Año 2007
El fragmento de cristal descansaba en sus manos, y a medida que lo elevaba hacia la luz, sus colores mutaban con cada ángulo, desplegando un arco iris exquisito y perfecto. Ese fenómeno le recordaba al reflejo iridiscente del río Mentis en las mañanas, su único refugio, un sitio que solía visitar cuando necesitaba escapar del ruido del mundo.
No podía evitar preguntarse si aquel fragmento pertenecía a algo más grande, algo que no debía existir en un lugar como Delment. Desentonaba por completo con todo lo que conocía del pueblo. Y, sin embargo, no lograba imaginar a qué clase de objeto podía pertenecer.
¿Y ese lugar? ¿Qué era en realidad?
Era una de las preguntas que aún resonaban en su cabeza cada vez que pensaba en el sitio donde lo había encontrado. Nunca había estado allí antes, ni siquiera sabía cómo había llegado exactamente. Solo recordaba caminar sin rumbo, ciego de desesperación, hasta toparse con aquella zona olvidada. Un rincón del bosque donde los mapas dejaban de tener sentido, como si incluso el pueblo prefiriera no recordarlo.
Había llegado ahí decidido a acabar con todo.
Y justo entonces, el reflejo lo llamó. Una chispa de luz entre la suciedad del suelo le hizo detenerse, alzar la vista, respirar por primera vez en horas. Bajó la mirada y allí estaba: el fragmento. Lo recogió sin pensar. Lo sostuvo con manos temblorosas.
Tan absorto estaba en ese recuerdo, que no escuchó los pasos detrás de él.
— ¿Qué es lo que haces aquí?
La voz a su espalda lo sacudió como un golpe seco. Contuvo el aliento, apretó el fragmento entre los dedos, y con un esfuerzo silencioso, logró mantener la calma mientras lo escondía.
—Yo solo... hacía ejercicio y creo que perdí la noción del tiempo y espacio.
—Espero que no estés de nuevo en tus andanzas, William. Supongo que te quedó muy claro que en Delment no se tolera ese tipo de comportamiento.
Por supuesto que lo tenía claro, si aún podía considerarse a sí mismo un paria en Delment; así como también tenía muy claro que no debía de cruzarse en el camino de Jared Johnson. Aún persistía el dolor en sus costillas.
—Lo tengo muy claro. Y si me permites, regresaré a casa. Adiós.
Jared no respondió nada, simplemente asintió. William por su parte se retiró en silencio, sujetando firmemente entre sus manos, el fragmento que había encontrado.
Tiempo presente
La ciudad de Delment se regía bajo la guía y dirección del Consejo de Ancianos. Todas las decisiones que le conciernen al pueblo e involucran situaciones que podrían afectar en alguna manera, positiva o negativa, el funcionar del pueblo, pasaban por ellos.
Un viejo edificio, servía de sede para las reuniones del consejo, las cuales se efectuaban el tercer viernes de cada mes, sin falta. Usualmente durante sus sesiones de trabajo, Los mayores que eran designados o convocados con anterioridad, rendían cuentas de lo más relevante a todo el consejo, pero muy particularmente a la persona con el más alto rango dentro del mismo.
Por supuesto, de suceder algo fuera de lo normal que requiriera la atención inmediata del consejo, éste se reunía de forma extraordinaria, para discutir cuál sería el procedimiento por seguir.
La palabra de los ancianos era siempre respetada. Lo que ellos determinaran que hacer nadie podría objetarlo, y mucho menos poner en tela de duda el juicio emitido por cualquiera de ellos, y muy en especial, por el líder del consejo. Todos los mayores sabían que las decisiones no eran negociables. Y aun cuando no estuvieran de acuerdo con el juicio de los ancianos, no podían arriesgarse a sufrir las consecuencias que acarreaba el desobedecer. Lo único que podían hacer era bajar la cabeza y guiar a los más jóvenes para seguir las reglas.
Muy pocas personas en la historia de Delment se atrevieron a desobedecer una orden directa de un anciano; y de esas personas solamente dos seguían en el mundo de los vivos.
Lynelle Cooper era una de ellas.
Lynelle empezaba en el tercer año de secundaria cuando conoció a Lena. En aquella época, Lynelle comenzaba a descubrirse a sí misma, y a entender los motivos que estaban tras su extraña repulsión hacia los p***s; también empezaba a conocer acerca de Delment y sus innumerables normas de convivencia, en las cuales obviamente ella no calzaba.
Lena era compañera de su hermano William, y él tenía una especie de enamoramiento con Lena, aunque ésta era novia de Jared prácticamente desde siempre, por lo que era más que imposible que Lena pusiera sus ojos sobre Will. Sin embargo, éste no perdía las esperanzas, y continuaba coleccionando fotografías de Lena que tomaba sin que ella se diera cuenta.
