Deseos prohibidos Verónica Cabalgando de nuevo hacia la mansión, tras un día hermoso en el prado junto a Charles, sentí una paz y felicidad que nunca antes había experimentado desde mi matrimonio. Intuía que él sería mi salvación. Su porte elegante me hacía imaginar un futuro juntos, formando nuestra propia familia. Sin embargo, mi corazón se encogió al recordar que eso nunca podría suceder. Una lágrima traicionera escapó al enfrentar mi tormentosa realidad. Continuamos cabalgando en silencio hasta que Charles detuvo su caballo. Siguiendo su mirada, vi la tumba de mi nana. Descendí de Hechicera y caminé hacia allí, sintiendo que Charles me seguía. Al llegar, acaricié la cruz de madera y hablé con un nudo en la garganta. —Aquí yace mi nana —señalé sin apartar la mirada de la cruz—. Ella

