Isabella se cubrió el rostro con las manos, sollozando sin poder contenerse. En el centro de la habitación se produjo un silencio denso. Adrián, congelado, levantó las cejas, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Un nuevo sollozo de Isabella lo sacó de su asombro. —¿Qué has dicho? —preguntó él, frunciendo el ceño. Isabella desvió la mirada. Aunque intentaba contenerse, las lágrimas seguían fluyendo y le impedían hablar. No podía pronunciar palabra. —¡Ya lo has oído! —gritó ella, sin apenas respirar. Adrián arqueó las cejas con inocencia. Su corazón pareció dar un vuelco. Isabella lo había dicho. “Te amo” ¿Era eso lo que realmente había escuchado? —¿Me amas? —susurró él, apenas audible. Isabella bajó la cabeza, sintiendo que quizás había cometido un error. Pero no podía

