Cuando Isabella se incorporó un poco, Adrián ya había entrado. Ver a Isabella lo tomó desprevenido; no estaba preparado para descargar su ira. ¿Cuánto echaba de menos a Isabella? Ahora, la forma en que la miraba con sus ojos verdes, desconcertado, mientras los cafés frente a él se enfriaban, era como si algo dentro de él creciera y lo golpeara con más fuerza. "Tú eres la causa de estos sentimientos...", pensó. A Isabella no le gustaba ser sorprendida de esa manera, con el cabello revuelto de estar tumbada, la mirada directa y, lo más importante, con aquel gel que detestaba sobre su prominente vientre. Fue ella quien rompió el silencio, buscando con las manos los pañuelos que solía llevar consigo. —¿Adrián? Ella también estaba sorprendida. No esperaba verlo en absoluto, y su nombre

