01. Cool en dos segundos

2061 Palabras
   Rowan tomó asiento en uno de los puestos vacíos del aula, suspirando con pesadez mientras cruzaba sus brazos sobre la mesa y recostaba su cabeza en ellos. Sus labios se fruncieron en un ligero puchero. Por una parte, era injusto que solo él estuviera en detención luego de terminar las clases, pero por otro lado, era terriblemente justo si consideraba el hecho de que Marcus había sido quien había terminado con la nariz rota y rodando por las escaleras metido dentro de ese contenedor de basura. Una pequeña risa se le escapó ante el recuerdo y, aprovechando que la profesora a cargo aún estaba recibiendo al resto de castigados en la puerta del aula, sacó su teléfono celular del bolsillo de su abrigo para abrir el chat de su mejor amigo y preguntarle cómo iba con su nariz. Es decir, él realmente lo iba a hacer, pero aquella inconfundible y dulce voz que lograba que su respiración se atascara y sus manos se sintieran repentinamente sudorosas, irrumpió en el ambiente del salón, haciéndolo sentarse bien sobre la silla, abriendo un poco sus piernas y apoyando uno de los codos sobre la mesa, sosteniendo su rostro con una de sus manos en una posición desinteresada y cool. Tan cool como a su atrofiado cerebro se le ocurrió en dos segundos. Mantuvo su vista fija en el tablero del aula con una expresión imperturbable mientras que por el rabillo del ojo observaba a aquel majestuoso ser celestial adentrarse en el aula, totalmente inconsciente de lo hermoso que se veía usando ese suéter color violeta bajo el abrigo color marrón claro y los jeans rasgados. Por el santo Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, Rowan se sentía tan gay con tan solo echarle un vistazo por el rabillo del ojo. El corazón se le subió a la garganta cuando el pelinegro tomó asiento junto a él y le echó una ligera mirada sin disimulo. Rowan se concentró en mantener su respiración calmada, evitando mover algún músculo de su rostro para ocultar lo nervioso que se estaba sintiendo bajo el escrutinio del contrario. Trató de pensar en cualquier otra cosa, intentando mostrarse sereno, pero cuando el contrario no pareció remover su mirada ni durante un segundo, reunió todo el valor que su cobarde trasero tenía y giró su rostro hacia el pelinegro, enarcando ambas cejas en una pregunta silenciosa. Rowan gritó internamente cuando Holden se sobresaltó un poco sobre su asiento, parpadeando un par de veces con sus sus rizadas y espesas pestañas agitándose repetidas, haciéndolo tragar saliva tan discretamente como pudo. Eran fácilmente los ojitos más lindos y atrayentes que había presenciado en su corta pero miserable vida. El castaño quería decir algo, en serio quería, pero con tan solo mirarlo ya sentía sus extremidades como gelatina y no quería ponerse a sí mismo en ridículo frente a la persona más extremadamente hermosa sobre la faz de la Tierra. Rowan se relamió los labios, decidiendo apartar la mirada por el propio bien de su salud mental y física, aunque Holden siguiera observándolo. Se dedicó a trazar patrones invisibles sobre la superficie de la mesa, decidiendo dar por terminada su primera interacción directa con Holden, porque ciertamente sentía miedo de que el corazón se le saliera del pecho en cualquier momento y lo delatara en su plena actuación cool y desinteresada, la cual pensaba que había resultado tan exitosa. Pero Holden no pareció dejarla, ya que su mirada seguía puesta sobre él aunque Rowan estuviera fingiendo ignorarlo.  Finalmente, ya cansado de sentirse tan nervioso y de que las palmas de las manos le sudaran, llevó su vista de vuelta al pelinegro e inquirió: "¿Necesitas algo?" Oh, por el santo Vincent Willem van Gogh, él le acababa de dirigir la palabra. Él acaba de malditamente hablarle a su amor supremo e imposible. Lo mejor es que no tartamudeó ni se escuchó como un pobre imbécil. Él realmente le habló de manera común, como si se tratara de cualquier otra persona. Rowan era un hombre orgulloso de sí mismo en ese momento. "Umm..." Holden ahora mantenía los bonitos rasgos de su rostro relajados, hasta algo curiosos "No, es solo que estaba tratando de averiguar si eras uno del dúo de idiotas que estaban rodando por el pasillo dentro