— ¿Dónde rayos están? —Exclamó en voz alta Lynelle mientras revolcaba las cosas que su madre había guardado de Will.
Lynelle recordaba claramente el verano en el que todo sucedió. La forma en la que Jared había golpeado salvajemente a su hermano, luego de que lo encontrara tomando fotografías de Lena mientras ella nadaba en una de las tantas venas del río Mentis, que corrían por la ciudad.
Cuando sus padres supieron lo que sucedió, en lugar de molestarse con Jared por la golpiza propinada a su hijo, se enfurecieron con Will y lo reprendieron drásticamente. Will nunca superó ese escarnio público. Su último año de secundario fue una completa tortura y en cuanto llegó el momento para empezar la universidad, en lugar de hacer como todos e ir a estudiar a Summer Hills, William Cooper decidió irse lejos.
— ¡Aquí estás!
De cierta forma Lynelle culpaba a Lena de lo ocurrido. Lena conocía muy bien de la obsesión que Will tenía con ella y nunca hizo nada para desalentarlo, es más, era de las pocas en Delment que le trataba con cariño, lo cual no hacía más que estimular las fantasías de William.
La partida de Will de Delment significó perderlo por completo. Nunca más volvió a comunicarse con sus padres, ni siquiera con ella, considerando que tenían una muy buena relación de hermanos, Lynelle esperaba que al menos la llamase de vez en cuando; no obstante, no volvieron a saber nada de William durante los años siguientes, hasta el día en el que la noticia de que Lena Walsh había escapado de Delment se esparció como pólvora por todo el pueblo.
— ¿Qué haces escarbando entre las cosas de tu hermano?
Lynelle se sobresaltó. Llevó una mano sobre su pecho, del lado del corazón, mientras respiraba pesadamente.
— ¡Diablos, mamá! Me diste el susto de mi vida.
Aunque girarse y encontrarse con la expresión ensombrecida de su madre era algo que le provocó un susto mucho mayor que el de hacía un momento.
—Te hice una pregunta, Nellie.
—Sólo buscaba... algo... algo que se me perdió.
Lynelle trató de esconder el objeto que tomó de entre las cosas de Will. Caminó hacia la salida de la habitación de su hermano, la cual seguía intacta, como si Will nunca se hubiera marchado, y bordeando a su madre apresuró sus pasos hacia la puerta.
—Espero que no hagas algo estúpido, Lynelle, conoces las reglas.
—No estoy haciendo nada, mamá.
—Recuerda muy bien lo que pasó con William, no querrás que Delment te dé la espalda a ti también.
—Te juro que no me voy a meter en problemas—. Ya estaba metido en uno, pero eso su madre no tenía por qué saberlo—Me voy a Summer Hills.
—Trata de regresar antes de que oscurezca, sabes que no me gusta que andes por ahí de noche.
—No te preocupes, a mí tampoco me entusiasma la idea—se despidió de su madre y salió de la casa.
De alguna manera Lynelle le daba la razón a su madre. A ella también le producía escalofríos el ambiente lúgubre que tomaba Delment por las noches. La densa neblina que cubría las calles, mezclado con la ausencia casi absoluta de luna o las estrellas, era el escenario perfecto de cualquier película de terror al estilo de Stephen King.
Aunque lo que más inquietaba a Lynelle eran las extrañas apariciones que muchos decían presenciar en The Fall, el puente de casi cuatro kilómetros que unía Delment con el resto del mundo. No eran pocas las personas que afirmaban haber visto sombras deformes pasearse por las orillas del Mentis, que se divisaban al fondo del puente, o que aseguraban haberle dado un aventón a algún transeúnte, que después de atravesar el puente, desaparecía de forma misteriosa del auto.
Lynelle creía en todas y cada una de esas historias, incluso una vez creyó ver a su hermano caminando por el puente, con su vieja mochila al hombro, sin embargo, no había podido confirmarlo.
De todas las historias que rondaban a The Fall, la que más llamaba la atención de Lynelle, y lo que la motivó a desarrollar su pequeña investigación, fue que las descripciones que se daban de aquellas apariciones eran de solamente personas jóvenes. Delment estaba lleno de gente vieja, los jóvenes usualmente se iban y sus familias, como en el caso de su hermano, no volvían a saber de ellos; así que para Lynelle estaba más claro que el agua, que había una conexión entre las desapariciones y las apariciones.
