No podía estar pasando.
No, dios, no.
—¿Nos vamos? Me gusta el campo.
—Sí, por supuesto.
Y con aquella incomodidad hizo el viaje hasta el pueblo de La Huaca, el viaje fue en silencio mientras ella lo abrazaba con una mano y con la otra grababa todo, ya no podía disfrutar del viaje, mucho menos de la compañía, por un momento había pensado en dejarla e irse, pero sería poco caballero de su parte, aunque ella se hubiese portado de una manera poco agradable.
Cuando llegaron al pueblo, él fue directo hacia un pequeño restaurante, estacionó la moto y ella bajó dando brinquitos, se sorprendía la capacidad de ese celular para soportar todo el viaje encendido, seguramente tenía un cargador portátil. Él bajó y la guio, ¿Qué podía hablar? Ya ni siquiera sabía que decir ¡Se sentía humillado!
—¿Qué te gustaría tomar? —le preguntó con amabilidad y Erika por fin soltó el celular.
—¡Un café y tamalitos! —Exclamó sonriendo dejando el celular en la mesa—. ¿Tú pagaras verdad? Es que, es una cita, y tú debes pagar.
¿Yo debo pagar? Andes quiso reír, pero de vergüenza porque la muchacha que atendía las ordenes estaba ahí, avergonzada apuntando el pedido.
—Pido lo mismo, y por supuesto Erika, yo te invité, yo pago.
—¡Eres un encanto! —esbozó una sonrisa y Andes se recostó, haría todo porque aquella cita no dure más de lo que había pensado ¡Incluso acamparían! Vaya idiota que era.
Cuando llegó el desayuno, ella estiró la mano y Andes lentamente bajo la mano, pero eso no evito para que ella tomara una foto del desayuno y de él, como si quisiera mostrar que salía con el tipo que había creado una empresa para feos ¡Se reía de él y de todos los que confiaban en superar sus miedos!
Pero volvió hacer educado, no dijo nada.
Estuvo con el teléfono por tanto tiempo, que hasta el desayuno se le terminó enfriando, se quejó y fue ahí donde él habló, cansado de su actitud.
—Erika, por favor, respeta. El desayuno te lo sirvieron caliente, que tú hayas estado con el celular, no es culpa de ellos —habló con seriedad y la mujer se hizo un ovillo—. Mira, tengo asuntos que resolver, así que, ¿podemos dejar la cita para otro momento?
—¡Tú me prometiste visitar el pueblo!
—Y lamento haber roto la promesa, pero puedo pedir algún guía del pueblo que te muestre el lugar, y luego pido que te lleven a tu casa. —Los ojos de ella se iluminaron.
Que desastre de cita, pensó cuando la vio irse con el guía, sin soltar el teléfono. Se subió a la moto y antes de irse, tomó una foto del paisaje, ya vendría otro fin de semana, ahí se prometió dejar los fines de semana para él y no para las citas, las cuales podrían terminar desastrosas, como esa.
Mandó un audio al grupo con sus amigos y cuando iba a guardar el celular, Amelia le respondió la historia del paisaje.
Amelia 11:20am
¡Qué bonita vista! ¿Dónde es?
Dudó, y dudó, pero terminó sentándose en la moto y prosiguió a responderle:
Andes 11:28am
Es La Huaca, sus mañanas suelen ser las más bonitas.
Amelia 11:30am
Me gustaría conocer, siento que solo conozco Piura.
Andes 11:32am
Puedes decirle a mi prima, ella conoce muy bien el lugar, una oportunidad de que también traigas a tu novio.
Amelia 11:34am
Tomaré tu palabra.
Visto.
Desactivo los datos y se puso el casco, encendió la moto y regresó a Piura, un largo camino que al final terminó llegando a las quince horas a su casa, cansado, de mal humor y con algo de celos.
Su sorpresa fue mayor cuando encontró a sus amigos en su casa, Gonzalo cocinando, Amancio haciendo tragos y Astor, bueno, Astor estaba acostado poniendo música, ya ni preguntaba como tenían copia de la llave de su casa.