del contenedor de basura" comentó y, otra vez, su mirada se paseó sobre el rostro de Rowan, haciéndolo sentirse nervioso y apenado, hasta que añadió: "No pareces tan tonto como en realidad eres". Rowan casi se atragantó con su propia saliva, no pudiendo ocultar la sorpresa en su rostro ante el demasiado sincero comentario. Bueno, su ego de hombre blanco casi heterosexual se sintió un poco golpeado. "Todavía soy joven, se me permite hacer idioteces e ir a detención por ellas" se defendió, intentando ocultar el ligero sonrojo de vergüenza en sus mejillas bajo una falsa expresión de indignación. Ignoró la decepción creciente en su pecho cuando Holden finalmente retiró la mirada de él, sentándose correctamente sobre su asiento y mirando hacia el frente. Quizá la decepción en su pecho descendió un poco cuando pudo admirar su perfil demasiado simétrico para su propia estabilidad heterosexual. "Supongo" respondió Holden con un bajo suspiro. Rowan frunció el ceño, sintiendo la derrota aplastarlo. ¿Qué clase de primera charla había sido esa? Pero sobre todo, ¿qué clase de primera impresión le había dado a su amor supremo e imposible mandando por las escaleras a su mejor amigo metido en un contenedor de basura? Vacío, obvio, sus neuronas a veces daban señales de vida. La docente a cargo finalmente se adentró en el aula y cerró la puerta, caminando hasta el escritorio y tomando una caja de cartón para, posteriormente, dirigir su mirada hacia los diez u once estudiantes presentes. "Sus teléfonos aquí" señaló la caja, tomando asiento en su lugar mientras todos se levantaban para obedecer "De aquí hasta las próximas dos horas está totalmente prohibido que hablen o interactúen entre ustedes de cualquier manera, el que desobedezca, estará aquí mañana también". Rowan soltó un un bajo bufido, levantándose para depositar su teléfono en la caja y prepararse mentalmente para la tarde más aburrida que tendría en semanas. ════ ∘◦❁◦∘ ════   Rowan suspiró con pesar, maldiciendo internamente cuando observó el coche de Marcus estacionado hasta el otro lado de la acera, calculando que tendría que correr al menos unos diez segundos bajo la torrencial lluvia hasta llegar a él. "¿No trajiste un paraguas?" Rowan saltó sobre su lugar, girándose de inmediato hacia Holden, quien, literalmente, había aparecido a su lado de la nada; la mitad de su rostro estaba escondido bajo una bufanda color azul, lo cual logró que la estabilidad mental de Rowan flaqueara un poco al observar el contraste de colores entre sus ojos y la prenda. Sacudió la cabeza, entrando en razón de nuevo, ya que se había quedado pasmado observando el rostro del chico durante unos segundos. Simplemente asintió en respuesta, haciendo que Holden abriera el paraguas que traía consigo e inclinara la cabeza en dirección al auto, indicándole que caminara a su lado. Rowan se tropezó un poco con sus pies, intentando disimularlo lo mejor que pudo mientras fingía acomodarse el abrigo que traía puesto. Holden era tan solo unos tres o cinco centímetros más bajo que él, por lo que no fue incómodo caminar a su lado bajo el paraguas. De hecho, el castaño se encontró a sí mismo deseando que el recorrido hubiera sido un poco más largo, porque sus ojos se estaban deleitando ante el paisaje que era ver al muchacho pelinegro caminar con el sonido de la lluvia de fondo y su nariz estaba contenta al recibir aquel suave y agradable aroma ajeno a frutos rojos. Cuando finalmente llegaron hasta el auto de Marcus, Rowan se giró hacia el más bajo y le regaló un leve asentimiento, siempre procurando guardar su apariencia cool y desinteresada. "Gracias" dijo, empezando a preguntarse si debería ofrecer que Marcus lo llevara hasta su casa. Por educación, claro. Rowan era un muchacho educado, su mamá lo había criado bien. No era porque quería tenerlo cerca más tiempo, obvio no. Solo quería ser educado.  