Solamente te amo

1196 Palabras

Al llegar a la recepción, Adrián colocó una mano firme en la espalda de Isabella, acercándola posesivamente a él. Era un gesto claro: no iba a dejarla escapar. La recepcionista se acercó con una sonrisa. —Bienvenido, señor. Adrián, sin devolver el gesto, respondió con frialdad. —¿Puedes darme mi tarjeta? La chica, aún sonriendo amablemente, desapareció un instante y regresó con la tarjeta. —Buenas noches, Señor Adrián. Adrián inclinó ligeramente la cabeza y comenzó a caminar hacia el ascensor, llevándose a Isabella con él. Cuando llegaron, Isabella se detuvo. La mano de Adrián seguía en su espalda, tan cerca que podía sentir el calor de su piel a través de la ropa. Adrián presionó el botón y las puertas del ascensor se cerraron. Isabella no pudo más. Tenía que hablar. —¿A dónd

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