—¿Por qué tenías cara de querer ir al baño? —fue lo primero que preguntó Amancio al verlo entrar, todos dejaron las cosas que hacían para ponerle atención.
Andes dejó el casco en la mesa de cristal, se quitó la chaqueta quedándose en una musculosa negra, se sentó y Astor lo miró.
—Fue un desastre, solo…
—¿Qué pasó? —Amancio se acercó con cuatro tragos, cada uno tomó el suyo y dieron un largo sorbo.
—Erika vio el programa, así que se le ocurrió la idea de salir conmigo para tener me gusta, y por supuesto, el canal de Katy reposteara las fotos de la cita —explicó con cansancio.
—¿Cómo?
—¡¿Pero qué le pasa a esa mujer?! —gritó Astor.
—Por favor, dime que no tuvieron conversaciones calientes —suplicó Gonzalo y Andes lo miró.
—¡Por supuesto que no! ¿Por quién me tomas?
—Pues, hermano, ahora eres parte del chisme —Astor sacó su celular y le mostró las historias de la página de chismes de Piura—. Erika habla sobre las citas, por supuesto, hasta dijo que se besaron mientras veían el amanecer.
—Todo fue fingido, la conversación ¡por unos me gustas! ¿Qué clase de persona hace eso?
—Una no muy inteligente, parece —siseó Amancio.
—No te sientas mal, no es tu culpa, la chica es quien falló —Astor golpeó su hombro y le regaló una sonrisa—. No te amargues.
—Fui utilizado. —Astor hizo una mueca, como si realmente supiera que se sentía ser utilizado, pero no dijo nada.
—Ya, hermano, ahora solo debes ser más cuidadoso. —le sugirió Gonzalo.
—Después de esto, ni siquiera me dan ganas de conocer más mujeres.
—Andes, no todas las mujeres son iguales, así que pon buena cara y no dejes que esto te eche para atrás. —Amancio empujó el trago hacia Andes, él lo tomó y dio un largo sorbo, después se quedó en silencio y lentamente sus ánimos subieron.
—Seré más cuidadoso.
—¡Eso! —Gonzalo se puso de pie—. ¡Pongan la mesa que la comida ya está lista!
Andes agradeció tener esos amigos, lo han salvado más veces de las que puede imaginar, supongo que era verdad lo que decían: Los amigos son tu alma gemela, tu salvación en momentos oscuros y la razón de las sonrisas. Nunca cambiaria a sus amigos.
Un lomo saltado estaba en la mesa, alcohol y música, fue Gonzalo quien tomó una foto y Andes sonrió porque estaba feliz. Tomó su celular y publicó la foto, porque los buenos momentos quedan grabados.
Lo que empezó como un almuerzo sano, terminó siendo una fiesta, música alta y amigos cercanos a ellos llegaron, con amigas o pareja. A las diez de la noche ya había hasta piñata, se preguntaban quién era el cumpleañero, y los cuatro se reían, así eran los peruanos, hacían fiesta por todo y por nada.
Andes se sorprendió cuando vio llegar a su prima con Amelia, traían trago y venían sonriendo, nuevamente él quiso bailar con la muchacha, pero le asustaba que esa curiosidad que tenían hacia ella, se convirtiera en algo peligroso que tiempo después no podría manejar. Por ahora, debía crear la línea invisible, y si surgía una amistad, que no sea con sentimientos de por medio.
Era un hombre adulto, no quería sufrir por amores, no quería un corazón roto, solo quería vivir y ser feliz, ¿era mucho pedir?
—¿Quién cumple años? —una voz lo hizo girar, Andes se estaba sirviendo otra copa de trago hecho con fresas. Al escucharla, una sonrisa tiró de sus labios.
—Nadie, solo somos fiesteros.
—Y por un momento pensé en traer un regalo —ella no estaba coqueteando, estaba siendo amable con él. Amelia estiró su vaso y Andes le sirvió—. Me gusta el ambiente que sea crea cuando estás tú, eso me da a pensar que eres el fiestero.
