Adrián se removió en su asiento, refunfuñando para sus adentros. No entendía por qué Isabella no se despertaba. Ya habían llegado a su destino y él estaba ansioso por enseñarle la gran granja familiar. Aunque le costaba admitirlo, deseaba con fervor mostrarle cada rincón del lugar. Pero allí estaba ella, profundamente dormida. La sacudió suavemente una vez más. —¡Despierta, mujer!— exclamó finalmente, con una pizca de rabia. Isabella hizo una mueca y, de repente, abrió los ojos. —¿Dónde está el baño?— preguntó con urgencia. Adrián, por reflejo, señaló el baño del dormitorio sin captar del todo la situación. Isabella corrió hacia allí con una mano cubriéndose la boca. Adrián se acercó a la puerta y, al intentar abrirla, descubrió que estaba cerrada. —Maldita bruja— murmuró mientras s

