giró cuando escuchó una voz suave, y ahí estaba; Susan con una sonrisa en los labios, y los lentes cubriendo sus ojos. Andes se puso de pie y cuando ella iba abrazarlo, él estiró la mano, con incomodidad, tomó su mano con una sonrisa forzada.
—¡Susan! ¿Cómo has estado? —fingió amabilidad y se mantuvo de pie, no iba a invitarla a sentarse a su lado.
¿Qué quién era Susan? No fue su novia, fue algo más profundo y doloroso. Susan fue su mejor amiga, su alma gemela y así la consideró por largos años. Muchas veces hizo comentarios que lo lastimó, pero aun así la amistad perduró, él la quería, la puso en la lista de personas que tenían prioridad en su vida.
¡Ella lo era!
¿Pero qué hizo?