Isabella no quería esperar más. Levantó la mano, pulsó el timbre y, tal vez sin darse cuenta, comenzó a dar pisotones en el suelo con un pie. Como si no le doliera. Cuando se abrió la puerta, esperaba ver a un criado, no a Amanda. Desde luego, Amanda no esperaba verla. La anciana se sorprendió aún más al verla de pie e ilesa. La única prueba de sus heridas era la venda que llevaba en la cabeza. Amanda se recompuso y arqueó una ceja, como de costumbre. Isabella no iba a esperar a que hablara. —Quiero hablar —dijo, creyendo que sería breve y concisa. No podía retorcerse como una novia ante su suegra con una mala relación. Amanda arqueó una ceja un poco más de lo habitual ante su franqueza. Sus ojos descendieron hacia el estómago de Isabella. Sí... Isabella estaba obviamente embaraz