Atravesó el centro de la ciudad y comenzó el largo recorrido de dos horas que la separaba de Summer Hills. Aún era temprano, llegaría a la ciudad vecina antes de las cuatro de la tarde y esperaba no tardar más que un par de horas o quizás menos. Tendría que cruzar el último tramo de la carretera luego de haber oscurecido, pero al menos estaría más cerca de llegar al pueblo.
Aceleró la marcha para intentar hacer el recorrido en menor tiempo. Sacó de su bolso el objeto que tomó de la habitación de su hermano, y aunque era algo imprudente, lo levantó en alto para mirarlo a contraluz. Sintió cierta fascinación por él desde que lo descubrió en el cuarto de su hermano, y por mucho tiempo lo había olvidado. No obstante, después de saber que Lena estaba en Delment, la idea de que ese objeto tenía algún significado volvió de nuevo a su cabeza y con más fuerza.
Precisamente Lena era una de las dos personas que se atrevió a desobedecer las normas de Delment, aunque lo que era verdaderamente inquietante para Lynelle era que Lena nunca padeció lo que su hermano, y otros jóvenes más, habían padecido a causa de su supuesta rebeldía.
Por ello comprendía a la perfección lo fascinado que estaba William con la chica, ya que a ella también le obsesionada Lena, de una forma menos retorcida que su hermano, pero era una obsesión en toda forma. A diferencia de su hermano, la obsesión de Lynelle no empezó por sentirse atraída hacia Lena, aunque no podía negar que tenía cierto atractivo. La obsesión de Lynelle comenzó con la llamada de su hermano luego de mucho tiempo sin saber de él.
Habían pasado dos años exactos desde que William se marchó de Delment. Nunca dijo a donde iría, tampoco llamó cuando llegó. Día tras día, mes tras mes, año tras año; Lynelle esperó por la llamada de su hermano, la cual no llegaría hasta después de dos años, justo el día siguiente de que Lena dejó Delment sin decir nada a nadie.
Los recuerdos de aquellos tiempos aún atormentaban a Lynelle.
Estacionó el auto en el parqueadero de la Biblioteca Central de Summer Hills; y apresuró sus pasos hasta la oficina de su amigo, Nate Moore.
Nate estaba perdidamente enamorado de Lynelle desde el primer año de universidad. Sin embargo, la obsesión de Lynelle por encontrar a su hermano, y el hecho de que Nate no era precisamente del tipo de Lynelle —una persona con pectorales y pene, en lugar de pechos y v****a— había hecho que el pobre chico quedará total y absolutamente relegado en la tan temida friendzone.
A pesar de ello, Nate no perdía las esperanzas y esa era la razón por la cual se aventuró en la absurda investigación que seguía Lynelle, acerca de Delment y por supuesto, del paradero de su hermano.
— ¿Qué hay, compañera?
—Esperaba que tú me lo dijeras.
Nate se rascó la cabeza y suspiró antes de responder: —La supuesta pista que te envió aquella mujer—, Nate negó— resultó ser falsa. Nadie sabe nada de un tal William Cooper que haya vivido en Delment, algunos siquiera han oído hablar de Delment.
—Qué loco, ¿no? —Respondió Lynelle aparentando que la noticia acerca de la pista no le hubiese afectado.
Dejó sobre la mesa lo que trajo consigo, junto con su bolso y llaves, y caminó hasta el pequeño refrigerador que tenía Nate en su oficina, sacando un refresco.
— ¿Recuerdas a la mujer de la que te hablé? — Preguntó sorbiendo un trago.
— ¿La mujer por la cual tu hermano se obsesionó?
La pregunta de Nate le molestó un poco pero no quiso mostrarlo.
—Regresó a Delment hace unos meses.
—Creí que habías dicho que se fue casi huyendo.
—Sí, así fue—. mencionó en tono distraído— Por eso me pareció algo extraño que regresara, aunque más extraño me resultó el hecho de que estuviera quedándose en la casa de Jared Johnson.
—Quién golpeó a tu hermano.
Lynelle enarcó la ceja y miró un poco molesta a Nate.
—No tienes por qué repetir todo eso, ya lo sé—. Dijo dando otro trago—Pero aún hay algo más extraño.
— ¿Algo más?
—Sí. El Reverendo Abraham Dawson la está rondando.
— ¿Y eso es raro porque...?
—Lena es atea... o agnóstica, ya no lo recuerdo. El punto es que nunca tuvieron una buena relación.
—Entiendo—. Nate asintió—Un momento, ¿cómo sabes que el reverendo la está rondando?
—Porque fui a verla— Lynelle le guiñó un ojo. —Su actitud fue muy extraña al verme ahí, incluso podría decir que me amenazó. Dijo que no volviera a verla.
