Riesgos ocultos: La química de la atracción El alba se desplegó como un lienzo de promesas, teñido de tonos dorados y azules. La brisa, suave y juguetona, acariciaba las hojas de los árboles, susurrando secretos al oído de la naturaleza. Las aves, en su sinfonía matutina, entonaban melodías que parecían tejidas con hilos de esperanza. Verónica, contagiada por la maravillosa atmósfera, se levantó de la cama y se dirigió a la terraza. Su bata roja de dormir ondeaba como una bandera de alegría. Pero lo que realmente iluminaba su rostro era la sonrisa que bailaba en sus labios. Charles William Salvador, el hijo de su esposo, era el motivo de su emoción. Después del desayuno, tendrían un paseo juntos. Apoyada en la barandilla, cerró los ojos. El viento acarició su piel, llevándose consigo cu