Estaba abriendo su boca para preguntar pero entonces Holden se despidió con un bajo "hasta luego" y se dio media vuelta, empezando a alejarse. Se quedó de pie junto al auto con las gotas de lluvia empezando a mojar su ropa anteriormente seca, observando al pelinegro alejarse y alejarse cada vez más. Podría haber sido una escena digna de una película romántica, pero se sobresaltó, otra vez, cuando Marcus hizo sonar el claxon de su auto. Rowan volvió en sí, abriendo rápidamente la puerta del copiloto para meterse en el auto y evitar que la lluvia lo empapara por completo. Una vez dentro, observó a su mejor amigo con el ceño fruncido y le dio un golpe en el hombro. "¿Quieres matarme de un susto?" "La nariz que me rompí en la mañana, por tu culpa, está bien, gracias por preguntar, pedazo de diarrea" respondió el contrario, sus ojos marrones lo fulminaron "Ponte el cinturón o no aguantaré mis ganas de estrellarnos contra un árbol para que salgas volando por la ventana". Rowan guardó silencio un momento, observando el perfil molesto de su mejor amigo y la bandita que cubría el centro del puente de su nariz. No pasaron ni dos segundos cuando Rowan ya se había lanzando sobre él, abrazándolo para inmovilizar sus dos brazos y evitar futuros golpes, su propia nariz rota o futuros golpes y su propia nariz rota. "Ow, lo siento mucho, CusCus" dijo, repartiendo varios besos sobre su rostro mientras que Marcus se removía como gusano en sal para intentar sacárselo de encima. Pero Rowan era fuerte, así que una vez que sus abrazos de oso empezaban, difícilmente Marcus podía conseguir que terminaran. "Suéltame, cara de pene, o juro que te arrancaré los brazos y te los meteré por el ano" amenazó Marcus pero Rowan solo soltó una carcajada, depositando un último beso en su oído—para dejárselo sonando—antes de apartarse y cubrirse con ambos brazos. "¿Por qué nunca te gustan mis muestras de cariño?" preguntó, bajando la guardia una vez que vio que Marcus, quien estaba demasiado ocupado limpiándose sus besos del rostro, no lo usaría como su saco de boxeo "Siempre eres tan tosco". "Se llama estar consciente del espacio personal de otros" Marcus emprendió camino, todavía con una mueca de asco "¿Quién era el chico del paraguas?" inquirió luego de tomar la primera curva a la derecha. Rowan apretó un poquito el ano en su puesto, observando desinteresadamente la lluvia a través de la ventana e intentando lucir tranquilo ante el obvio ataque de nervios que lo invadía cada vez que cierto ser humano era nombrado. "¿Huh?" su garganta emitió un ruido estrangulado, así que se acomodó rápidamente sobre el asiento y se aclaró la garganta "¿Quién?" Marcus le dio una mirada de reojo. "¿Qué fue ese ruido?" "Creo que me estoy enfermando de la garganta" mintió rápidamente, tosiendo un par de veces para hacerlo más creíble. Aun así, Marcus no pareció confiar. "¿Quién era el chico del paraguas? Al que te quedaste viendo como un cachorrito abandonado bajo la lluvia cuando se fue". Rowan era un idiota, en serio, él honestamente creía que nació con algún problema en su intelecto porque muchas veces cometía estupideces estratosféricas. Como esa vez a los quince años cuando se pegó la mano a sí mismo a la cabecera de su cama con súper-súper cola para no tener que ir a la escuela. Su mamá terminó llamando a la ambulancia y Rowan experimentó la humillación pública por primera vez cuando los paramédicos habían tenido que aplicarle un grupo de mezclas raras para poder despegarle la mano de la cama. También lo habían enviado al psicólogo por preocupación de que algo andara mal con su sentido de la razón, pero al parecer todo iba bastante normal. En lo personal, él no creía que andara tan normal. Afortunadamente, porque Jesucristo bajó de las nubes grises y lo vio a los ojos, pudo responder con una frase coherente y una mentira bien estructurada. "Es nuevo, acaba de empezar su carrera y conversamos un rato durante el castigo. Su nombre es Holden". "¿Tú? ¿Conversando con alguien nuevo? ¿Haciendo amistades por tu propia cuenta?" su amigo se cubrió la boca con ambas manos, exagerando una reacción sorprendida. Rowan lo miró mal. "No soy una mariposa sociable, pero puedo hacer amigos por mi propia cuenta"respondió, cruzando los brazos sobre su pecho. Marcus arqueó ambas cejas, sin despegar la vista del camino, y susurró un bajo 'si tú lo dices...' Se había burlado de su capacidad social pero al menos no había seguido preguntando por su amor supremo e imposible. Larga vida a sus dos únicas—y mentirosas—neuronas, amén.
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