—Lynelle...— dijo Nate en tono aprensivo.
— ¿Qué?
—Te conozco, ya debes tener todo un plan armado en esa loca cabeza tuya para buscar la forma de acercarte a ella y encontrar las respuestas a lo que sea que te estés preguntando.
— ¿Tiene algo de malo?
—Sí. Te vas a meter en problemas, y tú lo sabes.
—No, si no se dan cuenta.
Lynelle terminó su bebida de un solo trago y arrojó la lata al basurero con un leve golpe metálico. Luego sacó de su bolso el extraño fragmento que había mantenido oculto hasta ese momento. Lo sostuvo unos segundos entre los dedos, como si aún dudara de mostrarlo, y finalmente lo extendió hacia Nate.
—¿Esto es lo que creo que es? —preguntó él, entre la curiosidad y el recelo.
Lynelle asintió lentamente.
—Ten mucho cuidado con él. No sabemos exactamente qué es... pero tengo la sensación de que no es algo común.
Nate lo sostuvo con delicadeza, girándolo bajo la luz. Su superficie irregular reflejaba destellos apagados, como si la luz se replegara dentro del material en lugar de rebotar. Al mirarlo más de cerca, notó que estaba cubierto por finas marcas talladas a lo largo de los bordes, casi imperceptibles a simple vista. No eran rasguños ni fracturas, parecían símbolos, quizás inscripciones, pero en un idioma que no lograba identificar. Tenían una cadencia curva y repetitiva, como si pertenecieran a una lengua que ya no existía. Una sensación de antigüedad palpable emanaba de esas formas, como si el objeto no solo fuera extraño, sino también antiguo. Muy antiguo.
—Me estás asustando, Lyn.
—Deberías estarlo —respondió con tono serio—. Si esto proviene de Delment, entonces estamos hablando de algo verdaderamente jodido.
Una sonrisa traviesa se formó en el rostro de Lynelle al ver el rostro desencajado de Nate.
—¿De dónde lo sacaste?
—Te contaré eso después. Pero necesito que averigües todo lo que puedas. Tú sabes leer entre líneas, y eres el único que conozco que no está atrapado por sus archivos cerrados ni por su historia oficial. Si alguien puede rastrear el origen de ese fragmento, es un historiador... uno libre como tú.
—¿Puedo conservarlo un tiempo? Quisiera...
—No —añadió ella, extendiendo la mano para recuperarlo—. Aún no. Pronto tendrás la oportunidad, pero por ahora debo llevarlo conmigo.
Nate lo devolvió con cierta resistencia.
—Entonces déjame hacer una copia de esas marcas —dijo Nate, buscando papel y lápiz con urgencia—. Puedo empezar con eso.
Lynelle asintió, dándole nuevamente el fragmento a Nate. Mientras él dibujaba los símbolos, ella lo observaba en silencio.
Cuando Nate terminó, le devolvió el fragmento, y ella lo guardó cuidadosamente dentro de una bolsa de tela gruesa, que volvió a esconder en su bolso. Luego recogió sus llaves del auto con un movimiento ágil.
—¿Te vas tan pronto? —preguntó Nate—. Pensé que te quedarías un rato más.
Lynelle echó un vistazo al reloj de la pared.
—¿Ya viste qué hora es? Ni loca cruzaría The Fall después de que oscurezca.
Nate asintió con un suspiro.
—Está bien. Pero si algo más raro aparece, me llamas.
—Lo haré.
Lynelle le guiñó un ojo antes de girar hacia la puerta, dejando tras de sí un aire espeso de advertencia y secretos por desenterrar.
En verdad esperaba que Nate pudiera hallar el origen de aquel extraño objeto. Necesitaba comprender qué conexión tenía con la desaparición de su hermano porque estaba segura de que ese objeto era una pieza clave para descubrir el paradero de William. Aquel trozo de cristal y el regreso de Lena Walsh no podían ser una mera coincidencia.
La carretera siempre parecía hacerse más corta cuando de volver a Delment se trataba. Era algo verdaderamente extraño y todo el que viajaba entre Summer Hills y Delment, lo notaba. Lynelle no se percató de cuanta carretera recorrió, hasta que se encontró a sí misma atravesando The Fall a toda velocidad.
La noche apenas comenzaba a caer sin embargo ya todo se veía oscuro y sombrío al finalizar el puente. Lynelle encendió las luces del auto antes de atravesar el último kilómetro. Estaba pronta a salir de The Fall cuando algo se atravesó en su camino.
Por más que intentó esquivarlo no pudo. El fuerte golpe logró desestabilizar el auto, haciendo que Lynelle perdiera el control de este y fuera a chocar de frente contra un árbol.