Mi cuerpo está en una especie de adormecimiento placentero. Luego de nuestro intenso momento en la tina, terminamos duchándonos juntos, y dándonos más amor. Mi primera vez bajo la regadera, y no fue nada mal. Ahora, me encuentro acostada en la cama bastante abrigada debido al frío que se cuela por las paredes de la casa, esperando a ser consentida por mi esposo con un delicioso chocolate caliente. Pienso en lo estimulante que ha sido nuestro día, y me sonrojo. Hemos tenido un día bastante pasional, y eso me gusta. Me prometí no negarme a nada con él, y eso es lo que estoy haciendo. Todo con tal de causarle mucha felicidad. Llevo mi vista a la puerta en cuanto la oigo abrirse. Me siento cómoda en la cama, al verlo entrar con una bandeja en sus manos. —Espero que no te hayas dormido.