—Ah, un poco.
—¿Ya bailaste lo suficiente que te escondes? —el hombre sonrió, acomodó los lentes en la punta de su nariz, cuando llegó se había quitado los lentes de contacto, a veces molestaban.
—Estoy guardando energía para la hora loca.
—¡Hora loca! —gritó ella riendo y Andes señaló el parlante que estaba en la esquina cuando empezó a reproducirse un mix de hora loca, él le quitó el vaso y luego la jalo para la rueda, todos iban tras otro bailando, saltando y riéndose a carcajada.
Amancio y Gonzalo estaban tan borrachos que ya estaban sin playera, con pitos y gorros que habían quedado de la fiesta de año nuevo. Saltaban y se ponían en el centro para bailar, sacar sus pasos extraordinarios.
Andes reía, sin parar y en un momento, la admiró. Ella era perfecta para mudarse a su corazón y ser feliz ahí entre ese calorcito que desprendía el creador de Amor por mensajería.
Amelia había despertado con un sabor amargo en la boca, un dolor de cabeza que ni la dejaba disfrutar de un día con un clima perfecto. Las fiestas que había empezado acudir con su mejor amiga, estaba repercutiendo en ella, muchísimo, pero disfrutaba el momento y de la gente que rodeaba a su amiga.
Se levantó y fue a la cocina por un vaso de agua fría y un limón, lo exprimió y luego tomó el líquido. Gimió cerrando los ojos al sentir el sabor asido en su garganta, fue hacía las ventanas y las abrió para que entrara frescura, incluso se fuera ese olor a encerrado.
Su celular sonó, varias veces, así que sin más que hacer, lo tomó. Era Rodrigo y ayer lo había dejado en visto, debía estar preocupado ¡Qué inconsciente!
Rodrigo 09:35am
¿Hola? ¿Dónde andas, Amelia? He tratado de comunicarme, pero nunca contestas.
Amelia 09:38am
¡Perdónnnnnn! Se me pasó, ayer estuve en una fiesta y el celular quedó sin batería.
Rodrigo 09:38am
¿De fiesta? ¿Otra vez?
Amelia 09:39am
Sí, ¿Cuál es el problema? Soy joven, tengo derecho a divertirme.
Rodrigo 09:41am
No lo decía por eso, amor, sino que me preocupa que no rindas en el trabajo.
Amelia 09:46am
No te preocupes, tengo buen rendimiento -.-
Rodrigo 09:48am
Vamos amor, no te molestes.
Pero la joven ya no contestó, estaba molesta, sus mensajes de él la habían molestado, ¿desde cuándo se había creído con el derecho de opinar sobre lo que hacía?
La joven no quiso hacerse mala leche o amargarse, así que se vistió y fue al pequeño restaurante de la esquina, saludó y se sentó en una esquina, donde tendría una buena vista del lugar y de las personas que llegaban. Al ser domingo, se pidió una patasca y un café, algo rico para levantarse ¡bendita tierra donde nació!
Ella era de publicar mucho, y más cuando recibían invitados especiales a la radio, le gustaba compartir cada experiencia y logro, con el tiempo se le había hecho rutina también publicar las cosas ricas que comía, ponía hasta la dirección para que otros vinieran, y ya había sucedido eso, varios llegaban diciendo que por recomendación de Amelia estaban ahí.
Cuando su pedido llegó, la boca se le hizo agua al ver tremendo plato de patasca con su chanchito, su café oliendo muy rico y por supuesto, teniendo un mejor sabor.
Tomó una foto y la colgó, poniendo la dirección y luego dejó el celular a un lado para concentrarse y disfrutar, como glotona terminó pidiéndose otro plato de patasca, engañándose con que mañana lunes haría ejercicio, falso, pero ¿las mujeres no se mienten de vez en cuando? Y más cuando se hablaba de dietas y ejercicios.
Cuando volvió a su casa, después de pasar por el supermercado para hacer su arroz con marisco, su celular volvió a vibrar, creyó que era Rodrigo, pero era Andes.